domingo, octubre 01, 2006
Laguna de Peñalara
Hoy hemos aprovechado el estupendísimo día que hacía en Madrid para subir a la laguna del Peñalara.
La salida se retraso un poco porque un par de amigos tomó el tren que no debía y hubo que ir a buscarlos. Aún así,
cuando llegamos arriba eran las 11 y todavía había una brisa fresquita en Cotos. De todas formas, han convertido aquello en una especie de autopista turística, todo lleno de gente y el camino en muchos sitios con vallas en el lateral para que no salgas. Las indicaciones se agradecen, pero el tratar de mantener a las vacas fuera del parque a toda costa me parece una exageración.
Llegamos arriba antes de la 1, pero como había hambre, nos buscamos una roca ancha en la que poder sentarnos, y es que, después de la lluvia, el terreno estaba húmedo, aunque no encharcado y esponjoso como otras veces.
Bajamos sobre las dos y todavía subía gente. Al meternos bajo los pinos y piceas la temperatura aumentó bastante, pero sin llegar a ser molesto, y de vez en cuando se veían enebros con las endrinas creciendo y alguna fuentecilla. Hasta vimos una ranita verde claro que no debía tener más de 1-2 cm de largo.
En fin, que me ha decepcionado un poco y me quedo con el recuerdo de la laguna cuando era pequeña. Y eso que las vistas en la subida y la bajada son preciosas y a la hora de comer nos pusimos lo suficientemente arriba como para mirando hacía el pico no ver demasiada gente.
Fotos del Peñalara
La salida se retraso un poco porque un par de amigos tomó el tren que no debía y hubo que ir a buscarlos. Aún así,
cuando llegamos arriba eran las 11 y todavía había una brisa fresquita en Cotos. De todas formas, han convertido aquello en una especie de autopista turística, todo lleno de gente y el camino en muchos sitios con vallas en el lateral para que no salgas. Las indicaciones se agradecen, pero el tratar de mantener a las vacas fuera del parque a toda costa me parece una exageración.Llegamos arriba antes de la 1, pero como había hambre, nos buscamos una roca ancha en la que poder sentarnos, y es que, después de la lluvia, el terreno estaba húmedo, aunque no encharcado y esponjoso como otras veces.
Bajamos sobre las dos y todavía subía gente. Al meternos bajo los pinos y piceas la temperatura aumentó bastante, pero sin llegar a ser molesto, y de vez en cuando se veían enebros con las endrinas creciendo y alguna fuentecilla. Hasta vimos una ranita verde claro que no debía tener más de 1-2 cm de largo.
En fin, que me ha decepcionado un poco y me quedo con el recuerdo de la laguna cuando era pequeña. Y eso que las vistas en la subida y la bajada son preciosas y a la hora de comer nos pusimos lo suficientemente arriba como para mirando hacía el pico no ver demasiada gente.
Fotos del Peñalara
domingo, septiembre 17, 2006
Puerto de Navacerrada, 9 de septiembre de 2006
Hemos quedado en Casa Arias, en el puerto de Navacerrada, para hacer una ruta circular de unas tres horas porque varios de los que vamos, entre los que me incluyo, estamos un pelín desentrenado. Es decir, que en principio habremos vuelto a la hora de comer y no necesitaremos llevar agua porque hay dos fuentes en el camino. A pesar de ello, llevamos mas de medio litro de agua por persona :)
Como no, llegamos todos un poco retrasados, pero nos encontramos sin problemas. A fin de cuentas, la Casa Arias está en un sitio bien visible para todo el que sube desde Cerceda, como nosotros. Aún así, todavía hace algo de fresco a la sombra y la gran mayoría de nuestro recorrido transcurre a la sombra. La ruta prevista es la que va por el camino Schmidt hasta el puerto de la Fuenfría y vuelta, que describen en la web de Senderismo Madrid.
Total, que pasamos de largo la subida a Siete Picos para ir al comienzo del camino Schmidt, cerca de la pista del Escaparate, zona que está absolutamente irreconocible desde la última vez que subí hace años (muchos años) y nos metemos en el bosque siguiendo las marcas amarillas circulares. El perrillo en estos momentos va por detrás nuestro y apenas nos cruzamos con un par de personas y algunos corredores. La charla es muy animada ya desde este momento, y eso que algunos de nosotros no se conocían de antemano.
Pasamos de largo la pista de fondo y vamos recordando historias de pérdidas en la sierra, que todos menos el que mejor conocía el camino habíamos sufrido alguna que otra vez. En mi caso yendo de El Paular a la Morcuera. El paseo es muy agradable y lo único que hay que tener cuidado es de no tropezar con alguna de las raíces de pinos desnudas que hay, pero las cuestas no son pronunciadas en casi ningún momento.
En la pradera de Navalusilla, en Collado Ventoso, empieza a chispear y a tronar, pero aún así las vistas son espectaculares. Según bajamos hacia la fuente por el camino de la derecha, comienza a granizar y María y yo nos resbalamos, aunque sin consecuencias. Menos mal que dura poco y la tormenta se transforma en aguacero. Yo saco el cutre chubasquero de verano, sin siquiera capucha, pero es que los demás no llevan nada, por lo que acabamos bastante calados. El perro comienza a protestar y a buscar refugio debajo de las mochilas y el plástico del chubasquero. Obviamente, en la fuente no paramos, aunque hablamos un rato con una pareja refugiada bajo un árbol. Pero ya se sabe el refrán: quien se refugia bajo hoja, dos veces se moja.
Aquí tomamos la carretera de la República hacia la derecha, para subir al puerto de la Fuenfría y nos cruzamos con varios ciclistas resguardados en un saliente de la roca. Por el camino está el mirador de la reina, con vista directa sobre Cercedilla. En el puerto hay varios caminos posibles, hacia Cercedilla por la calzada romana, hacia el Montón de trigo y hacia La Granja y de vuelta a Navacerrada. Hay un grupito de Cruz Roja esperando a que amaine, pero hasta el momento son los mejor equipados de todos.
Tomamos el camino de vuelta y nos pasamos el desvío que conecta con la senda de los Cospes y el camino Schmidt por ir distraidos hablando. Cuando parece que ya llevamos demasiado camino bajado decidimos salir de pista para conectar con el camino Schmidt, que sabemos que va a mayor altura. Total, que cuando llegamos a un claro buscamos orientarnos para ver cuánto nos falta. La Bola del mundo se diferencia claramente con sus antenas de televisión coronando la cima, pero nuestra sorpresa es mayúscula cuando vemos que estamos separados de Siete Picos por un valle.
¡Horror! ¿Y ahora qué hacemos? En nuestro caso, descartamos tanto volver atrás como atravesar en línea recta y arriegarnos a que el arroyuelo no se pueda cruzar abajo. Es decir, que solo nos queda ir bordeando el cerro por el lado contrario al que vinimos hasta llegar al paso que une ambas montañas hasta llegar a otra praderita, con un círculo de piedras y unas flores de la familia de las crocosmias alfombrando el suelo. Seguimos sin ver pista alguna, por lo que enfilamos hacia el puerto de Navacerrada ascendiendo poco a poco para llegar al camino Schmidt.
Nos cruzamos con un grupito de personas comiendo, a los que le preguntamos hacia dónde está el camino. Nos indican hacia abajo, que sabemos que no puede ser, por lo que seguimos por donde vamos. Al final nos salimos de la nuestra y encontramos las marcas verdes, que supongo que indican los Cospes, que se alternan con las marcas amarillas del camino Schmidt. En esta zona de Siete Picos hay mucha madera en el bosque, que no se porqué han dejado en la ladera, porque con el verano tan seco que hay se incrementa el riesgo de incendios e infecciones.
