lunes, mayo 29, 2006

 

Recapitulación y datos prácticos sobre Egipto

Se puede hacer un viaje a Egipto de ocho días desde 450 a 2.000 y pico euros, según te incluya visitas y comidas, la época del año y dependiendo de la categoría de motonave y hotel en El Cairo.

El visado sale por 13€ o 15$, a pagar en el aeropuerto de entrada, o 25€ en la embajada de Egipto en Madrid.

Las entradas a los sitios se han duplicado en los últimos años, aunque se mantiene la entrada de estudiante en la mayoría de los sitios, y se sitúan entre las 20 y 50 LE (una libra egipcia está alrededor de 6,8-7 LE/€) en la mayoría de los sitios. Salvo que seas de los que gustan de llevarlo todo atado para no tener que preocuparte en destino, lo mejor es organizarlas localmente e ir a tu aire, más barato y más libertad sobre qué ves y cuanto tiempo estás en cada sitio, aunque hay que contar con que muchos sitios cierran a las cuatro en invierno/primavera:
  • Abu Simbel: 55 LE
  • Obelisco inacabado: 20 LE
  • Kom Ombo: 20 LE
  • Edfú: 35 LE
  • Luxor: 35 LE
  • Karnak: 40 LE
  • Valle de los Reyes con derecho a entrar en tres tumbas (excluida Tutankamón): 55 LE
  • Deir el Bahari: 20 LE
  • Medinet Habu: 20 LE
  • Pirámides de Giza: 40 LE
  • Museo Egipcio del Cairo: 40 LE
  • Sala de momias del Museo Egipcio: 70 LE
  • Ciudadela de Saladino: 35 LE
  • Pirámide y mastabas de Saqqara: 35 LE
  • Tumbas nuevas de Saqqara: 20 LE
  • Pirámides de Dashur: 20 LE

Los taxis son la mejor forma de moverse en Egipto, pero hay que regatear el precio de antemano. Y no hay que pagar hasta que no se haya terminado el trayecto acordado para evitar a los caraduras que nos dejen tirados. Se calcula tanto por distancia como por tiempo y si se cogen en los hoteles salen más caros, pero a cambio chapurrean idiomas, principalmente inglés. Desde el hotel Zoser hasta el centro el viaje salía por unas 20 LE, 45-50 si era ida y vuelta y esperaba una hora a que dieses una vuelta por el sitio turístico de turno. Los trayectos dentro del centro están en unas 10 LE, y el que te llevasen a Saqqara y Dashur, esperasen a que terminases la visita y te devolviesen al hotel, por unas 150 LE.

En cuanto a las propinas, pedirán euros y des lo que des te llamarán tacaños, Alí Babá o cualquier otro sinónimo que se hayan aprendido. Pero con un par de libras vale. Y a los niños es casi mejor darles caramelos sin azúcar o bolis de los que hacen click que euros, porque cada vez se dan más casos de padres que dejan de trabajar porque sus niños ganan más que ellos y les da para vivir con eso. Al menos mientras los niños tienen menos de diez años.

Hay que tener en cuenta que el PIB per cápita en 2004 fue de 1045$ (4.200$ teniendo en cuenta la paridad del poder adquisitivo).

Las compras en Jan el Jalili y los mercadillos se hacen regateando, y como no se sabe el precio orientativo, es muy fácil que no lleguen a bajar ni el 50%, aunque hay casos en que llegan a pedir 10 veces lo que vale (por ejemplo, 35€ por una jarra que en el barco cuesta 3€). En los supermercados y centros comerciales en que el precio está marcado no suele regatearse.

Y lo mejor es dejar todas estas compras para El Cairo, una vez que ya sepamos lo que valen más o menos las cosas, o comprarlas en los mercadillos regateando hasta el último euro, porque lo primero que piden es euros. De todas formas, los papiros hay que comprarlos con certificado de garantía del gobierno, pues su fabricación es monopolio del Estado, y las shishas (pipas de agua) es mejor dejarlas para el final para evitar que se rompan. También es típico comprar galabiyas, pañuelos y chales, pulseras y escarabajos, joyería, alfombras, productos de algodón si se saben diferenciar bien de los tejidos sintéticos, figuritas inspiradas en el antiguo Egipto, alabastro, especias, etc.

Si se habla inglés, las mejores guías son la Rough Guide, muy buenas las explicaciones de los monumentos, y la Foot Print, aunque andan escasas en el apartado de alojamiento. Al menos al compararlas con la que utilizamos para Vietnam y Camboya. La Lonely Planet también es decente, y tiene versión en español.

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viernes, mayo 12, 2006

 

Regreso a España, 10 de marzo de 2006

En el aeropuerto, me presentan a la pareja de marroquíes que viajan con nosotros, y andan también bastante fastidiados con los regateos y los abusos a la hora de comprar que se dan en Egipto. Dicen que en Tetuán el regateo puede ser de hasta un 25-30% del precio, y no de hasta el 90% de aquí. A saber si allí es igual con los turistas.

Eso sí, al hablar árabe, en los museos han pagado precio de local (la décima parte que el de estudiante), lo mismo que en restaurantes, pues las cartas son distintas. Aunque los que han salido de los sitios turísticos también han tenido precio local, o al menos de expatriado (70 LE la comida, creo que para dos o tres personas).

Recapitulación y datos prácticos sobre Egipto

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sábado, abril 29, 2006

 

Saqqara y Dahshur, Egipto, 9 de marzo de 2006

Al final Pablo se cogió la tarde libre para llevarme a Saqqara y Dahshur. Pero primero tengo que llegar a Maadi y el taxista se empeña en más dinero del que quiero pagarle, así que utilizo la técnica de los japoneses de ayer y de camino me dice que si a las 20 LE.

Al final me pregunta si se exactamente como llegar al sitio, porque él sólo sabe llevar a los sitios turísticos , y teníamos que ir parando cada rato para preguntar hasta llegar a la rotonda que conozco. Y como no ví la entrada al garaje, pasé de largo la casa y tuve que dar la vuelta a la manzana. Me alegro mucho de llevar el forro polar y los pantalones largos, porque hace frío.

Pirámides de DahshurLo primero que hacemos es ir a Dahshur, que es la que está más lejos. En la zona de la pirámide roja de Snefru (los egipcios pronuncian Eseneferu o similar porque incluyen siempre una vocal entre dos consonantes, o esa es la explicación que me dieron...) hay un autobús de franceses yéndose y, justo al llegar a la entrada de la pirámide y comenzar a bajar, sale un grupo de japoneses. En parte me viene bien que estén subiendo, porque comienzo a agobiarme con el calor húmedo del túnel.

A lo largo del túnel hay un tubo que supongo que mete aire limpio en la tumba con un compresor, aunque fuera no he oído ruido. Luego veré que no hay tal compresor, pero sí unas botellas que no se si son de aire comprimido o de oxígeno.

