sábado, mayo 14, 2005
La Pedriza, Madrid
El domingo pasado habían quedado unos amigos para subir a La Pedriza y a última hora decidí apuntarme. ¿Qué significa eso? Que hice el macuto aprisa y corriendo y olvidé llevar una camiseta de manga larga fina, para protegerme del sol. De todas formas, me dejaron una y me cubrí los hombros con ella.
Por fortuna, el resto del equipo básico no lo olvidé: una botella de agua de litro y medio, una gorra para el sol, la crema protectora y la comida. También levaba un mapa del ejército de la zona, por si acaso, aunque uno de los que venía conocía bien la mayoría de los caminos.
En fin, que ellos llegaron en el autobús a Manzanares, por lo que me tocó dar media vuelta y bajar con el coche al pueblo para subir con ellos todo el camino. Que se nos hizo eterno porque están construyendo las aceras y pasas más rato esquivando coches de otros domingueros como nosotros.
Comenzamos a subir por el camino que va de Manzanares hacia Canto Cochino. Una subida no muy fuerte bordeando el río y llena de formaciones graníticas, como el resto de la sierra. El sol empezaba a apretar, por lo que empezamos a aligerar ropa.

Por el camino ya se veía a la gente que se echaba en las rocas cual lagartos al sol, con bikinis y bañadores varios, para tostarse. Aunque esta vez no vimos a ningún mountain biker.
Una vez en Canto Cochino teníamos que decidirnos entre ir directamente a la charca o subir al Yelmo, que era la idea inicial. La mayoría decidimos subir, y elegimos el segundo de los dos senderillos de subida. Hay bastantes jaras y otras plantas pegaditas al sendero, por lo que subiendo en pantalón corto hay que evitar ir muy pegado a las plantas. Además, son plantas bajas, por lo que no protegen mucho del sol.
La primera parte de la subida es bastante empinada, sin ser difícil, pero enseguida se alisa y llega a una zona de pradera. Esta es la zona en la que están los escaladores, pues hay un par de rocas amplias y con diversas inclinaciones y dificultades, aunque sin llegar a las desplomadas. Supongo que es una buena zona para hacer un curso de iniciación a la escalada.

Nosotros subimos un poco más arriba, pero ya había un par de personas cansadas y empezábamos a estar todos hambrientos. Así que paramos a la sombra de una roca a comer algo, y después de descansar un poco ¡decidimos bajar! La vista que se tiene del antiguo circo glaciar es impresionante.
De aquí nos vamos directos a la charca verce atravesando todos los aparcamientos de Canto Cochino y cogiendo la pista que sube paralela a la ribera del Manzanares.

La verdad es que a todos el camino se nos hizo eterno, porque ya estábamos cansados y además yo lo recordaba más corto. Una vez en la charca nos dividimos en dos grupos: uno nos quedamos comiendo y el otro subió un poco más arriba, aunque luego los vimos y no habían subido tanto... La roca sobre la que nos tumbamos estaba amarilla de polén y acabamos del mismo color. El agua helada que bajaba del río Manzanares nos sirvió de nevera.
En esta zona, además de las jaras y los odiosos árboles de repoblación (nada menos que arizónicas y pinos, que en verano a su sobra te cueces igual que al sol), había pequeñas campanillas y saxífragas, junto a algunas prímulas, todas en flor :)
Aunque íbamos hechos polvo por el paseo y el sol, la bajada se nos hizo bastante corta. A pesar de ello, las ampollas empezaban a notarse, provocadas por la arenilla que se nos había metido en las zapatillas durante la bajada.
Enlaces interesantes:
Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares
La Pedriza: senderismo en la Sierra de Guadarrama
Fotos de paisajes. La Pedriza
Ruta a la Charca Verde desde Manzanares
Por fortuna, el resto del equipo básico no lo olvidé: una botella de agua de litro y medio, una gorra para el sol, la crema protectora y la comida. También levaba un mapa del ejército de la zona, por si acaso, aunque uno de los que venía conocía bien la mayoría de los caminos.
En fin, que ellos llegaron en el autobús a Manzanares, por lo que me tocó dar media vuelta y bajar con el coche al pueblo para subir con ellos todo el camino. Que se nos hizo eterno porque están construyendo las aceras y pasas más rato esquivando coches de otros domingueros como nosotros.
Comenzamos a subir por el camino que va de Manzanares hacia Canto Cochino. Una subida no muy fuerte bordeando el río y llena de formaciones graníticas, como el resto de la sierra. El sol empezaba a apretar, por lo que empezamos a aligerar ropa.

Por el camino ya se veía a la gente que se echaba en las rocas cual lagartos al sol, con bikinis y bañadores varios, para tostarse. Aunque esta vez no vimos a ningún mountain biker.
Una vez en Canto Cochino teníamos que decidirnos entre ir directamente a la charca o subir al Yelmo, que era la idea inicial. La mayoría decidimos subir, y elegimos el segundo de los dos senderillos de subida. Hay bastantes jaras y otras plantas pegaditas al sendero, por lo que subiendo en pantalón corto hay que evitar ir muy pegado a las plantas. Además, son plantas bajas, por lo que no protegen mucho del sol.
La primera parte de la subida es bastante empinada, sin ser difícil, pero enseguida se alisa y llega a una zona de pradera. Esta es la zona en la que están los escaladores, pues hay un par de rocas amplias y con diversas inclinaciones y dificultades, aunque sin llegar a las desplomadas. Supongo que es una buena zona para hacer un curso de iniciación a la escalada.

Nosotros subimos un poco más arriba, pero ya había un par de personas cansadas y empezábamos a estar todos hambrientos. Así que paramos a la sombra de una roca a comer algo, y después de descansar un poco ¡decidimos bajar! La vista que se tiene del antiguo circo glaciar es impresionante.
De aquí nos vamos directos a la charca verce atravesando todos los aparcamientos de Canto Cochino y cogiendo la pista que sube paralela a la ribera del Manzanares.

La verdad es que a todos el camino se nos hizo eterno, porque ya estábamos cansados y además yo lo recordaba más corto. Una vez en la charca nos dividimos en dos grupos: uno nos quedamos comiendo y el otro subió un poco más arriba, aunque luego los vimos y no habían subido tanto... La roca sobre la que nos tumbamos estaba amarilla de polén y acabamos del mismo color. El agua helada que bajaba del río Manzanares nos sirvió de nevera.
En esta zona, además de las jaras y los odiosos árboles de repoblación (nada menos que arizónicas y pinos, que en verano a su sobra te cueces igual que al sol), había pequeñas campanillas y saxífragas, junto a algunas prímulas, todas en flor :)
Aunque íbamos hechos polvo por el paseo y el sol, la bajada se nos hizo bastante corta. A pesar de ello, las ampollas empezaban a notarse, provocadas por la arenilla que se nos había metido en las zapatillas durante la bajada.
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