En este tramo final ya se nota el cansancio acumulado en la pierna y paramos a comer un ratillo la fruta y chocolate con almendras que llevamos. Se nota quien está en forma y quien no, porque María empieza a ir más lenta y la perra se aleja del grupo delantero y se viene para atrás hasta comprobar que está todavía por allí. Si me interpongo en su camino, se mueve hasta que la ve antes de volver a adelantarse al otro grupo.
Para terminar de calentarnos, pues ya nos hemos secado, nada mejor que un chocolatito caliente en la cafetería.
Como no, llegamos todos un poco retrasados, pero nos encontramos sin problemas. A fin de cuentas, la Casa Arias está en un sitio bien visible para todo el que sube desde Cerceda, como nosotros. Aún así, todavía hace algo de fresco a la sombra y la gran mayoría de nuestro recorrido transcurre a la sombra. La ruta prevista es la que va por el camino Schmidt hasta el puerto de la Fuenfría y vuelta, que describen en la web de Senderismo Madrid.
Total, que pasamos de largo la subida a Siete Picos para ir al comienzo del camino Schmidt, cerca de la pista del Escaparate, zona que está absolutamente irreconocible desde la última vez que subí hace años (muchos años) y nos metemos en el bosque siguiendo las marcas amarillas circulares. El perrillo en estos momentos va por detrás nuestro y apenas nos cruzamos con un par de personas y algunos corredores. La charla es muy animada ya desde este momento, y eso que algunos de nosotros no se conocían de antemano.
Pasamos de largo la pista de fondo y vamos recordando historias de pérdidas en la sierra, que todos menos el que mejor conocía el camino habíamos sufrido alguna que otra vez. En mi caso yendo de El Paular a la Morcuera. El paseo es muy agradable y lo único que hay que tener cuidado es de no tropezar con alguna de las raíces de pinos desnudas que hay, pero las cuestas no son pronunciadas en casi ningún momento.
En la pradera de Navalusilla, en Collado Ventoso, empieza a chispear y a tronar, pero aún así las vistas son espectaculares. Según bajamos hacia la fuente por el camino de la derecha, comienza a granizar y María y yo nos resbalamos, aunque sin consecuencias. Menos mal que dura poco y la tormenta se transforma en aguacero. Yo saco el cutre chubasquero de verano, sin siquiera capucha, pero es que los demás no llevan nada, por lo que acabamos bastante calados. El perro comienza a protestar y a buscar refugio debajo de las mochilas y el plástico del chubasquero. Obviamente, en la fuente no paramos, aunque hablamos un rato con una pareja refugiada bajo un árbol. Pero ya se sabe el refrán: quien se refugia bajo hoja, dos veces se moja.
Aquí tomamos la carretera de la República hacia la derecha, para subir al puerto de la Fuenfría y nos cruzamos con varios ciclistas resguardados en un saliente de la roca. Por el camino está el mirador de la reina, con vista directa sobre Cercedilla. En el puerto hay varios caminos posibles, hacia Cercedilla por la calzada romana, hacia el Montón de trigo y hacia La Granja y de vuelta a Navacerrada. Hay un grupito de Cruz Roja esperando a que amaine, pero hasta el momento son los mejor equipados de todos.
Tomamos el camino de vuelta y nos pasamos el desvío que conecta con la senda de los Cospes y el camino Schmidt por ir distraidos hablando. Cuando parece que ya llevamos demasiado camino bajado decidimos salir de pista para conectar con el camino Schmidt, que sabemos que va a mayor altura. Total, que cuando llegamos a un claro buscamos orientarnos para ver cuánto nos falta. La Bola del mundo se diferencia claramente con sus antenas de televisión coronando la cima, pero nuestra sorpresa es mayúscula cuando vemos que estamos separados de Siete Picos por un valle.
¡Horror! ¿Y ahora qué hacemos? En nuestro caso, descartamos tanto volver atrás como atravesar en línea recta y arriegarnos a que el arroyuelo no se pueda cruzar abajo. Es decir, que solo nos queda ir bordeando el cerro por el lado contrario al que vinimos hasta llegar al paso que une ambas montañas hasta llegar a otra praderita, con un círculo de piedras y unas flores de la familia de las crocosmias alfombrando el suelo. Seguimos sin ver pista alguna, por lo que enfilamos hacia el puerto de Navacerrada ascendiendo poco a poco para llegar al camino Schmidt.
Nos cruzamos con un grupito de personas comiendo, a los que le preguntamos hacia dónde está el camino. Nos indican hacia abajo, que sabemos que no puede ser, por lo que seguimos por donde vamos. Al final nos salimos de la nuestra y encontramos las marcas verdes, que supongo que indican los Cospes, que se alternan con las marcas amarillas del camino Schmidt. En esta zona de Siete Picos hay mucha madera en el bosque, que no se porqué han dejado en la ladera, porque con el verano tan seco que hay se incrementa el riesgo de incendios e infecciones.En este tramo final ya se nota el cansancio acumulado en la pierna y paramos a comer un ratillo la fruta y chocolate con almendras que llevamos. Se nota quien está en forma y quien no, porque María empieza a ir más lenta y la perra se aleja del grupo delantero y se viene para atrás hasta comprobar que está todavía por allí. Si me interpongo en su camino, se mueve hasta que la ve antes de volver a adelantarse al otro grupo.
Para terminar de calentarnos, pues ya nos hemos secado, nada mejor que un chocolatito caliente en la cafetería.
miércoles, agosto 02, 2006
Gran regata de barcos escuela, Cádiz, 27 de julio de 2006
Llegué a Cádiz con tiempo suficiente para dejar las cosas en la residencia en la que me alojé, cambiarme de ropa y llegar al puerto poco después de que abriesen las puertas al público en general. Pero claro, el madrugón no le sienta bien a nadie y me olvidé la crema protectora. Las tres horas que pasaron hasta que volví fueron suficientes para quemarme :(
Tres eran los barcos que quería visitar: el Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada Española; el Alexander von Humbolt con sus velas verdes, alemán; y el Amerigo Vespucci, de la Armada italiana.
Así que nos según entramos, y dado que además era el mas cercano, nos fuimos directos al Juan Sebastián Elcano. Afortunadamente iba con un amigo que conocía a gente a bordo y pudimos saltarnos la cola, que aún a pesar de no llevar mucho rato abierto el recinto ya tenía como mínimo para una hora de espera.
El barco es una preciosidad de cuatro mástiles, aunque al compararlo con el Mir y Dar Mloziezy de tres palos me lo esperaba mayor, que apenas se elevaba sobre el muelle. Además es de los pocos barcos de este estilo que llevan cangrejas y escandalosas y no solo cuadras (el nombre correcto es aparejo de cuchillo y de cruz, respectivamente).
Tiene dos cañas, una enorme de emergencia hacia popa y otra en el puente (o como se llame, es una especie de pasarela elevada), más pequeña y con mejor visibilidad. A la grande me hice la típica foto, pero me corté bastante con la cámara y ahora me arrepiento de no haber sacado mas fotos a algunas otras cosas. En fin, habrá que volver a visitarlo algún día, jeje.
Gracias a mi amigo pude visitar parte del interior del barco, que no está abierto a las visitas generales salvo que se asomen por los ventanucos, como la sala de derrotas de los guardiamarinas y la sala de cartas y banderas. Que al contrario que en otros veleros, no estaban adornando el barco sino bien guardaditas.