En fin, que la bajada es una rampa de madera con listones para evitar que bajes en plan tobogán hasta abajo. Lo cual no sería tan mala idea si luego no hubiese que salir, porque parecemos alcayatas ¿Bajarían así o a gatas cuando metieron la momia?

Según se va bajando el aire se va enrareciendo y es cada vez más húmedo y cálido, casi viscoso. Menos mal que enseguida se llega a una gran cámara de techo muy elevado, enorme, que tiene toda la pinta de ser una cámara de descarga. De aquí sale otro túnel, este más corto, que llega a otra cámara idéntica a la primera, salvo por el detalle de la escalera que sube hacia lo que parece otra galería. Subo la escalera y empiezo a agobiarme.

Cruzo la galería, que también es cortita, y llego por fin al sancta sanctorum de la pirámide: otra cámara de altos techos y una zona llena de escombros que debe ser el lugar en que reposaban los sarcófagos de Snefru.

La falta de aire empieza a ser notable y me noto mareada. Mi cabeza empieza a jugarme malas pasadas, amenazando con un ataque de pánico al imaginar que me daba un yuyu y nadie me encontraba hasta pasado un buen rato, y es que Pablo está descansando en el coche y yo estoy sola dentro de la pirámide. La subida, viendo la luz, se me hace más corta.

Aquí no sólo piden propinas los de la entrada de la puerta, sino los polis que vigilan que a los turistas no les pase nada.

La otra pirámide de Dahsur es la pirámide romboidal, o torcida, que mantiene gran parte del recubrimiento exterior de caliza, bien lisa y mucho más resistente que la arenisca. De todas formas, hay piedras que se ve que se han roto recientemente, por la diferencia de color. Del resto del complejo quedan unos restos de enlosado de un templo cercano y restos de una edificación adosada, más una pirámide medio derruida.

Vuelvo a despertar a Pablo y partimos hacia Saqqara. Justo a la entrada del complejo recogemos a unas alemanas a las que su taxi ha abandonado después de haberle pagado la mitad del viaje.

Pirámides de SaqqaraVisito las tumbas de los artesanos con el guía-guardián, que por supuesto exige su bakshish (propina) y se la doy. En una de las tumbas interrumpimos el trabajo de un arqueólogo para poder acceder a las pinturas y me enseña a la vaca pariendo y la nodriza amamantando. La segunda tumba es un poco más grande, aunque la luz artificial que le han puesto tampoco ilumina mucho.

A pesar de no llevar cámara a la vista, el tío me pregunta si quiero sacar fotos.

Deallí me acerco a la pirámide de Unas, que también está cayéndose a cachos, y paso varios restos de edificios y templos. Al reciento de la pirámide escalonada accedo por un trozo de verja abierto. Salgo casi por donde he entrado, porque estaba cansada para acercarme a los restos más cercanos a la pirámide. Hacemos una perdida a las alemanas para ir a la mastaba de Ti.

Por el camino paramos en la mastaba de Ptah-Hotep, que tiene un mural con fondo azul impresionante. Hacen un par de fotos aquí porque el guía no pone problemas. Además, como una de las alemanas habla algo de árabe, la propina no es de turista, sino de expatriado (como con los taxis, a los turistas les piden más, a ser posible euros).

Pasamos de largo el desvío al a tumba de Mereruka, que es donde paran los autobuses. En la de Ti nos meten prisa porque quieran cerrar pronto y sólo estamos nosotras.

Primero bajamos a ver el sarcófago y luego pasamos al resto del edificio y a las pinturas. Hay una estatua de Ti que se ve a través de un agujero en el muro, y varias salas con pinturas de ofrendas. Aquí el guía parece más serio, pues al principio no quiere dejar hacer fotos, pero cede cuando ve que no hay flash.

Al salir nos meten más prisa para que vayamos al coche.

Lo que no se, como no sea que no hay sitio para aparcar autobuses, es el motivo por el que nadie que no vaya con una guía y por su cuenta visita la mastaba.

Al llegar a Maadi las alemanas nos invitan a un café, que está buenísimo, y nos tiramos casi una hora hablando de la vida en El Cairo para los extranjeros. Una de ellas ha venido con una organización misionera y la otra está con un contrato egipcio, por lo que únicamente libra un día a la semana.

Después descansamos otro rato en casa de Pablo, hasta que viene el chico de la farmacia con el medicamento (aquí se reparte de todo a domicilio) y nos vamos a casa de un amigo que acaba de volver de un viaje a la Patagonia y el Iguazú. Hay un rato, viendo las fotos, en que si no cambiamos de idioma al menos cinco o seis veces, no cambiamos ninguna. Tiene liliums en un jarrón y la casa huele fenomenal con su perfume.

A la salida para traerme al hotel nos encontramos con otro compañero de trabajo y seguimos hablando un rato en la calle. La verdad es que la temperatura ha mejorado mucho.

Acabo de ver un anuncio de Pringles, y aunque la estética es diferente, la frase final suena similar al “Cuando haces pop, ya no hay stop”. Y hace un rato había una serie de dibujos que era como Oliver y Benji, pero en egipcio y con los fondos aún más básicos y eso es difícil. Eso sí, las caras están un poco más trabajadas.

He cambiado a la primera y, al principio, en vez de español te suena a árabe. Maas o menos hasta que te das cuenta de que comprendes las palabras.

Y mañana, a las seis, al aeropuerto.

Día 10

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sábado, abril 15, 2006

 

El Cairo, Egipto, 8 de marzo de 2006

Hoy me toca ir a mí sola. Julián ha cambiado de planes y decide quedarse a dormir hasta tarde en el hotel. Como ya llevo sabido el precio del taxi por lo de anoche, no tengo problemas para obtenerlo del del hotel rápidamente. Pero en realidad el taxi va compartido con dos japoneses que casi no hablan inglés y que sólo iban hasta el metro más cercano. Lo cual es una timada porque el intermediario ha fijado con ellos el mismo precio por el que a mí que me lleva al centro. Entre el taxista, que se llama Donia, y yo, les explicamos lo que les ofrece el taxista: llevarlos hasta el barrio copto, que es adonde van, esperarlos y traerlos de vuelta al hotel por un precio final de 45 LE, lo cual me parece bastante más justo que el trato inicial. Pero costó, porque vienen avisados contra los timos. En el precio también ayudó que saliésemos un poco más tarde que el turista normal que intenta aprovechar el tiempo al máximo.

Total, que me dejan a la puerta del museo egipcio, ahora que sabe que ese es mi destino final y no Midan Tahrir (Midan significa plaza), y comienzo a aprovechar las ventajas del carnet de la universidad. A fin de cuentas, es cierto que sigo estudiando, je, je.

