sábado, marzo 24, 2007
Cassis y La Ciotat, Francia
En este caso no se trata de un diario, sino de los recuerdos que han quedado un tiempo después del viaje.
De Marsella, a donde llegué en uno de esos vuelos baratos en los que te bombardean con el compre un boleto para un sorteo, y los beneficios los destinaremos a caridad, quiere un café por 2 o 3€, etc., y con eso y con todo suelen llegar no solo puntuales sino, incluso, adelantándose, me dirijí directamente al este.
La primera en la frente: las autopistas tienen peaje cada 5 km o menos. Vamos, que me recordó a los alrededores de Barcelona cosa mala e hizo que acabase con la calderilla que llevaba y sacando la tarjeta. Método mucho más rápido que esperar el cambio de los billetes, pues son automáticos.
Claro es que las carreteras de la costa no son mucho mejores, para los amantes de la velocidad por la de pueblos uniformizados que se atraviesan, y para los demás por el firme no muy allá que tienen, pero, sobre todo, por la infame señalización que en mas de una ocasión logró que diese vueltas en un pueblo sin saber muy bien por donde iba. En cambio, los paisajes se vuelven espectaculares en algunos puntos :) Además, ¡qué carajo! fue lo que me recomendaron cuando comenté que iba a la Costa Azul y con razón.
La segunda: mi francés, que nunca fue bueno, estaba completamente oxidado. ¡Horror! Menos mal que la crêpe de fromage, de l'eau mineral naturelle y lo más básico nunca se olvida :p
Pues eso, que en dirección este, mi primera parada fue en Cassis, un encantador pueblo de pescadores que en verano debe estar hasta arriba de gente, con erizos a la venta directamente en el puerto frente a los restaurantes, rodeado de viñedos de diferentes dominios, un castillo con toda la pinta de refugio frente a piratas y una pequeña playa con una arena no muy fina.
La visita a Les calanques no comenzaba hasta las 14:30, por lo que, aprovechando el sol, me fuí a sentar bajo el faro a hacer la lagartija... y por poco me quedo sin comer. Y es que, en Francia, a las 13:30 los restaurantes están casi cerrando y la cena es a las 19:00. Ups.
Les calanques son unas calitas entre acantilados calizos imponentes, con los pinos creciendo en sitios inverosímiles y el agua rompiendo en las grietas de la roca saltando alegremente hacia arriba. En la barca íbamos un puñado de turistas, que con el viento nos arrebujábamos como podíamos, sobre todo para no acabar empapados con los rociones del agua.
Ya por la tarde llegué a La Ciotat, con el primero de la serie de puertos rectangulares que se me harían tan familiares en estos días. En este caso el puerto pesquero no parecía mas que un pequeño reducto en el enorme complejo con grúas y un puerto deportivo mas que aceptable (y el primero de los veleros espectaculares que vería). La iglesia estaba cerrada por un funeral, por lo que me tuve que limitar a contemplarla desde fuera antes de callejear un poco. Es curioso, pero un montón de calles tienen nombres dedicados a soldados de la resistencia y hay placas y monumentos conmemorativos por todas partes. Eso aquí sería impensable.
Y la puesta de sol, parando en la carretera en Bandol. Que para eso anochece pronto.
De Marsella, a donde llegué en uno de esos vuelos baratos en los que te bombardean con el compre un boleto para un sorteo, y los beneficios los destinaremos a caridad, quiere un café por 2 o 3€, etc., y con eso y con todo suelen llegar no solo puntuales sino, incluso, adelantándose, me dirijí directamente al este.
La primera en la frente: las autopistas tienen peaje cada 5 km o menos. Vamos, que me recordó a los alrededores de Barcelona cosa mala e hizo que acabase con la calderilla que llevaba y sacando la tarjeta. Método mucho más rápido que esperar el cambio de los billetes, pues son automáticos.
Claro es que las carreteras de la costa no son mucho mejores, para los amantes de la velocidad por la de pueblos uniformizados que se atraviesan, y para los demás por el firme no muy allá que tienen, pero, sobre todo, por la infame señalización que en mas de una ocasión logró que diese vueltas en un pueblo sin saber muy bien por donde iba. En cambio, los paisajes se vuelven espectaculares en algunos puntos :) Además, ¡qué carajo! fue lo que me recomendaron cuando comenté que iba a la Costa Azul y con razón.
La segunda: mi francés, que nunca fue bueno, estaba completamente oxidado. ¡Horror! Menos mal que la crêpe de fromage, de l'eau mineral naturelle y lo más básico nunca se olvida :p
Pues eso, que en dirección este, mi primera parada fue en Cassis, un encantador pueblo de pescadores que en verano debe estar hasta arriba de gente, con erizos a la venta directamente en el puerto frente a los restaurantes, rodeado de viñedos de diferentes dominios, un castillo con toda la pinta de refugio frente a piratas y una pequeña playa con una arena no muy fina.
La visita a Les calanques no comenzaba hasta las 14:30, por lo que, aprovechando el sol, me fuí a sentar bajo el faro a hacer la lagartija... y por poco me quedo sin comer. Y es que, en Francia, a las 13:30 los restaurantes están casi cerrando y la cena es a las 19:00. Ups.
Les calanques son unas calitas entre acantilados calizos imponentes, con los pinos creciendo en sitios inverosímiles y el agua rompiendo en las grietas de la roca saltando alegremente hacia arriba. En la barca íbamos un puñado de turistas, que con el viento nos arrebujábamos como podíamos, sobre todo para no acabar empapados con los rociones del agua.
Ya por la tarde llegué a La Ciotat, con el primero de la serie de puertos rectangulares que se me harían tan familiares en estos días. En este caso el puerto pesquero no parecía mas que un pequeño reducto en el enorme complejo con grúas y un puerto deportivo mas que aceptable (y el primero de los veleros espectaculares que vería). La iglesia estaba cerrada por un funeral, por lo que me tuve que limitar a contemplarla desde fuera antes de callejear un poco. Es curioso, pero un montón de calles tienen nombres dedicados a soldados de la resistencia y hay placas y monumentos conmemorativos por todas partes. Eso aquí sería impensable.
Y la puesta de sol, parando en la carretera en Bandol. Que para eso anochece pronto.
Etiquetas: Francia
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