Terminamos la visita en la proa, al pie del bauprés, desde el que se podía ver tanto al Christian Radich, el barco escuela noruego, como a los que estaban en el muelle perpendicular: Amerigo Vespucci, Mir, Lord Nelson, etc. De todas formas, para cuando terminamos la visita, el Amerigo estaba cerrado al público y no reabrían hasta las 4 de la tarde, momento en el que ya había una cola tal como para no intentar la visita. Total, que al final no visité este barco tan rechoncho en comparación con los que le rodeaban, y que dicen que tienen los italianos casi como si fuese un museo, de lo cuidado. Cosa que me creo después de haber visto como tienen el Palinuro.
Entretanto me quedé sola y me llegué hasta los últimos barcos del muelle principal: el Falken, Asgard y no recuerdo su nombre. Lo que sí recuerdo es ver a los suecos con una profesora, bajo una toldilla, tratando de aprender a bailar sevillanas. Bastante simpático :)
A la vuelta, y antes de ir a comer, todavía hubo tiempo para visitar el Lord Nelson, con sus ascensores para permitir la travesía a personas en silla de rueda; el Capitán Miranda, en la que un chico me pidió que tocase la campana para que en el vídeo se viese que no estaba de adorno, y en la que casi dejamos sorda a la pobre chica que repartía la publicidad del turismo de Uruguay; y justo para el final, el Sagres con su gigantesca bandera portuguesa (igual de grande que la del Elcano) y el Alexander von Humboldt, en el que un pobre marinero se hartó a bajar niños a pulso de la escalera que habían puesto para acceder al barco. Me decepcionó un poco, porque esperaba otra cosa, lo mismo que la mayoría de los mascarones de proa, que o eran inexistentes o sosos.
Por la tarde, después de la siesta, y dado que con la quemadura no iba a ir a la playa, aproveché para visitar el centro de la ciudad y la catedral. Catedral que tiene redes de protección para evitar que trozos desprendidos del techo aterricen en la cabeza de los pobres incautos. Y al salir, resulta que el desfile de tripulaciones pasaba justo por delante. Lo que teniendo en cuenta que la mayoría de las tripulaciones son menores de 24 años y que tienen ganas de juerga además de un premio a la más original, pues nos lo pasamos bomba los relativamente pocos espectadores que allí estábamos :) En la entrega de premios, la tripulación del Amerigo Vespucci acaparó con la mayoría.
Y a cenar prontito para ver el espectáculo de los caballos andaluces cortesía del ayuntamiento, aunque con lo justa de tiempo que llegué sólo veía un cacho de pista. El espectáculo está bien, especialmente hacia el final, con los saltos y los dos grupos de jinetes evolucionando sobre la arena.
Rematando por la noche, que me pasé sentada al borde del agua para evitar agobios de gente que paseaba por el muelle cerca de los barcos, carritos de bebé incluidos, un concierto de pop español: La guardia, Modestia aparte y Danza invisible. Lástima que estaba tan rendida de cansancio que me tuve que volver prontísimo.
Enlaces:
Juan Sebastián de Elcano
50ª regata de grandes veleros
Fotos de los veleros y actos en Cádiz
Fotos de Cádiz
Tres eran los barcos que quería visitar: el Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada Española; el Alexander von Humbolt con sus velas verdes, alemán; y el Amerigo Vespucci, de la Armada italiana.
Así que nos según entramos, y dado que además era el mas cercano, nos fuimos directos al Juan Sebastián Elcano. Afortunadamente iba con un amigo que conocía a gente a bordo y pudimos saltarnos la cola, que aún a pesar de no llevar mucho rato abierto el recinto ya tenía como mínimo para una hora de espera.
El barco es una preciosidad de cuatro mástiles, aunque al compararlo con el Mir y Dar Mloziezy de tres palos me lo esperaba mayor, que apenas se elevaba sobre el muelle. Además es de los pocos barcos de este estilo que llevan cangrejas y escandalosas y no solo cuadras (el nombre correcto es aparejo de cuchillo y de cruz, respectivamente).
Tiene dos cañas, una enorme de emergencia hacia popa y otra en el puente (o como se llame, es una especie de pasarela elevada), más pequeña y con mejor visibilidad. A la grande me hice la típica foto, pero me corté bastante con la cámara y ahora me arrepiento de no haber sacado mas fotos a algunas otras cosas. En fin, habrá que volver a visitarlo algún día, jeje.
Gracias a mi amigo pude visitar parte del interior del barco, que no está abierto a las visitas generales salvo que se asomen por los ventanucos, como la sala de derrotas de los guardiamarinas y la sala de cartas y banderas. Que al contrario que en otros veleros, no estaban adornando el barco sino bien guardaditas.
Terminamos la visita en la proa, al pie del bauprés, desde el que se podía ver tanto al Christian Radich, el barco escuela noruego, como a los que estaban en el muelle perpendicular: Amerigo Vespucci, Mir, Lord Nelson, etc. De todas formas, para cuando terminamos la visita, el Amerigo estaba cerrado al público y no reabrían hasta las 4 de la tarde, momento en el que ya había una cola tal como para no intentar la visita. Total, que al final no visité este barco tan rechoncho en comparación con los que le rodeaban, y que dicen que tienen los italianos casi como si fuese un museo, de lo cuidado. Cosa que me creo después de haber visto como tienen el Palinuro.
Entretanto me quedé sola y me llegué hasta los últimos barcos del muelle principal: el Falken, Asgard y no recuerdo su nombre. Lo que sí recuerdo es ver a los suecos con una profesora, bajo una toldilla, tratando de aprender a bailar sevillanas. Bastante simpático :)
A la vuelta, y antes de ir a comer, todavía hubo tiempo para visitar el Lord Nelson, con sus ascensores para permitir la travesía a personas en silla de rueda; el Capitán Miranda, en la que un chico me pidió que tocase la campana para que en el vídeo se viese que no estaba de adorno, y en la que casi dejamos sorda a la pobre chica que repartía la publicidad del turismo de Uruguay; y justo para el final, el Sagres con su gigantesca bandera portuguesa (igual de grande que la del Elcano) y el Alexander von Humboldt, en el que un pobre marinero se hartó a bajar niños a pulso de la escalera que habían puesto para acceder al barco. Me decepcionó un poco, porque esperaba otra cosa, lo mismo que la mayoría de los mascarones de proa, que o eran inexistentes o sosos.
Por la tarde, después de la siesta, y dado que con la quemadura no iba a ir a la playa, aproveché para visitar el centro de la ciudad y la catedral. Catedral que tiene redes de protección para evitar que trozos desprendidos del techo aterricen en la cabeza de los pobres incautos. Y al salir, resulta que el desfile de tripulaciones pasaba justo por delante. Lo que teniendo en cuenta que la mayoría de las tripulaciones son menores de 24 años y que tienen ganas de juerga además de un premio a la más original, pues nos lo pasamos bomba los relativamente pocos espectadores que allí estábamos :) En la entrega de premios, la tripulación del Amerigo Vespucci acaparó con la mayoría.
Y a cenar prontito para ver el espectáculo de los caballos andaluces cortesía del ayuntamiento, aunque con lo justa de tiempo que llegué sólo veía un cacho de pista. El espectáculo está bien, especialmente hacia el final, con los saltos y los dos grupos de jinetes evolucionando sobre la arena.
Rematando por la noche, que me pasé sentada al borde del agua para evitar agobios de gente que paseaba por el muelle cerca de los barcos, carritos de bebé incluidos, un concierto de pop español: La guardia, Modestia aparte y Danza invisible. Lástima que estaba tan rendida de cansancio que me tuve que volver prontísimo.
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Etiquetas: España
domingo, octubre 30, 2005
Paseo por Sevilla, 1 de octubre de 2005
Pues si, el motivo de la visita a Sevilla fue un examen de una oposición, examen que suspendí. Pero no importa, porqué aproveché para conocer un poco la ciudad y conocer en persona al escritor de "Ladrones de Atlántida", José Ángel Muriel, y su mujer, que resultaron ser unas bellísimas personas.