Subo, suelto más pelas para ver las momias de varios faraones: una de las cuales se conserva perfectamente, tal cual debieron depositarla en su sarcófago; otra está envuelta en el sudario original, pero sin la máscara; y el resto está en diferentes estados de destrozo, dando varios grados de pena según los cuerpos, vendajes y sudarios estén más o menos colocados y más o menos enteros.

Viendo que la galería de Tutankhamón está llena de gente, hago un recorrido hasta allá con toda la tranquilidad del mundo. Recorro primero el lado izquierdo porque el derecho parece tener más gente, y veo prácticamente sola todos los sarcófagos, figuritas (los barcos son una maravilla, especialmente la pareja que está pescando y tienen una red extendida para capturarlos), pero en el caos de la entrada no logro encontrar la paleta de Narmer. ¿Estará en la exposición de Madrid?

En la zona de mobiliario veo a varias chicas pintando con sus pañuelos a la cabeza.

La zona de Tutankhamón sigue llena de gente. Los collares y pextorales y brazaletes impresionan por el detalle y finura del trabajo, en el que se distinguen perfectamente las plumas de los buitres.

Los santuarios de madera sobredorada aturden más al pensar en el espacio que debió quedar entre unas paredes y otras. Supongo que primero metieron el sarcófago sobre los suelos de todos y luego fueron ensamblándolos.

El museo está lleno de chicas dibujando distintas piezas expuestas. Deben de ser estudiantes de Bellas Artes.

La mochila empieza a pesar.

En el ala derecha de esta planta me ha llamado mucho la atención las momias de Al Fayún, todas con sus retratos al óleo, con un estilo y perfección que únicamente volvería a alcanzarse mil y pico años después.

Los papiros en aquella época debían recolectarse mayores que ahora, porque las tiras tienen de 2 a 2,5 cm de ancho. Y los libros expuestos abarcan varios estadíos distintos de escritura, incluyendo una muy esquemática en sus jeroglíficos, similares a los que vimos en la tumba de Tutmosis III en el Valle de los Reyes.

Al llegar a la zona de Tutankhamón de nuevo, me encuentro con el grupo en su visita. Estamos haciendo el recorrido en sentido contrario. Creo que el guía está algo incómodo al verme por allí.

El resto de esta ala contiene más triclinios, armas y estatuas de Tutankhamón.

Al bajar a la planta baja coincido con los de Albacete, que no van a ver las momias. Tras un rato de cháchara prosigo el recorrido por la zona acondicionada por las misiones americanas. Está fenomenalmente iluminada y los objetos lucen más.

Hay una tríada preciosa en algo que parece basalto y mas objetos del Valle de los Reyes.

En la siguiente sala hay estelas funerarias de todos los tipos y colores, de las que al menos dos vienen con tres escrituras, como la de Rosetta, pero mejor conservadas y más grandes. Y aquí no las tienen destacadas. Comienzan a pararme niños y niñas curiosos, algunos sabiendo inglés, otros chapurreando las tres frases típicas (How are you?, What's your name?, Where are you from?, a las que a veces se suma el Do you like Egypt?), y otros que sólo saben árabe y apenas podemos comunicarnos. Incluso algunas niñas vencen su timidez para pedirte que te hagas una foto con ellas (con el móvil). Los niños jamás tienen ese problema e incluso alguno de los que apenas habla inglés te pide el email y/o el móvil. Esto y las fotos con nosotros supongo que serán como un trofeo de caza, pero con la de turistas que tienen, no termino de entender tanta curiosidad.

Al ir a coger el metro me desoriento y un señor muy majo me acompaña, se pasa del sitio al que iba, baja conmigo a la estación y me explica dónde comprar el billete, en que dirección ir y lo que cuesta.

Espero en la zona de mujeres. Cuando alguna se encuentra con conocidas, se dan cuatro besos.

En Mar Girgis me acoplo a dos alemanas, lo que resulta ser un error porque van muy lentas. En el barrio copto se ven mujeres sin pañuelo junto a monjas que sólo muestran los ojos, es decir, que van a los dos extremos, con las musulmanas en medio.

Para no romper la tónica dominante, también aquí hay algo cerrado: el museo copto. Así que nos lo saltamos y comenzamos por la iglesia colgante. Hay gente rezando, pero nos dicen que no importa, que pasemos y veamos. Salvo por las capillitas estas que le tienen a los santos y en las que recogen donativos y encienden velas, me resultaría todo mucho más extraño que en una mezquita, donde al menos sé localizar el mihrab.

En vez de persignarse ante los santos, tocan el cristal protector y luego se besan los dedos, o mas bien al revés. Y la cruz al persignarse no la hacen tan amplia como nosotros, sino que tras tocarse la frente, el resto queda hecho en una breve zona del pecho.

La iglesia de San Jorge o Agios Giorgios, parece una réplica en pequeñito de Santa Sofía. Aparte de varios elementos de autoflagelación , incluidas unas sandalias con clavo a lo fakir, en una capillita de abajo, hay montones y montones de cuadros de San Jorge con el dragón, San Atanasio y otro santo de nombre griego. Aunque escrito es más bien una mezcla de griego con cirílico (vaya, Cirilo es el tercer santo).

Después nos perdemos en el cementerio ortodoxo, en el que conviven el griego y el árabe apaciblemente junto a panteones abandonados y tumbas recientes. El ambiente en toda esta zona, iglesias incluidas, es sumamente tranquilo y recogido, bien distinto del bullicio del resto del Cairo.

Las otras iglesias están bajando unas escaleras y pasando por debajo del muro del convento de San Giorgios. La de San Sergio está también recogida, pero llegamos al empezar la misa, con los mojes cantando ocultos tras una tela. Y por allí seguimos los turistas. En Santa Bárbara tienen reliquias de la santa y la misa está más avanzada. Me sienta fatal que me exijan “donativo” cuando en otros sitios he ido dejando lo que me parecía en las capillitas y nadie me ha pedido nada. En fin :(

El del taxi vuelve a regatear para llevarme a la ciudadela, que si el tráfico, que si no se qué. Y que casualidad, aquí también hay una especie de encargado que vela por el negocio y atiende a razones. Total: 10 LE.

En la ciudadela empiezo a pasarlo mal. El polvo me irrita los ojos y hay ratos que además de llorar, voy con ellos cerrados. Cuando paro para buscar un nuevo pañuelo con que limpiarme, llega un policía para preguntarme que si me lleva al baño. :)

En la ciudadela hay tres mezquitas, y a la hora que yo voy la mayoría de los turistas son locales, y algunos están sentados en el suelo leyendo y charlando tranquilamente.

La mezquita de Mohammed Alí, o de Alabastro, es grande y opulenta, mientras que la de al lado, de el Nasser Mohammed es mas antigua y cuenta con un artesonado maravilloso. Pero la tercera, al fondo de la ciudadela, es aún mejor. Más pequeña, pero con unos adornos que la hacen única.

