domingo, agosto 10, 2008

 

Nueva York 30 de marzo de 2008

Hoy nos hemos levantado un poco mas tarde para intentar descansar algo. Y como el hotel no está muy lleno, el ruido que hacen las cañerías de la ducha es de traca.

Como de costumbre, nos ha costado decidirnos por un sitio para desayunar y hemos terminado en el Hard Rock Café, con referencias al de Barcelona, pero no al de Madrid.

Hemos llegado a la Sexta Avenida buscando el sol, porque el viento que corre por las calles es mucho mas fresco que el de ayer.

Es curioso el efecto que hacen los parques pequeños en medio de los rascacielos, especialmente cuando los tienen con bancos y sillas como de jardín. Da la sensación de ser como la terraza de tu casa.

Entramos en un par de tiendas de electrónica y los precios no nos convencen. De ahí decidimos ir a por un abrigo a Macy's y pasar por el Empire de camino. Está lleno de gente, lo que nos hace desear haber subido el día anterior, cuando al no haber gente pensamos que estaba cerrado y luego resultó que cierran a la 1:30 am. Y es que Nueva York es una ciudad que, a pesar de no tener mucho tráfico y poderse aparcar en el centro fácilmente, tiene vida a todas horas.

Llegamos al hotel tarde, pero consigo hablar con Nina sin silbidos extraños y quedamos con ella para comer cerca del hotel. Durante la comida queda claro el motivo por el que le resultaba tan raro que la relación con mi jefe sea tan buena (la suya no lo es) y descubrimos cómo funciona la línea esa extraña que aparece cuando vas a pagar como la tarjeta: aunque en la factura ponga tip, ahí se pone la adicional del 15-20%. La mitad de las veces se nos seguirá olvidando.

Y gracias a Nina también acabamos en la línea del metro que va directa a los ferrys. Y es que hay líneas express que hacen solo la mitad de las paradas aunque pasen por todas.

Al llegar, resulta que los ferrys que están mas anunciados son los de Ellis Island y la estatua de la libertad, que no son los que queremos coger, así que preguntamos por dónde se va al de Staten Island, que es gratuito y pasa cerca de la estatua. Resulta que es un indio que trabaja como fotógrafo y nos lleva a donde mejor se ve todo del ferry. La lástima es que a la ida la estatua está a contraluz y a la vuelta hace un frío horroroso en la proa, aunque se tienen una vista de la línea del horizonte inmejorable. Además, la cámara de Javier ha sacado el último sol sobre los rascacielos como si fuese un rayo caído del cielo.

Pensamos si ir al puente de Brooklyn andando o en metro, pero al final decidimos ir en autobús. Nos deja debajo y la autobusera nos da indicaciones de cómo llegar a dar el paseo. Y es que encontrar el paso de peatones no es tan fácil. Hay una universidad por allí cerca y el ayuntamiento.

El cruce del puente es de lo mas curioso porque partes del nivel del suelo para acabar por encima de los coches y al nivel de la estructura superior del puente. Además, estamos viendo caer la noche sobre Manhattan y las islitas de la bahía.

Al terminar nos toca preguntar de nuevo por la estación del metro a un viandante, que se muestra encantado de que nos haya gustado el paseo por el puente. La teoría de Javier es que en esta ciudad la gente es tan solitaria que les encanta tener la oportunidad de charlar con alguien.

Buscamos algún sitio sin mucha gente para cenar y acabo en el hotel directa de puro cansancio.


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