Con ellos tuvimos las primeras impresiones de la ciudad. Nos recogieron en Santa Justa y nos fuimos a dar un paseo por el centro. Así que atravesamos varias calles y los jardines de Murillo, hasta desembocar en un lienzo de muralla desde el que ya se veía la catedral de Sevilla. Lo primero que anonada es su tamaño, inmenso. Y solo después de asimilarlo te acuerdas de la Giralda, últimamente de actualidad por la desinformación de Dan Brown respecto a ella en su libro La conspiración.
Así allá que nos fuimos, hasta que la Salve rociera que escapaba de una de las entradas laterales nos detuvo. La Salve rociera es una de esas canciones que siempre me fascina, con su "Dios te salve María" y sus series de olés, y que escuché por primera vez en el mismísimo Rocío. Aprovechamos la parada para hacerle algunas foticos a la portada, su tímpano, arquivoltas, arbotantes, etc.
Y tras rodear la catedral hasta la entrada del Patio de los naranjos y darnos cuenta de la hora, nos fuimos a comer de tapas a un sitio cercano a Sierpes. Toda esta zona comercial está sombreada, a pesar de ser mediodía, por unos toldos que hacen el paseo de lo más agradable, sobre todo si tenemos en cuenta que a pesar de la fecha debemos de estar rondando los 30ºC. Nos pusimos como el quico, el jamoncito estaba buenísimo y en su temperatura adecuada para fundir la grasilla, y no nos salió muy cara la cosa.
No recuerdo exactamente el momento en qué vimos la parte de atras del Ayuntamiento, que es una joya plateresca, aunque por la tarde lo vimos por el lado que da a la Plaza Nueva y no me pareció gran cosa. De hecho, ni siquiera me pareció el mismo edificio. En fin...
Y antes de irnos a la universidad, nos pasamos por la Plaza de España, que a pesar de haber visto en El ataque de los clones, clonada e invertida ella misma, no recordaba de nada hasta que no me pasaron la foto. Y menos aún me acordaba de su aparición en Misión imposible 2. La gracia de la Plaza, además del canal ahora seco, estriba en que cada banco está decorado con la imagen y plano de una provincia española. Aunque había ahora bastantes que no podían verse al estar en restauración.
Ya después del examen, y nosotras solas, nos dedicamos a dar otro paseo por el centro y callejear hacia la Casa Pilatos. Lo más más gracioso fue ver a un pedigüeño con tres carteles y su correspondiente cartoncito para las monedas: para vino, para tabaco y para whiskey. El más lleno, por supuesto, el del Whiskey. Y lo más chocante fue la iglesia de San José, que tenía varios cds colgando de las puertas por motivos que ignoro. Además de tener a alguien con turbante en una de las hornacinas. Luego topamos con la iglesia del Salvador, que también es enorme y también están restaurando.
Siguiendo el camino le hicimos otra foto al campanario de la iglesia de San Pedro, donde después me he enterado que bautizaron a Velázquez, y otra más a la fachada de San Ildefonso, en la que vimos una imagen en el exterior que me llamó mucho la atención. Supongo que es también una parada o estación de un paso de Semana Santa, porque otro similar que encontramos más adelante lo era.
Y ya casi anochecido llegamos a la Casa Pilatos, que llevaba un buen rato cerrada y por tanto no pudimos visitar. Por lo que junto al barrio de Triana y la Torre del oro queda pendiente para una próxima visita. Eso si, la luz fue suficiente para identificar en la placa la escultura de un pintor como Zurbarán.

Más información:
Fotos de Sevilla
Casco histórico de Sevilla
Turismo de Sevilla
Información sobre monumentos y cómo moverse por Sevilla
Paseando por Sevilla
Información general sobre Sevilla
Con ellos tuvimos las primeras impresiones de la ciudad. Nos recogieron en Santa Justa y nos fuimos a dar un paseo por el centro. Así que atravesamos varias calles y los jardines de Murillo, hasta desembocar en un lienzo de muralla desde el que ya se veía la catedral de Sevilla. Lo primero que anonada es su tamaño, inmenso. Y solo después de asimilarlo te acuerdas de la Giralda, últimamente de actualidad por la desinformación de Dan Brown respecto a ella en su libro La conspiración.
Así allá que nos fuimos, hasta que la Salve rociera que escapaba de una de las entradas laterales nos detuvo. La Salve rociera es una de esas canciones que siempre me fascina, con su "Dios te salve María" y sus series de olés, y que escuché por primera vez en el mismísimo Rocío. Aprovechamos la parada para hacerle algunas foticos a la portada, su tímpano, arquivoltas, arbotantes, etc.
Y tras rodear la catedral hasta la entrada del Patio de los naranjos y darnos cuenta de la hora, nos fuimos a comer de tapas a un sitio cercano a Sierpes. Toda esta zona comercial está sombreada, a pesar de ser mediodía, por unos toldos que hacen el paseo de lo más agradable, sobre todo si tenemos en cuenta que a pesar de la fecha debemos de estar rondando los 30ºC. Nos pusimos como el quico, el jamoncito estaba buenísimo y en su temperatura adecuada para fundir la grasilla, y no nos salió muy cara la cosa.
No recuerdo exactamente el momento en qué vimos la parte de atras del Ayuntamiento, que es una joya plateresca, aunque por la tarde lo vimos por el lado que da a la Plaza Nueva y no me pareció gran cosa. De hecho, ni siquiera me pareció el mismo edificio. En fin...
Y antes de irnos a la universidad, nos pasamos por la Plaza de España, que a pesar de haber visto en El ataque de los clones, clonada e invertida ella misma, no recordaba de nada hasta que no me pasaron la foto. Y menos aún me acordaba de su aparición en Misión imposible 2. La gracia de la Plaza, además del canal ahora seco, estriba en que cada banco está decorado con la imagen y plano de una provincia española. Aunque había ahora bastantes que no podían verse al estar en restauración.Ya después del examen, y nosotras solas, nos dedicamos a dar otro paseo por el centro y callejear hacia la Casa Pilatos. Lo más más gracioso fue ver a un pedigüeño con tres carteles y su correspondiente cartoncito para las monedas: para vino, para tabaco y para whiskey. El más lleno, por supuesto, el del Whiskey. Y lo más chocante fue la iglesia de San José, que tenía varios cds colgando de las puertas por motivos que ignoro. Además de tener a alguien con turbante en una de las hornacinas. Luego topamos con la iglesia del Salvador, que también es enorme y también están restaurando.
Siguiendo el camino le hicimos otra foto al campanario de la iglesia de San Pedro, donde después me he enterado que bautizaron a Velázquez, y otra más a la fachada de San Ildefonso, en la que vimos una imagen en el exterior que me llamó mucho la atención. Supongo que es también una parada o estación de un paso de Semana Santa, porque otro similar que encontramos más adelante lo era.
Y ya casi anochecido llegamos a la Casa Pilatos, que llevaba un buen rato cerrada y por tanto no pudimos visitar. Por lo que junto al barrio de Triana y la Torre del oro queda pendiente para una próxima visita. Eso si, la luz fue suficiente para identificar en la placa la escultura de un pintor como Zurbarán.

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martes, agosto 02, 2005
Santa María la Real, Nájera
Aprovechando el viaje de vuelta de Calahorra, que no voy a comentar porque ni siquiera vimos la catedral, decidimos parar en Nájera a ver el Monasterio de Santa María la Real. Queríamos haber parado en Suso y Yuso (San Millán de la Cogolla), pero nos recomendaron que haciendo sólo una parada eligiésemos Nájera y después de ver el Monasterio tengo que estar bastante de acuerdo con el comentario, porque es sencillamente impresionante.