En la ciudadela hay además dos museos, que no visito, más un edificio de carruajes del siglo pasado, mas el palacio de Gazira, que es una mala copia de los parisinos.

Pretendiendo seguir el itinerario de mi hermano casi me pierdo, y al final decido coger un taxi hacia Jan el Jalili. En esta zona el taxista no habla inglés y acordamos el precio con él enseñándome el billete que tenía que darle: 10 LE. La verdad es que tiene lógica que nos cobren el doble a los turistas (pero no el cuádruple), porque saben que no van a parar en el camino para recoger a nadie más.

De paso, como tiene las cuatro puertas abiertas, aprovecho para echar un vistazo a la mezquita de Hussein y lo que veo no me anima a entrar. Las mujeres tienen reservada una puerta para ellas en el lado opuesto al grueso del zoco.

Lo primero es lo primero, y me voy a buscar a Jordi para cambiar la Nefertiti por otra cosa, que acaba siendo un anj, o llave de la vida, de oro con esmalte azul. Esta es la más bonita de las que tienen, pues suelen ser muy sosas y desproporcionadas.

Tengo suerte y el primero al que pregunto chapurrea español y me acompaña hasta su tienda, aunque tenemos que preguntar un par de veces hasta llegar. Hay que subir unas escaleras y atravesar varios chamarileros. El local está lleno de españoles.

Y de aquí a buscas las mantelerías. Como tengo la cabeza a cuadros, acabo comprando la grande blanca en vez de pintada, y como la redonda está sucia de polvo, le pido al tío el nombre por si no se limpia y tiene que venir Pablo a cambiarla.

Pablo me llama y mientras le espero visito Al Azar y alrededores. Los alrededores es zona de librerías, por lo que no hay ningún turista. En la mezquita tengo que ponerme el pañuelo además de quitarme los zapatos y se me incorpora el guía sin comerlo ni beberlo. Me enseña la zona de la madrasa, el patio, la sala de oración, la antigua sinagoga (imagináos mi cara de sorpresa, una sinagoga adosada a una de las principales mezquitas) y finalmente el minarete hasta casi arriba. Hay trozos en los que la oscuridad es completa y eso que todavía hay luz fuera. No se los de la noche como habrán subido, porque linterna no utilizan. A la salida le doy 10 LE y toro de los guías me dice que más, que le doy por no discutir.

Espero a Pablo cerca de un control policial de los muchos que hay en las zonas y hoteles turísticos, y nos vamos al café de los espejos, que es el que vienen en todas las guías por su ambiente y por ser aquel en el que pasaba las tardes Naguib Mahfuz. Tenemos que cambiarnos de sitio por un grupo enorme de españoles.

Pablo ha quedado a cenar y me voy con él y sus amigos. Tienen el local con las luces bastante bajas y es uno de los de moda en Zamalek. Pasamos un rato muy agradable, comemos bastante bien, el zumo de naranja es natural, pero mis ojos me están matando y nos levantamos a las 10. Como las despedidas son a la española, salimos de allí mucho mas tarde. Y como no llevo el cacharro de las lentillas en la mochila, acabo con una de ellas en la mano.

Caigo a dormir como un plomo, acunada por la música clásica que se oye de abajo de las piscina, o del restaurante.

Día 9

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sábado, abril 08, 2006

 

Giza, Egipto, 7 de enero de 2006

Hoy tocan las pirámides, que ya son la última visita incluida en el paquete. Pero primero hay que recoger a las del Pyramids Park, que tienen vistas a las pirámides por un lado y al palacete indocolonial de Naguib Mahfuz por otro.

A un lado, en una parcela metida de lleno en el desierto hay un cartel avisando de la próxima construcción del Nuevo Museo Egipcio, previsto para inaugurarse dentro de seis años y que va a ser mucho mayor que el actual, que es más bien un almacén con una pequeña muestra al público.

Las pirámides aparecen brumosas por la calima en el horizonte, pero los 160 m aproximadamente de las de Kefrén y Keops ya impresionan en la distancia. Lo cual quiere decir que a sus pies te sientes bastante insignificante, con esos enormes bloques de 10 Tm.

Mientras esperamos a que salga el segundo grupo del interior de la pirámide de Kefrén, nos vemos asaltados por un montón de niños y nos tenemos que mover de sitio. Aunque la sincronización es perfecta y según nos vamos vemos que ya han salido y, que además, el airecito que corría ha limpiado la atmósfera y se ve El Cairo en el horizonte.

En la pirámide de Keops han construido una especie de barca de cristal y hormigón que, cosa curiosa, alberga la barca solar del faraón que desenterraron hace unos años. Desentona que no veas frente a las pirámides, pero al menos permite la visita.

Empiezan a salir casi todos los autobuses y quedamos los locales y los rezagados antes de la llegada de la siguiente tanda.

No se cómo, acabamos haciéndonos a la vez fotos con varios grupos de cairotas a la vez: Julián con las chicas y Adela y otras valencianas, con los chicos.

Otras pocas fotos más y volvemos a subir al autobús para ver las tres pirámides en un encuadre y dar el que quiera el paseo a camello. De paso bordeamos la pirámide de Micerinos, pero no paramos.

La vista que tenemos es grandiosa y las fotos con los camellos enjaezados hacen que te sientas un poco como en una película de Lawrence de Arabia, con sus falsos beduinos auténticos recién llegados del desierto y todo.

Al ir hacia la esfinge nos damos cuenta de que podíamos haber subido hasta un tercio de la pirámide de Kefrén, pero ya es tarde. El viento parece que comienza a arreciar y empieza a hacer bochorno. En las inmediaciones de la esfinge ya se pueden ver las masas de arena volando a ráfagas y mientras esperamos se desencadena el jamsin con toda su furia. La arena se te mete por todas partes, boca incluida, y cae desde las cejas por el interior de las gafas, por lo que termino tapándome por completo con el pañuelo de muselina. Pero se me ha olvidado proteger algo, la cámara de fotos, y después de cerrarse ya no ha vuelto a abrirse. Debe tener polvo en el mecanismo de arrastre del zoom.

En este momento el paisaje es apocalíptico, con el cielo oscurecido y la arena y el polvo volando por todas partes. Ahora entiendo porqué cuando hay sombras no hay policías en la calle.

En la cafetería no han puesto toldo que proteja de la arena.

Hoy nos han llevado a la joyería que tienen acordada. Los precios vuelven a estar pelín hinchados. Y ahí es donde me separo de mis compañeros de grupo. Ellos se van a comer a un restaurante de una cadena francesa en la zona, y a mí me envían de vuelta al hotel con un taxista que no para de mirarme de reojo. Al principio creo que porque es un barbudo algo fanático y luego resulta que es porque yo estaba sentada detrás de él y no en el otro lado, que parece ser la etiqueta en estos casos.

