sábado, abril 01, 2006

 

Luxor y orilla occidental, Egipto, 6 de marzo de 2006

Otra noche en que hemos dormido menos de cinco horas. Y hoy nos espera un día denso en visitas: Valle de los reyes, Medinet Habu y Karnak.

El río lo cruzamos en una barca abierta a los lados similar a las del río Perfume en Vietnam, y medio haciendo carreras con las demás barcas turísticas.

Una vez en el otro lado, nos recoge el autobús y subimos hasta el Valle de los reyes, que a estas horas está todavía medio dormido, vendedores incluidos.

Inciso: ahora que estoy viendo los naranjos, me sorprende que no tengan fruta colgando y creemos que es porque aquí la temporada ya terminó, pero las del barco están en su punto, así que...

Tras pasar el control nos suben a uno de esos trenecitos turísticos para acercarnos a la salida. Mineawy elige la tumba de Tutankhamón para darnos la charla y ya empezamos a sentarnos en los escalones. Nos recomienda visitar las tumbas de Tutmosis III, Ramsés IX y Merneptah, pero tras subir las escaleras hasta la de Tutmosis y bajar hasta el sarcófago y quedar un tanto defraudados, decidimos guiarnos por otros visitantes y por el artículo de Historia de National Geographic.

La tumba de Tutmosis III tiene dibujos esquemáticos y estilizados, sin color, y consta de dos cámaras: una a mitad de camino y otra más abajo en la que está el sarcófago. El sarcófago está levantado y el vigilante nos lo ilumina por dentro para que veamos las manos pintadas en los laterales y el bajo con una imagen del faraón. Por supuesto, ni rastro de momia dentro.

La tumba de Tausert es el siguiente objetivo. Justo antes de entrar hablamos con unas italianas que nos dicen que sí, que merece la pena y que la otra sólo tiene una momia. Acertamos. Las pinturas que la decoran son impresionantes y no tenemos a nadie que nos obstaculice la visión puesto que somos los únicos que estamos dentro. Cosas del madrugón.

Después de asegurarnos de que los flashes están desconectados, no por descubrir que estábamos haciendo fotos, sino porque la luz y el destello dañan los colores, intentamos hacer unas fotos de estranjis, pero en seguida el guardia se nos acerca para enseñarnos el sarcófago con una linterna de pilas moribundas. Al igual que el anterior y que el próximo, nos pide dinero. Los de fuera no piden porque la policía turística siempre está visible y al acecho de posibles acosadores de turistas.

Seguimos bajando y hablamos con un grupito de turistas españoles que suben. Ellos nos aconsejan visitar la tumba de Ramsés III, que está allí al lado.

A esta tumba debe de llegar más gente, porque las pinturas están protegidas por cristales toda la altura del cuerpo. De nuevo tenemos la tumba para nosotros solos. En una pared hay una pintura con Nefertari como faraón y en otra hay una gran serpiente sobre la que reposan los cuerpos de varias momias.

Aquí el guía se huele que tratamos de hacer alguna fotografía, pero no tiene pruebas y se calla, aunque parece nervioso. Al final, los que acabamos echando la bronca a unos fotógrafos somos nosotros, por utilizar el flash escondidos entre la muchedumbre. Y alguno parece que no se ha enterado de que no se pueden usar cámaras dentro. El único motivo que se me ocurre para no tener que decirle que es para no perder negocio con las postales es la imposibilidad de controlar que si te dejan hacer fotografías no las vayas a hacer con el flash (en el primer caso pueden compensar pidiendo un sobreprecio en la entrada con cámaras fotográficas.

De todas formas, las otras dos tumbas recomendadas por el Mineaqy también parecen tener unos buenos murales y pinturas.

A la salida, los vendedores se lanzan sobre nosotros como buitres a por carroña, y esta vez no sólo cae Julián, sino que le sale competencia en Loreto, que compra casi tanto como él.

En Deir el Bahari se encuentra el templo de Hatsepshut, que es una mole magnífica algo difuminada por el exceso de luz que todo lo aplasta. O puede que la luz apague los colores y lo que comienza a aplastarnos sea la mezcla de calor por un sol inclemente y cansancio acumulado.

El interior del templo me decepciona un poco, porque no tiene grandes relieves y la mayor parte de los murales han desaparecido.

En cambio, Medinet Habu es otro de esos templos ante los que solo cabe quedarse boquiabierto: pilares, pinturas, relieves, todo es magnífico.

En este templo, a la vez que hay visitas hay restauradores y obreros trabajando en la consolidación de piedra y pinturas. En el primer caso inyectando silicona en las grietas y aplicando después una masilla, y en el segundo, aplicando un producto que permite sacar el color original a la luz sin que penetre en la piedra y la ponga en peligro.

Los colosos de Memnón son otra decepción, pues el guía ni siquiera cuenta la historia de que las estatuas hablaban y que resultó que era el aire que se movía con las dilataciones y contracciones de piedra y aire por la diferencia de temperaturas entre día y noche.

Y para poder hacerse una idea de cómo son los que entran en contacto con los turistas, un niño al que Isabel le dió un euro sin comprarle las naranjas, negó el hecho del todo cuando el padre le preguntó.

Del Ramesseum no podemos opinar, porque sólo lo vimos de pasada desde el autobús.

La vuelta a Luxor desde la otra orilla en la misma barca que nos trajo comenzó con un remojón por culpa de las olas de uno de estos cruceros que parece que van a volcar por exceso de altura para tan poco fondo. El resto fue una delicia por el frescor que corría en la superficie del Nilo.

Esta vez no nos han hecho subir al autobús para recorrer 100 m, que son los que nos separan de Karnak. Hemos desembarcado en una playita y recogido flores de datilera. Flores que al permanecer en las manos se oxidan irremisiblemente.

Puf: un guiri del barco de al lado acaba de levantarse de la tumbona en que estaba con toda la espalda roja. Menudas ideas peregrinas que tiene.

El pobrecito templo de Karnak ha llegado cuando estábamos tan cansados que solo teníamos ganas de terminar la parte guiada para ir a sentarnos a la cafetería. No sin antes dar siete vueltas para tener salud, dinero y amor alrededor de un escarabajo de la suerte. Empezó nuestro grupo y acabaron como nosotros todos los que nos vieron.

Después de comer, ya en la terraza, nos empezó a llover hollín y otros restos de una hoguera que parecía de papiros, estaba principalmente compuesta por tiras largas y estrechas. ME han dejado los ojos rojos.

Y esta noche volamos al Cairo.

La llegada al aeropuerto, con solo media hora de retraso, es espectacular. Como viene un grupo de agentes de viajes del Corte inglés, nos reciben a las chicas dándonos rosas y claveles. Además, el coordinador de la agencia es todo un showman y nos monta un club de la comedia con sus explicaciones, especialmente la de los tres adornos del Cairo, a saber: los semáforos; los policías que están donde los semáforos, que solo buscan la sombra y que cuando no hay sombra no están; y los taxímetros.

Como de costumbre, nos acostamos después de las 12. Menos mal que mañana sólo nos despiertan a las 7:30.

Día 7

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