Aparcamos el coche y cruzamos el Najerilla por un puente peatonal que lleva directamente al casco histórico del pueblo. Deambulamos por las callejuelas hasta llegar a la parroquía de la Santa Cruz, en la que había un único nido de cigüeña no muy grande. El retablo y las capillas están bien, pero tampoco son nada del otro mundo.
De aquí fuimos al monasterio de Santa María la Real, a lo que resultó ser la salida, con varios escudos reales sobre la puerta, y un escenario enorme ocupando la plazoleta y estorbando el plazo. Visto lo visto, seguimos bordeando los muros hasta llegar a las taquillas, que pasamos de largo porque no vimos entrada, así que nos tocó dar la vuelta a por las entradas.
Mientras esperábamos y admirábamos los impresionantes torreones/refuerzos exteriores de la iglesia del monasterio se me acercó un peregrino francés a preguntarme por el albergue, pero no le pude ayudar demasiado.
La visita al monasterio de Santa María, en el que han montado una exposición llamada El legado medieval, comienza por los sepulcros de los infantes, en el que destaca el de Doña Blanca por ser el único tallado en los laterales. De aquí se pasa al Panteón de los Reyes, con una docena de sepulcros impresionantes de los reyes de Nájera-Pamplona y sus esposas.
Después se accede a la cueva de la virgen, con un altarcillo con azucenas pintadas a modo de alegoría de la fundación del monasterio a raíz de una aparición de la virgen. Y al salir, una recopilación de vígenes de distintos pueblos de La Rioja: Valvanera, San Millán, Aldeanueva de Ebro... Pero yo no debía de estar muy fina con la cámara de fotos en este punto, porque dos fotos que pensé que había hecho no han aparecido, y es que una de las vírgenes está amamantando al niño Jesús, cosa que me pareció muy curiosa.
Tras pasar por delante del retablo y el altar mayor de la iglesia, subimos al triforio por una escalera de caracol. El triforio no sólo es un pasillo angosto, sino que a la que te descuidas puedes acabar con un buen coscorrón en la cabeza.
La exposición moderna, con varias recreaciones que no me gustaron de una biblioteca, bodega y botica, tiene como puntos más interesantes varios códices miniados antiguos (como una biblia de San Millán de la Cogolla) y varios facsímiles de los que te dejan con la boca abierta. Libros de tamaños que van del grande al enorme y que te hace preguntarte de dónde salió aquello de que el saber no ocupa lugar.
El coro lo tenían bastante oscuro, pero la ambientación, con música gregoriana de fondo, es estupenda.
En cambio, en el claustro han puesto una especie de flores de cristal que desentonan más en el conjunto gótico que la palmera. En el primer pasillo le faltan las cabezas a casi todas las estatuas de los pilares, lo que hace un efecto chocante porque una de las primeras tiene una cabeza a sus pies que si que podría ser la suya (en caso de que fuese San Juan Bautista, por ejemplo). En varias capillas adyacentes se ven diversos sepulcros y sarcófagos, así como otras piezas de la exposición. Lo mas llamativo, por sus detalles infinitos, es un pequeño retablo portátil lleno de figuras en miniatura.
También paramos en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada, pero tenían la catedral cerrada y el monasterio de los franciscanos formaba parte del parador y tampoco se podía visitar, así que nos limitamos a comer y dar un paseo por el pueblo, que tiene unos restos de murallas reconvertidos en garajes y medio derruidos, y una plaza del ayuntamiento bastante bonita.
El albergue de caminantes es una antigua abadía, o algo así. Luego vimos sobre todo a ciclistas siguiendo el Camino de Santiago a pleno sol y con las alforjas bastante uniformizadas. No así a caminantes, que debían de estar evitando las horas de más calor y sol.
Más información:
Monasterio de Santa María la Real de Nájera
Nájera, corte de reyes
Fotos de Santa María la Real de Nájera
Fotos de Santo Domingo de la Calzada
Aparcamos el coche y cruzamos el Najerilla por un puente peatonal que lleva directamente al casco histórico del pueblo. Deambulamos por las callejuelas hasta llegar a la parroquía de la Santa Cruz, en la que había un único nido de cigüeña no muy grande. El retablo y las capillas están bien, pero tampoco son nada del otro mundo.
De aquí fuimos al monasterio de Santa María la Real, a lo que resultó ser la salida, con varios escudos reales sobre la puerta, y un escenario enorme ocupando la plazoleta y estorbando el plazo. Visto lo visto, seguimos bordeando los muros hasta llegar a las taquillas, que pasamos de largo porque no vimos entrada, así que nos tocó dar la vuelta a por las entradas.
Mientras esperábamos y admirábamos los impresionantes torreones/refuerzos exteriores de la iglesia del monasterio se me acercó un peregrino francés a preguntarme por el albergue, pero no le pude ayudar demasiado.
La visita al monasterio de Santa María, en el que han montado una exposición llamada El legado medieval, comienza por los sepulcros de los infantes, en el que destaca el de Doña Blanca por ser el único tallado en los laterales. De aquí se pasa al Panteón de los Reyes, con una docena de sepulcros impresionantes de los reyes de Nájera-Pamplona y sus esposas.
Después se accede a la cueva de la virgen, con un altarcillo con azucenas pintadas a modo de alegoría de la fundación del monasterio a raíz de una aparición de la virgen. Y al salir, una recopilación de vígenes de distintos pueblos de La Rioja: Valvanera, San Millán, Aldeanueva de Ebro... Pero yo no debía de estar muy fina con la cámara de fotos en este punto, porque dos fotos que pensé que había hecho no han aparecido, y es que una de las vírgenes está amamantando al niño Jesús, cosa que me pareció muy curiosa.
Tras pasar por delante del retablo y el altar mayor de la iglesia, subimos al triforio por una escalera de caracol. El triforio no sólo es un pasillo angosto, sino que a la que te descuidas puedes acabar con un buen coscorrón en la cabeza.
La exposición moderna, con varias recreaciones que no me gustaron de una biblioteca, bodega y botica, tiene como puntos más interesantes varios códices miniados antiguos (como una biblia de San Millán de la Cogolla) y varios facsímiles de los que te dejan con la boca abierta. Libros de tamaños que van del grande al enorme y que te hace preguntarte de dónde salió aquello de que el saber no ocupa lugar.
El coro lo tenían bastante oscuro, pero la ambientación, con música gregoriana de fondo, es estupenda.
En cambio, en el claustro han puesto una especie de flores de cristal que desentonan más en el conjunto gótico que la palmera. En el primer pasillo le faltan las cabezas a casi todas las estatuas de los pilares, lo que hace un efecto chocante porque una de las primeras tiene una cabeza a sus pies que si que podría ser la suya (en caso de que fuese San Juan Bautista, por ejemplo). En varias capillas adyacentes se ven diversos sepulcros y sarcófagos, así como otras piezas de la exposición. Lo mas llamativo, por sus detalles infinitos, es un pequeño retablo portátil lleno de figuras en miniatura.
También paramos en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada, pero tenían la catedral cerrada y el monasterio de los franciscanos formaba parte del parador y tampoco se podía visitar, así que nos limitamos a comer y dar un paseo por el pueblo, que tiene unos restos de murallas reconvertidos en garajes y medio derruidos, y una plaza del ayuntamiento bastante bonita.
El albergue de caminantes es una antigua abadía, o algo así. Luego vimos sobre todo a ciclistas siguiendo el Camino de Santiago a pleno sol y con las alforjas bastante uniformizadas. No así a caminantes, que debían de estar evitando las horas de más calor y sol.