Llamo a Pablo, que está medio pocho, y al final, entre eso y el jamsin, nos quedamos de tranquis en su casa.

Cuando el jamsin para, salimos a comprar unos frutos secos y agua para mí, y algo para cenar, y la atmósfera es como la de Blade Runner en los callejones oscuros, decadente y con un punto irreal.

Supongo que en los callejones sucios de los barrios no asfaltados la cosa ha sido peor.

De vuelta al hotel caigo en que me he dejado las cosas en Maadi. Tampoco es que pueda pensar mucho en ello porque en recepción me encuentro con las alicantinas y Julián, que han quedado con el encargado de una de las tiendas del hotel para que los lleve en plan local a Jan el Jalili. Él nos sacará unos precios a medio camino de los locales (20 LE), cosa que siempre zanja con un “son amigos”, y hay que añadir “no vacas que den dinero en vez de leche” o “naranjas a las que hay que exprimir”. Paseamos por los alrededores de la mezquita de Al Hussein y Julián acaba picando de nuevo en una tienda de antigüedades, y encima no se resiste y en una de las placas de imprenta se pone él a regatear en vez del egipcio, que le abronca al salir.

Luego tomamos algo en un bar de Midan Hussein y Julián y Loreto prueban la shisha, o pipa de agua.

Aquí se acerca un vendedor de carteras que nos demuestra con el mechero cual es de piel de camello. No arde bajo la llama ni se chamusca. El regateo es alucinante y silencioso, y parece ser que el tipo ha bajado de 100 a 10 LE.

A la vuelta al hotel paramos antes de llegar para que el taxista no se mosquee tanto por los turistas.


Día 8

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sábado, abril 01, 2006

 

Luxor y orilla occidental, Egipto, 6 de marzo de 2006

Otra noche en que hemos dormido menos de cinco horas. Y hoy nos espera un día denso en visitas: Valle de los reyes, Medinet Habu y Karnak.

El río lo cruzamos en una barca abierta a los lados similar a las del río Perfume en Vietnam, y medio haciendo carreras con las demás barcas turísticas.

Una vez en el otro lado, nos recoge el autobús y subimos hasta el Valle de los reyes, que a estas horas está todavía medio dormido, vendedores incluidos.

Inciso: ahora que estoy viendo los naranjos, me sorprende que no tengan fruta colgando y creemos que es porque aquí la temporada ya terminó, pero las del barco están en su punto, así que...

Tras pasar el control nos suben a uno de esos trenecitos turísticos para acercarnos a la salida. Mineawy elige la tumba de Tutankhamón para darnos la charla y ya empezamos a sentarnos en los escalones. Nos recomienda visitar las tumbas de Tutmosis III, Ramsés IX y Merneptah, pero tras subir las escaleras hasta la de Tutmosis y bajar hasta el sarcófago y quedar un tanto defraudados, decidimos guiarnos por otros visitantes y por el artículo de Historia de National Geographic.

La tumba de Tutmosis III tiene dibujos esquemáticos y estilizados, sin color, y consta de dos cámaras: una a mitad de camino y otra más abajo en la que está el sarcófago. El sarcófago está levantado y el vigilante nos lo ilumina por dentro para que veamos las manos pintadas en los laterales y el bajo con una imagen del faraón. Por supuesto, ni rastro de momia dentro.

La tumba de Tausert es el siguiente objetivo. Justo antes de entrar hablamos con unas italianas que nos dicen que sí, que merece la pena y que la otra sólo tiene una momia. Acertamos. Las pinturas que la decoran son impresionantes y no tenemos a nadie que nos obstaculice la visión puesto que somos los únicos que estamos dentro. Cosas del madrugón.

Después de asegurarnos de que los flashes están desconectados, no por descubrir que estábamos haciendo fotos, sino porque la luz y el destello dañan los colores, intentamos hacer unas fotos de estranjis, pero en seguida el guardia se nos acerca para enseñarnos el sarcófago con una linterna de pilas moribundas. Al igual que el anterior y que el próximo, nos pide dinero. Los de fuera no piden porque la policía turística siempre está visible y al acecho de posibles acosadores de turistas.

Seguimos bajando y hablamos con un grupito de turistas españoles que suben. Ellos nos aconsejan visitar la tumba de Ramsés III, que está allí al lado.

A esta tumba debe de llegar más gente, porque las pinturas están protegidas por cristales toda la altura del cuerpo. De nuevo tenemos la tumba para nosotros solos. En una pared hay una pintura con Nefertari como faraón y en otra hay una gran serpiente sobre la que reposan los cuerpos de varias momias.

Aquí el guía se huele que tratamos de hacer alguna fotografía, pero no tiene pruebas y se calla, aunque parece nervioso. Al final, los que acabamos echando la bronca a unos fotógrafos somos nosotros, por utilizar el flash escondidos entre la muchedumbre. Y alguno parece que no se ha enterado de que no se pueden usar cámaras dentro. El único motivo que se me ocurre para no tener que decirle que es para no perder negocio con las postales es la imposibilidad de controlar que si te dejan hacer fotografías no las vayas a hacer con el flash (en el primer caso pueden compensar pidiendo un sobreprecio en la entrada con cámaras fotográficas.

De todas formas, las otras dos tumbas recomendadas por el Mineaqy también parecen tener unos buenos murales y pinturas.

A la salida, los vendedores se lanzan sobre nosotros como buitres a por carroña, y esta vez no sólo cae Julián, sino que le sale competencia en Loreto, que compra casi tanto como él.

En Deir el Bahari se encuentra el templo de Hatsepshut, que es una mole magnífica algo difuminada por el exceso de luz que todo lo aplasta. O puede que la luz apague los colores y lo que comienza a aplastarnos sea la mezcla de calor por un sol inclemente y cansancio acumulado.

El interior del templo me decepciona un poco, porque no tiene grandes relieves y la mayor parte de los murales han desaparecido.

En cambio, Medinet Habu es otro de esos templos ante los que solo cabe quedarse boquiabierto: pilares, pinturas, relieves, todo es magnífico.

En este templo, a la vez que hay visitas hay restauradores y obreros trabajando en la consolidación de piedra y pinturas. En el primer caso inyectando silicona en las grietas y aplicando después una masilla, y en el segundo, aplicando un producto que permite sacar el color original a la luz sin que penetre en la piedra y la ponga en peligro.

Los colosos de Memnón son otra decepción, pues el guía ni siquiera cuenta la historia de que las estatuas hablaban y que resultó que era el aire que se movía con las dilataciones y contracciones de piedra y aire por la diferencia de temperaturas entre día y noche.

Y para poder hacerse una idea de cómo son los que entran en contacto con los turistas, un niño al que Isabel le dió un euro sin comprarle las naranjas, negó el hecho del todo cuando el padre le preguntó.