Más información:
Monasterio de Santa María la Real de Nájera
Nájera, corte de reyes
Fotos de Santa María la Real de Nájera
Fotos de Santo Domingo de la Calzada
Etiquetas: España
domingo, junio 19, 2005
Día de regatas de traineras en Santander
Llegué a Santander el viernes por la tarde, y como es mi costumbre cuando estoy aquí, me dirijí a la Grúa de Piedra y el palacete para leer. Al llegar al embarcadero me sorprendió un cartel con el precio y los horarios para las regatas, pero ¿qué regatas?
Me senté, miré las cabritillas que hacía el viento en el mar, sobre su superficie rizada, y me enfrasqué en mi libro todo lo que me permitían los gritos de unos chavalucos cercanos.
Poco después descubrí de qué eran las regatas, o al menos, una de ellas: de traineras. Las traineras son una especie de canoas con 12 remeros, un proel y un timonel, pero con las bancadas fijas. El origen de estas regatas se encuentra en el pasado pesquero de toda la cornisa cantábrica, cuando el primer barco que llegaba a la lonja era el que mejor precio obtenía, o por lo menos eso es lo que siempre me contaron.

En la primera tanda remaron Santander (Virgen del mar), Laredo (La pejinuca) y Pontejos. En la primera ciaboga (el pase de boya) Santander se fue lejísimos, lo mismo que en la tercera. En cambió, la segunda, frente a su gente, la bordó. Pontejos, que fue en cabeza desde la salida de la primera ciaboga, no pudo hacer nada ante el poderoso final de Santander y quedó segunda.
En la segunda tanda remaban los favoritos: Pedreña, Castro y Astillero, ésta última con una pedreñera (las lanchas que cruzan la bahía a modo de autobuses acuáticos) llena de seguidores apoyándoles. De nuevo, en la primera ciaboga, la trainera que remaba por dentro se fue lejísimos, asi que más que a fallos de los remeros habrá que achacarlo a alguna corriente extraña.
Esta regata se convirtió en un mano a mano entre la Marinera de Castro, de roja ella, y los azules de Astillero, decidido por apenas centésimas a favor de ésta última. La bandera Bansander fue a parar tras el cómputo de tiempos a Astillero. La bandera es el trofeo que recibe el ganador en una regata de traineras.
De todas formas, y aunque tanto viento no favorezca a las traineras, si que lo hace con los veleros, de los que sólo he visto uno navegando con el nordeste estupendísimo que se ha entablado.
A la vuelta no podía fallar uno de los maravillosos y enormes helados de Regma. Otra de mis pequeñas debilidades ;)
[Nota]: Este fin de semana también ha coincidido en Santander unas pruebas puntuables de vela crucero celebradas frente a la playa, entre Galizano y Cabo Mayor.
Más información sobre traineras:
Asociación clubes de traineras
Información general
Las regatas de Traineras en Cantabria
Me senté, miré las cabritillas que hacía el viento en el mar, sobre su superficie rizada, y me enfrasqué en mi libro todo lo que me permitían los gritos de unos chavalucos cercanos.
Poco después descubrí de qué eran las regatas, o al menos, una de ellas: de traineras. Las traineras son una especie de canoas con 12 remeros, un proel y un timonel, pero con las bancadas fijas. El origen de estas regatas se encuentra en el pasado pesquero de toda la cornisa cantábrica, cuando el primer barco que llegaba a la lonja era el que mejor precio obtenía, o por lo menos eso es lo que siempre me contaron.

En la primera tanda remaron Santander (Virgen del mar), Laredo (La pejinuca) y Pontejos. En la primera ciaboga (el pase de boya) Santander se fue lejísimos, lo mismo que en la tercera. En cambió, la segunda, frente a su gente, la bordó. Pontejos, que fue en cabeza desde la salida de la primera ciaboga, no pudo hacer nada ante el poderoso final de Santander y quedó segunda.
En la segunda tanda remaban los favoritos: Pedreña, Castro y Astillero, ésta última con una pedreñera (las lanchas que cruzan la bahía a modo de autobuses acuáticos) llena de seguidores apoyándoles. De nuevo, en la primera ciaboga, la trainera que remaba por dentro se fue lejísimos, asi que más que a fallos de los remeros habrá que achacarlo a alguna corriente extraña.
Esta regata se convirtió en un mano a mano entre la Marinera de Castro, de roja ella, y los azules de Astillero, decidido por apenas centésimas a favor de ésta última. La bandera Bansander fue a parar tras el cómputo de tiempos a Astillero. La bandera es el trofeo que recibe el ganador en una regata de traineras.
De todas formas, y aunque tanto viento no favorezca a las traineras, si que lo hace con los veleros, de los que sólo he visto uno navegando con el nordeste estupendísimo que se ha entablado.
A la vuelta no podía fallar uno de los maravillosos y enormes helados de Regma. Otra de mis pequeñas debilidades ;)
[Nota]: Este fin de semana también ha coincidido en Santander unas pruebas puntuables de vela crucero celebradas frente a la playa, entre Galizano y Cabo Mayor.
Más información sobre traineras:
Asociación clubes de traineras
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Las regatas de Traineras en Cantabria
Etiquetas: España
sábado, mayo 14, 2005
La Pedriza, Madrid
El domingo pasado habían quedado unos amigos para subir a La Pedriza y a última hora decidí apuntarme. ¿Qué significa eso? Que hice el macuto aprisa y corriendo y olvidé llevar una camiseta de manga larga fina, para protegerme del sol. De todas formas, me dejaron una y me cubrí los hombros con ella.
Por fortuna, el resto del equipo básico no lo olvidé: una botella de agua de litro y medio, una gorra para el sol, la crema protectora y la comida. También levaba un mapa del ejército de la zona, por si acaso, aunque uno de los que venía conocía bien la mayoría de los caminos.
En fin, que ellos llegaron en el autobús a Manzanares, por lo que me tocó dar media vuelta y bajar con el coche al pueblo para subir con ellos todo el camino. Que se nos hizo eterno porque están construyendo las aceras y pasas más rato esquivando coches de otros domingueros como nosotros.
Comenzamos a subir por el camino que va de Manzanares hacia Canto Cochino. Una subida no muy fuerte bordeando el río y llena de formaciones graníticas, como el resto de la sierra. El sol empezaba a apretar, por lo que empezamos a aligerar ropa.

Por el camino ya se veía a la gente que se echaba en las rocas cual lagartos al sol, con bikinis y bañadores varios, para tostarse. Aunque esta vez no vimos a ningún mountain biker.
Una vez en Canto Cochino teníamos que decidirnos entre ir directamente a la charca o subir al Yelmo, que era la idea inicial. La mayoría decidimos subir, y elegimos el segundo de los dos senderillos de subida. Hay bastantes jaras y otras plantas pegaditas al sendero, por lo que subiendo en pantalón corto hay que evitar ir muy pegado a las plantas. Además, son plantas bajas, por lo que no protegen mucho del sol.
La primera parte de la subida es bastante empinada, sin ser difícil, pero enseguida se alisa y llega a una zona de pradera. Esta es la zona en la que están los escaladores, pues hay un par de rocas amplias y con diversas inclinaciones y dificultades, aunque sin llegar a las desplomadas. Supongo que es una buena zona para hacer un curso de iniciación a la escalada.

Nosotros subimos un poco más arriba, pero ya había un par de personas cansadas y empezábamos a estar todos hambrientos. Así que paramos a la sombra de una roca a comer algo, y después de descansar un poco ¡decidimos bajar! La vista que se tiene del antiguo circo glaciar es impresionante.
De aquí nos vamos directos a la charca verce atravesando todos los aparcamientos de Canto Cochino y cogiendo la pista que sube paralela a la ribera del Manzanares.

La verdad es que a todos el camino se nos hizo eterno, porque ya estábamos cansados y además yo lo recordaba más corto. Una vez en la charca nos dividimos en dos grupos: uno nos quedamos comiendo y el otro subió un poco más arriba, aunque luego los vimos y no habían subido tanto... La roca sobre la que nos tumbamos estaba amarilla de polén y acabamos del mismo color. El agua helada que bajaba del río Manzanares nos sirvió de nevera.
En esta zona, además de las jaras y los odiosos árboles de repoblación (nada menos que arizónicas y pinos, que en verano a su sobra te cueces igual que al sol), había pequeñas campanillas y saxífragas, junto a algunas prímulas, todas en flor :)
Aunque íbamos hechos polvo por el paseo y el sol, la bajada se nos hizo bastante corta. A pesar de ello, las ampollas empezaban a notarse, provocadas por la arenilla que se nos había metido en las zapatillas durante la bajada.
Enlaces interesantes:
Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares
La Pedriza: senderismo en la Sierra de Guadarrama
Fotos de paisajes. La Pedriza
Ruta a la Charca Verde desde Manzanares
Por fortuna, el resto del equipo básico no lo olvidé: una botella de agua de litro y medio, una gorra para el sol, la crema protectora y la comida. También levaba un mapa del ejército de la zona, por si acaso, aunque uno de los que venía conocía bien la mayoría de los caminos.
En fin, que ellos llegaron en el autobús a Manzanares, por lo que me tocó dar media vuelta y bajar con el coche al pueblo para subir con ellos todo el camino. Que se nos hizo eterno porque están construyendo las aceras y pasas más rato esquivando coches de otros domingueros como nosotros.
Comenzamos a subir por el camino que va de Manzanares hacia Canto Cochino. Una subida no muy fuerte bordeando el río y llena de formaciones graníticas, como el resto de la sierra. El sol empezaba a apretar, por lo que empezamos a aligerar ropa.

Por el camino ya se veía a la gente que se echaba en las rocas cual lagartos al sol, con bikinis y bañadores varios, para tostarse. Aunque esta vez no vimos a ningún mountain biker.
Una vez en Canto Cochino teníamos que decidirnos entre ir directamente a la charca o subir al Yelmo, que era la idea inicial. La mayoría decidimos subir, y elegimos el segundo de los dos senderillos de subida. Hay bastantes jaras y otras plantas pegaditas al sendero, por lo que subiendo en pantalón corto hay que evitar ir muy pegado a las plantas. Además, son plantas bajas, por lo que no protegen mucho del sol.
La primera parte de la subida es bastante empinada, sin ser difícil, pero enseguida se alisa y llega a una zona de pradera. Esta es la zona en la que están los escaladores, pues hay un par de rocas amplias y con diversas inclinaciones y dificultades, aunque sin llegar a las desplomadas. Supongo que es una buena zona para hacer un curso de iniciación a la escalada.

Nosotros subimos un poco más arriba, pero ya había un par de personas cansadas y empezábamos a estar todos hambrientos. Así que paramos a la sombra de una roca a comer algo, y después de descansar un poco ¡decidimos bajar! La vista que se tiene del antiguo circo glaciar es impresionante.
De aquí nos vamos directos a la charca verce atravesando todos los aparcamientos de Canto Cochino y cogiendo la pista que sube paralela a la ribera del Manzanares.

La verdad es que a todos el camino se nos hizo eterno, porque ya estábamos cansados y además yo lo recordaba más corto. Una vez en la charca nos dividimos en dos grupos: uno nos quedamos comiendo y el otro subió un poco más arriba, aunque luego los vimos y no habían subido tanto... La roca sobre la que nos tumbamos estaba amarilla de polén y acabamos del mismo color. El agua helada que bajaba del río Manzanares nos sirvió de nevera.
En esta zona, además de las jaras y los odiosos árboles de repoblación (nada menos que arizónicas y pinos, que en verano a su sobra te cueces igual que al sol), había pequeñas campanillas y saxífragas, junto a algunas prímulas, todas en flor :)
Aunque íbamos hechos polvo por el paseo y el sol, la bajada se nos hizo bastante corta. A pesar de ello, las ampollas empezaban a notarse, provocadas por la arenilla que se nos había metido en las zapatillas durante la bajada.
Enlaces interesantes:
Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares
La Pedriza: senderismo en la Sierra de Guadarrama
Fotos de paisajes. La Pedriza
Ruta a la Charca Verde desde Manzanares
domingo, marzo 13, 2005
Museo Lázaro Galdiano, Madrid
En realidad no puedo hablar de un viaje, porque se trata de un descubrimiento. El Lázaro Galdiano es uno de esos museos que pasan desapercibidos entre otros reclamos de Madrid con más enjundia, como el Prado o el Thyssen. A pesar de ello, es un pequeño tesoro con tres plantas llenas de sorpresas :)
En la planta baja encontramos varias joyas y facsímiles, así como varios cuadros. Recuerdo que quitando un broche en forma de lazo, lo que más me impresionó fue unos iconos rusos que no se sabe si son auténticos o falsificaciones realizadas por... Fabergé.
En cambio, en la primera planta lo primero que choca es lo recargado de la decoración, con escritorios y cajoneras por todas partes, varios frescos de lo más curioso, unos cuantos retablos y varios cuadros importantes. Se supone que varios de los cuadros del Greco son uno de los atractivos centrales, pero a pesar de ello y de haber visto antes varios grabados de Goya, sobresalen dos cuadros de la serie de los Caprichos, así como varios grabados de la serie Tauromaquia.
Y es en este punto cuando caigo en la cuenta de que del puñado de personas visitando el museo, la mayoría son extranjeros, y no precisamente de los que vienen en rebaño. Igual al no ser del Estado, sino de una Fundación, no quieren hacerle mucha publicidad. O que en el conozca usted Madrid en tres días no hay huequito.
La última planta visitable es la segunda, que es la planta en la que la familia Lázaro Galdiano hacía su vida. Aquí sigue habiendo otro montón de escritorios, y bronces y porcelanas.
Por comentarios de gente que conoció el museo antes de la restauración, faltan la colección de casullas y la porcelana china.
En la planta baja encontramos varias joyas y facsímiles, así como varios cuadros. Recuerdo que quitando un broche en forma de lazo, lo que más me impresionó fue unos iconos rusos que no se sabe si son auténticos o falsificaciones realizadas por... Fabergé.
En cambio, en la primera planta lo primero que choca es lo recargado de la decoración, con escritorios y cajoneras por todas partes, varios frescos de lo más curioso, unos cuantos retablos y varios cuadros importantes. Se supone que varios de los cuadros del Greco son uno de los atractivos centrales, pero a pesar de ello y de haber visto antes varios grabados de Goya, sobresalen dos cuadros de la serie de los Caprichos, así como varios grabados de la serie Tauromaquia.
Y es en este punto cuando caigo en la cuenta de que del puñado de personas visitando el museo, la mayoría son extranjeros, y no precisamente de los que vienen en rebaño. Igual al no ser del Estado, sino de una Fundación, no quieren hacerle mucha publicidad. O que en el conozca usted Madrid en tres días no hay huequito.
La última planta visitable es la segunda, que es la planta en la que la familia Lázaro Galdiano hacía su vida. Aquí sigue habiendo otro montón de escritorios, y bronces y porcelanas.