Del Ramesseum no podemos opinar, porque sólo lo vimos de pasada desde el autobús.

La vuelta a Luxor desde la otra orilla en la misma barca que nos trajo comenzó con un remojón por culpa de las olas de uno de estos cruceros que parece que van a volcar por exceso de altura para tan poco fondo. El resto fue una delicia por el frescor que corría en la superficie del Nilo.

Esta vez no nos han hecho subir al autobús para recorrer 100 m, que son los que nos separan de Karnak. Hemos desembarcado en una playita y recogido flores de datilera. Flores que al permanecer en las manos se oxidan irremisiblemente.

Puf: un guiri del barco de al lado acaba de levantarse de la tumbona en que estaba con toda la espalda roja. Menudas ideas peregrinas que tiene.

El pobrecito templo de Karnak ha llegado cuando estábamos tan cansados que solo teníamos ganas de terminar la parte guiada para ir a sentarnos a la cafetería. No sin antes dar siete vueltas para tener salud, dinero y amor alrededor de un escarabajo de la suerte. Empezó nuestro grupo y acabaron como nosotros todos los que nos vieron.

Después de comer, ya en la terraza, nos empezó a llover hollín y otros restos de una hoguera que parecía de papiros, estaba principalmente compuesta por tiras largas y estrechas. ME han dejado los ojos rojos.

Y esta noche volamos al Cairo.

La llegada al aeropuerto, con solo media hora de retraso, es espectacular. Como viene un grupo de agentes de viajes del Corte inglés, nos reciben a las chicas dándonos rosas y claveles. Además, el coordinador de la agencia es todo un showman y nos monta un club de la comedia con sus explicaciones, especialmente la de los tres adornos del Cairo, a saber: los semáforos; los policías que están donde los semáforos, que solo buscan la sombra y que cuando no hay sombra no están; y los taxímetros.

Como de costumbre, nos acostamos después de las 12. Menos mal que mañana sólo nos despiertan a las 7:30.

Día 7

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sábado, marzo 25, 2006

 

Edfú, Esna y Luxor, Egipto, 5 de marzo de 2006

Hoy nos han vuelto a levantar prontísimo, pero al menos hemos recuperado algo de sueño. Acto seguido hemos subido al autobús para ir al templo de Edfú, griego como el Kom Ombo, pero únicamente con bajorrelieves.

Aunque lo hemos tenido que recorrer de nuevo a salto de mata, al final nos han dejado tiempo libre para hacer fotos y compras.

Entre las fotos más interesantes, se pueden destacar las de las viguerías tras el acceso al templo, que todavía conservan tonos azules y ocres en algunos puntos, un mosquito y el mismo búho que utilizan algunas farmacias en sus bolsas, otro relieve de un parto y una Isis amamantando a Horus, que nos mostró un local tras pagarle.

También nos demoramos un rato viendo restos de cerámica en una zanja y devolviendo a su sitio un trozo de sillar caído que permitía apreciar el tono amarillo albero original de la arenisca.

Y después, paseo en autobús hasta Esna. Paseo que me ha encantado porque nos ha permitido atisbar un pedazo de vida rural, al atravesar pueblos y sembrados.

Tractores se ven poquísimos, de hecho sólo hemos visto uno. En cambio norias, se ven unas pocas, aunque casi todos los pozos funcionan a motor. Y muchas casas cuentan con antenas de satélite. Sin embargo, casi todo el mundo viste de forma tradicional y se mueve en burros.

Uno de los contrastes más fuertes que pueden verse se da aquí, y con solo mirar a un lado y otro de la carretera. A la izquierda , verde brillante de los campos de trigo, sésamo y alfalfa; y a la derecha, el ocre del desierto. En una de las zonas con colinas entreveradas de caliza, la roca se muestra agujereada a base de tumbas, Estas tumbas son antiguas, ya que las modernos musulmanas son montículos de tierra en el suelo con un cartelito clavado, que en las tumbas viejas ha desaparecido.

En otros tramos, en cambio, se ve la fuerza del agua en los materiales que ha arrastrado cárcava abajo, dejando únicamente los bloques mayores.

Cerca de la esclusa se ven pescadores en barcas de remo, y en Esna, en la que apenas paran turistas, se ven puestos de casi todo, desde el especiero con sus sacos de brillantes colores, al carnicero con sus cuartos de canal en la calle, con cola incluida, para que se vea bien su procedencia. Aunque hay quien pensó que era la cola de un ave :D

El paso de la esclusa ha sido muy lento, de hecho el barco ha dado un giro de 360º para perder tiempo antes de posicionarse, ya que sólo pueden pasar dos barcos de cada vez.

Hemos visto a varias mujeres lavando los cacharros en el Nilo, pero lo que nos tiene intrigadísimos es el motivo de apalear aparentemente el agua en un arrozal de una islilla.

Hay una fábrica de azúcar escupiendo un montón de hollín al aire. El quemador de bagazo no debe de estar funcionando bien...

También hemos visto como secan paja en los tejados de las casas, al punto que parecen de paja; y algo que creemos que es un horno de ladrillos, pero que puede ser cualquier otra cosa.

La tarde noche ha sido ajetreada: según llegamos nos fuimos a ver el templo de Luxor, con su obelisco y sus estatuas de faraón. Fue gracioso, porque al final, en el tiempo que dan para hacer fotos por tu cuenta, vimos tanto unas miniesfinges como una estatua romana, como otra imagen de fecundidad, ésta última en la forma de dios con un enorme pene en erección.

Lo negativo es que desde el templo se ven las luces del McDonald's. Hay que joderse :(

Las últimas fotos las hicimos ya de noche y con el templo y las mezquitas iluminadas, y los muecines llamando a la oración.

Esto último es curioso, porque después de haberlos oído tres o cuatro veces comienzas a darte cuenta de que primero empieza uno y luego le siguen los demás, y que en las ciudades y pueblos grandes funcionan con altavoces, mientras que en los pueblos pequeños se oye lo que den de sí las voces de los muecines cantantes. Muecines que se dedican a competir entre sí en volumen alcanzado.

De aquí, y como ya no podíamos ir a Karnak por estar cerrado, nos llevaron a una fábrica de papiros, trampa para turistas. Con eso de que la calidad estaba asegurada por el gobierno y que los cuadros los habían pintado alumnos de bellas artes, te doblan el precio respecto de otras tiendas. Claro que en eso incluyen la comisión del 50% que se llevan los guías de los grupos que paran por allí.

Y una vez han despojado al turista ávido de papiros del dinero que trae, y de liarlo con descuentos y regalos, le invitan a beber algo (en realidad, antes de venderte).

Tras la cena, una del grupo pregunta en la tienda del barco el precio de unas tazas de cerámica, y cuando se lo dicen casi le da un pasmo. ¡Le habían cobrado 32€ de más!

Pero en realidad, el motivo de la visita a la tienda no son las compras, sino el obtener información sobre algún café no típico de turistas, sino de locales. Para facilitarnos las cosas, el dependiente nos escribe el nombre en un papel y nos orienta sobre el precio de un taxi o calesa hasta allí.

Y aquí comienza otro de los puntos álgidos del viaje, pues el calesero se empeña en llevarnos al mercado egipcio antes de llevarnos al café. Además, como vamos seis en la misma calesa, hay uno que queda sentado muy cerca de donde da el látigo por atrás y pasa la mitad del tiempo protegiéndose del mismo con las manos. Y como el calesero ha dejado las riendas libres para hablar con nosotros, termina llevándolas Dioni en su lugar. Hay un par de momentos en que no podemos más de la risa que nos entra, porque acompaña la mitad de las frases de una risita seca y corta (el calesero, no Dioni) provocada por el chocolate.

Pasamos por delante del café y continuamos hacia el mercado egipcio, mercado que a las once y media seguía en pleno esplendor. Los puestos de frutos mas cercanos a la placita con los cafés estaban bastante limpios, pero fue comenzar a alejarnos de allí e ir viendo cada vez más suciedad. Y esta vez no todo el mundo te pedía dinero al hacer fotos.

Al final, inevitablemente, acabamos en la tienda en la que el calesero se llevaba comisión, aunque de 5€ comprásemos o no en vez del 50%. Y de nuevo, cayeron Julián y compañía. Cayeron porque realmente eran mucho más baratos los papiros y perfumes que en las tiendas oficiales a que nos llevaron, sino también porque había algunos que eran preciosos y las tiras de su materia prima eran del ancho adecuado (1-2cm).

La plata que miré era cara, así que decidí no comprar nada. Al final intentaron marcar un precio que no era a Julián cuando fue a pagar con la tarjeta, se enfadó e intentamos irnos. Nos preguntaron el motivo, discutieron, se preocuparon por si decíamos algo en el barco, y al subir a la calesa le ofrecieron el cacharro por el precio que habían fijado antes de todo el jaleo.

El otro problema del día fue el robo de la cartera con dinero, documentos y tarjeta de Omar, el costarricense que viene con nosotros. En la denuncia les ayudó Mineawy, el guía, porque fue escrita en árabe, y además les prestó el móvil para poder anular la tarjeta una vez que encontraron el número al que debían llamar. Pero con todo el papeleo se perdieron el paseo por el pueblo.

Día 6

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sábado, marzo 18, 2006

 

Asuán y Kom Ombo, Egipto, 4 de marzo de 2006

No he dormido nada, entre un compresor de un barco vecino y los de la habitación de al lado empalmando, y los de Barcelona que llegaron a las 2:00, ha sido un duermevela tonto. Por cierto, que los guías parecen bastante bromistas, lo mismo que el cocinero de anoche y los azafatos del avión. El del autobús de anoche nos dijo que estos viajes no eran solo culturales, sino también sexuales, porque nos iban a joder bien pronto por las mañanas, o alguna cosa similar. Para no variar, dos personas han llegado tarde al autobús, y para que pudiesen hacer la visita los acercaron al punto de reunión general, al que llegaron por los pelos.

Pero es un convoy un tanto extraño, ya que los autocares, furgonetas y coches no van todos seguidos y a la misma velocidad, sino que van adelantándose unos a otros de vez en cuando, y tienes que cruzar los dedos para que no venga nadie de frente.

En los lados de la carretera había unas marcas como las de las protecciones de viento de las vides en terreno volcánico y nos han dicho que son de coches aparcados ¿esperando a que pase el jamsin?

El panorama cerca de Abu Simbel mas que de desierto es de reg, y hay montículos pedregosos a lo largo de kilómetros. En todo caso, lo que más sorprende es ver basura a los lados de la carretera (bidones, plástico, etc) y esas paradas de autobús que parecen no conducir a ningún lugar.

A las 7:30 llegamos a Abu Simbel y a la sombra hace fresco, pero según el guía nos va explicando la campaña de traslado de los templos para salvarlos del agua de la presa comienza a picar el sol. El templo de Ramsés es especialmente impresionante, tanto por dentro como por fuera, pero entre que fuera hay demasiada luz para que salgan bonitas las fotos sin filtro, y dentro no dejan hacerlas, no sé como habrán resultado las cosas. Y aunque no hay guardia con túnica blanca todo el rato, suelen pillar a bastantes personas haciendo fotos.

Uno de los relieves famosos, de Ramsés con el ramillete de cabezas de enemigos, está según se sale a mano derecha. Y en el templo de Nerfertari hay otro similar, pero con una sola cabeza.

Me hacen gracia los turistas que se sientan a 1 m de los murales, como extasiados por las pinturas, y en realidad se pierden toda la grandiosidad del conjunto.

Viniendo por la carretera han sido varias las cosas que me han llamado la atención: primero, cuando los mini camiones bus se llenan, se queda el último pasajero agarrado como puede por detrás; las líneas de la carretera son opcionales, si el asfalto de un lado está mal, se conduce por el otro, y si el que viene de frente tuyo es más chico, es él el que se echa al arcén.

Otra cosa que me ha llamado la atención es el de las casetas de las bombas de agua, son del mismo color azul que utiliza el Canal de Isabel II. Una vez llegas a la ciudad, la cosa cambia y las casetas de colorines son las eléctricas.

Antes de llegar de nuevo a Asuán hemos parado en la presa alta, con una draga en medio para que sea patente que la presa está llegando al final de su vida útil, pero cómo vas a decírselo a los egipcios con lo orgullosos que están de su obra de ingeniería. Y con motivo. Veo la primera barca de pescadores, de pértiga.

De aquí nos llevan a la fábrica de perfume, donde descubro que aquí utilizan las esencias medicinales de forma semejante al bálsamo de tigre asiático, con la salvedad de que en vez de alcanfor utilizan sándalo.

Aquí nuestro guía demuestra ser un buen intermediario, prefiere que nos hagan un buen descuento para que compremos más, y así se lleva él más comisión.

Volvemos a atravesar la zona de edificios de tejados planos con la que me reía ayer, porque justo los estábamos pasando cuando contaba el guía que para defenderse del calor construían tejados abovedados o cúpulas.

Y como es hora de comer, todo el mundo está en la calle esperando al autobús. Se ven muchísimos hombres con galabiya y mujeres tapadas de arriba abajo, muchas de ellas de negro completamente. ¡Pues menos mal que tienen una catedral copta!

A continuación, seguimos con el itinerario previsto y vamos a las canteras de granito en que está el obelisco inacabado. Al principio solo se ven rocas por todas partes, pero al subir a la parte alta ves el monolito a medio arrancar de la roca, a base de cuñas de madera empapadas en agua, y las marcas dejadas por los canteros.

A la salida, una galería de mas de 100 m de largo llena de egipcios y niños tratando de venderte lo que puedan o intentando en algún caso meter mano a las mujeres del grupo. A mi me debieron de echar algún piropo o decirme alguna burrada, porque se echaron a reir cuando les pregunté qué habían dicho.

Llegamos a comer un poco tarde, pero después nos subimos a la cubierta del barco a descansar y refrescarnos con el aire que corría en el Nilo. Que sigue siendo la zona vital. Hay gente jugando al fútbol, búfalos de agua, vacas, hombres en asnos, pesqueros anchos y superplanos de dos mástiles...

La vista de Kom Ombo desde el barco al anochecer es impresionante. Los lotos de los capiteles se destacan incluso en la distancia, del tamaño que tienen. Y si visto de lejos impresiona, de cerca deja sin palabras. Hay relieves ocupando cada centímetro disponible de superficie, ya sea en columnas, como en vigas como en muros.

Los más antiguos son altorrelieves en los que pueden discernirse desde los más mínimos detalles del trenzado del pelo de una diosa, hasta los paquetes musculares en las piernas. Además, la iluminación nocturna se encuentra en general muy bien pensada, por lo que se puede admirar tranquilamente el conjunto (es un templo doble, pues está dedicado a dos dioses: Sobek, con cabeza de cocodrilo; y Harœris, con cabeza de halcón).

En una de las paredes hay un bajorrelieve con un equipo médico de lo más completo, y en otras hay lo que parece una vihuela y vieiras.

En el mismo recinto se encuentra un nilómetro (utilizados para seguir las crecidas del Nilo), con un pozo bastante bajo de agua desde que se terminó la presa de Asuán, al que llevan una serie de escalones. Un segundo poco se dedicaba a los cocodrilos consagrados a Sobek, que se pueden ver momificados en una capilla adjunta.

De nuevo, el recorrido que lleva del barco a las ruinas del templo se encuentra lleno de vendedores: niños en el primer tramo y adultos con tenderetes en el acceso principal. Los niños se entretienen jugando al fútbol hasta que se acerca un grupo de turistas y entonces empiezan a vociferar sus mercancías. Por supuesto, también hay que regatear.

Lo triste es que había un niño más pequeño, con un burrito también pequeño, con una cara indecible de aburrimiento y desgana y apatía, y cuando fui a darle la piruleta que creí que llevaba encima, no la encontré. Me la había dejado en el barco y aquí no se puede despistar una un segundo porque te pierdes del grupo.

Los camareros de planta nos han gastado una broma: si está mañana a los de la primera les hicieron una flor con toallas y el cenicero a forma de centro, durante la cena en la segunda planta nos han hecho un hombre albornoz. Aunque una chica que no se dio cuenta al entrar en la habitación se llevó un susto de muerte al encontrárselo cuando iba a salir, con las gafas de sol puestas y la boca hecha con un trocito de bolsa de basura :)

Por cierto, que hoy los postres de la cena han sido especialmente buenos, habiendo pasta de almendras hilada (creo que es maasa en árabe, no estoy segura), pastas de almendra, baclava, una especie de mazapán de Soto y un arroz con leche que parecía gelatina. Y todo porque hoy era la fiesta de la galabiya y hay que disfrazarse estilo egipcio, aunque las había que parecían zíngaras y bailarinas de charlestón.

Entre el personal del barco no hay mujeres, lo mismo que el viernes por la noche en las terrazas de Asuán.

¡Ah! Algunos de los barcos son un pelín ostentosos, con mármoles en vestíbulos y suelos, escaleras estilo barroco que se van abriendo según vas acercándote al suelo, pasamanos dorados... Y lo sé porqué en Kom Ombo hemos tenido que atravesar otros seis barcos para llegar a puerto.

Me acabo de asomar a la ventana, a ver si por fin se veían muchas estrellas, pero ¡ay!, que se refleja mucha luz en el Nilo, aunque en las orillas apenas se vea una fogata de cuando en cuando y tampoco se vean tantas, y en el polvo del desierto en suspensión. Eso sí, me he sentido un poco como en casa al ver el cinturón de Orión, con lo que me he sentido identificada con esos marinos que buscaban su referencia en ellas para saber cuando estaban acercándose al hogar.

Día 5

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lunes, marzo 13, 2006

 

Asuán, Egipto, 3 de marzo de 2006

Por fin en Egipto. Y digo por fin no solo por haber tenido que posponer el viaje un año, sino porque parecía que no íbamos a salir nunca de Madrid: primero por un retraso en la llegada del avión, luego por unas chicas que se perdieron en la cafetería, y por último, para conseguir un slot para despegar. En resumen, llegamos a Asuán (Aswan en inglés) a las diez y media.

En el aeropuerto, los de la agencia nos dicen que ellos tienen los sellos para el visado, y que debemos pagárselos en el autobús, a unos módicos 35€. A mí ya me habían dicho que el visado era más barato, pero no se veía ninguna oficina, ni nada parecido, en el que pudiese comprarse independientemente. Así que me dirigí a uno de los militares que no estaban en cabina, y en una mezcla de inglés y español-italiano, nos entendimos y me llevó a donde estabs el banco: un hombre con un maletín y los sellos que hay que pegar en el pasaporte. El precio: 13€ ó 15$, vamos, que casi la tercera parte de lo que cobran los de las agencias. Por eso me miró tan mal el guía ese, jeje. :)

Y después de la aduana, otra vez a esperar. Esta vez a alguien que había hecho una reclamación por desperfectos en la maleta. Aunque podrían haber sido más, por lo mal que las tratan y las rozaduras con que salieron algunas.

Lo malo es que la gente que conocí en el avión y en Barajas está toda en otros barcos.

La cena terminó a la una, y además, nos avisaron que para ir a Abu Simbel nos iban a levantar a las 3:15 porque el convoy sale a las 4:00 y no espera por nadie.


Día 4

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sábado, enero 22, 2005

 

Preparando el nuevo viaje

Nos vamos a Egipto, probablemente cerca de Semana Santa, y durante 8 días. Trabajo obliga.

Ya sabemos cuales son los sitios que queremos visitar: el templo de Nefertari y Ramsés en Abu Simbel, Karnak, Luxor y el Valle de los Reyes, las pirámides de Saqqarah y Giza (Keops, Kefrén y Micerinos). Con esto nos aseguramos además que se incluyen las paradas intermedias en Edfú, Esna, Kom Ombo, etc.

Porque ya nos hemos hecho a la idea de que Egipto no solo sale mas barato en rebaño, sino que además cuentas con la protección del ejército contra posibles ataque terroristas como el de hace unos años en Deir El-Bahari.

Llegada a Egipto

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