Por comentarios de gente que conoció el museo antes de la restauración, faltan la colección de casullas y la porcelana china.
sábado, noviembre 06, 2004
Zaragoza, 30 y 31 de octubre de 2004
Hoy hemos madrugado de lo lindo para ir a Zaragoza, a la jura de bandera de mí cuñada. A pesar de todo, hemos tenido que esperar un rato a que terminase de arreglarse la otra persona que venía con nosotras en el coche.
El viaje en sí ha sido tranquilo, salvo al acercarnos a Zaragoza, que estaba un carril cortado, y luego al buscar ya el desvío para la Academia, pues una de las señales mas que indicar, despista.
Al entrar en el edificio, hemos hecho un poco el borrego. Es decir, hemos entrado por donde veíamos que entraba todo el mundo y ha resultado ser el extremo opuesto a nuestras tribunas. Total, que en vez de salir y dar la vuelta por fuera, la hemos dado por dentro, sorteando a gente. Lo mejor ha sido cuando una de las compañías que esperaba para salir se ha puesto a cantar el soldadito español. Yo creo que lo hicieron para sacarse los nervios de encima, pero mi cuñada dice que lo tenían ensayado. Si era así ¿porqué las compañías del otro lado no cantaban?
La jura en sí ha estado bien y no ha habido mucho que contar: un micrófono que entrecortaba la primera alocución del capellán, algún que otro soldado que no seguía la línea (que estaba marcada en el suelo con adoquines mas oscuros), mi cuñada con el cabestrillo y sin poder desfilar, y por último, uno de los soldados que tenían que disparar al final, que no ha cargado bien el arma y al final, al soltar la bala de la recámara después de que los demás ya hubiesen sacado el casquillo, sonó cling. Solo lo oímos los de la tribuna cercana.
Después de la jura, y antes de la comidilla que nos tenían preparada, a base de picoteo, un nuevo desfile. La primera compañía pasa delante nuestro sin cantar e inmediatamente después piden permiso para cantar al capitán, que tarda en responderles. Luego, cada compañía canta una canción distinta, unas mas salaces que otras ;)
Por la tarde, una siestecita y primera vuelta por la Plaza del Pilar. Entramos en la basílica, donde, a falta de pulso y por no poner el flash, las fotos que hago salen movidas y tengo que recurrir a mi hermano. Y de aquí vamos a la Seo a oir misa, dónde el cura muestra en todo su esplendor la rivalidad entre las dos iglesias en el sermón.
Mi hermano, mientras, desaparece en El Corte Inglés, y nos tiramos una hora esperándole gracias a un malentendido. Gracias a eso, damos ocho vueltas a la Seo (vale, quizás unas pocas menos...) Y vemos otras ocho novias en sesión fotográfica (y aquí si que no exagero). Así que para matar el tiempo, nos dedicamos a criticar las poses, repasar los vestidos, etc. Hay una pareja bastante hortera, a la que el fotógrafo les pide unas poses indescriptibles y como sacadas de la serie B. Otra de las parejas es muy simpática, y la fotógrafa se aprovecha para pedirles poses graciosas. Una tercera pareja es clásica total, y el resto pasan sin pena ni gloria por allá.
De todas formas, la mitad de los que estamos hoy por acá es familia a conocido de los militares de la Academia y hemos venido por la jura. Muchos de ellos están vestidos de uniforme, lo que me choca porque a los padres de mis amigas ha habido muchos años en los que les prohibían salir a la calle con ellos.
Por la noche, y después de cenar, al baile. El padre de mi cuñada nos insiste a su hija mayor y a mí en que busquemos a los oficiales de tres estrellas de seis puntas o una de ocho, ni mas ni menos, pues los demás son o demasiado jóvenes o demasiado viejos para nosotras :D De esos, no vimos ni uno. En cambio, vimos a puertoriqueños con estrellas por ser los mejores de su promoción, venezolanos, americanos vestidos de camareros (de la Armada de allá) y de West Point (el uniforme de la chica era cantoso como pocos, pues al amontonamiento de chorreras y dorados y el fajín morado suma una falda blanca), y una representación de casi todos los cuerpos españoles: tierra, aire, armada, guardia civil, complemento, médicos, ingenieros, etc.
Un amigo de Olga nos comentó que las maniobras de los americanos eran completamente diferentes de las de aquí, pues se llevaban camas de campaña, duchas, y ¡hasta un McDonald’s en un camión!
Por lo demás, no había quien se acercase a la barra a pedir bebidas, aunque a Eva y a mí nos las pidieron unos chicos muy simpáticos que estaban por allí. La novia o mujer de uno de los compañeros y yo nos pasamos todo el rato criticando lo que se nos pusiese a tiro, con especial hincapié en la muchacha que por la mañana se había presentado en la jura como recién salida de una discoteca (botas altas blancas y negras, y minifalda-cinturón ajustada).
Al día siguiente aprovechamos para dar otro paseo por Zaragoza, visitando lugares en los que habían vivido familiares de mi cuñada y el Tubo. Y ya al irnos, la Aljafería. Primero nos equivocamos de salida en una rotonda y luego resulta que solo había un lateral para aparcar en el que solo se podía parar. Total, que bajamos de los coches, nos acercamos al edifico, empezamos a dar una vuelta a la fortaleza, que parece preciosa, y al doblar la primera esquina ¡zas! el pastiche. Los últimos edificios que le han añadido quedan como un pegote, y los dos arquitectos que van con nosotros están aún mas horrorizados que nosotras.
A la vuelta se nos pone a llover a ratos, para que vayamos haciéndonos a la idea de lo que nos espera.
[Nota]: El enlace lleva a la galería fotográfica correspondiente.
El viaje en sí ha sido tranquilo, salvo al acercarnos a Zaragoza, que estaba un carril cortado, y luego al buscar ya el desvío para la Academia, pues una de las señales mas que indicar, despista.
Al entrar en el edificio, hemos hecho un poco el borrego. Es decir, hemos entrado por donde veíamos que entraba todo el mundo y ha resultado ser el extremo opuesto a nuestras tribunas. Total, que en vez de salir y dar la vuelta por fuera, la hemos dado por dentro, sorteando a gente. Lo mejor ha sido cuando una de las compañías que esperaba para salir se ha puesto a cantar el soldadito español. Yo creo que lo hicieron para sacarse los nervios de encima, pero mi cuñada dice que lo tenían ensayado. Si era así ¿porqué las compañías del otro lado no cantaban?
La jura en sí ha estado bien y no ha habido mucho que contar: un micrófono que entrecortaba la primera alocución del capellán, algún que otro soldado que no seguía la línea (que estaba marcada en el suelo con adoquines mas oscuros), mi cuñada con el cabestrillo y sin poder desfilar, y por último, uno de los soldados que tenían que disparar al final, que no ha cargado bien el arma y al final, al soltar la bala de la recámara después de que los demás ya hubiesen sacado el casquillo, sonó cling. Solo lo oímos los de la tribuna cercana.
Después de la jura, y antes de la comidilla que nos tenían preparada, a base de picoteo, un nuevo desfile. La primera compañía pasa delante nuestro sin cantar e inmediatamente después piden permiso para cantar al capitán, que tarda en responderles. Luego, cada compañía canta una canción distinta, unas mas salaces que otras ;)
Por la tarde, una siestecita y primera vuelta por la Plaza del Pilar. Entramos en la basílica, donde, a falta de pulso y por no poner el flash, las fotos que hago salen movidas y tengo que recurrir a mi hermano. Y de aquí vamos a la Seo a oir misa, dónde el cura muestra en todo su esplendor la rivalidad entre las dos iglesias en el sermón.
Mi hermano, mientras, desaparece en El Corte Inglés, y nos tiramos una hora esperándole gracias a un malentendido. Gracias a eso, damos ocho vueltas a la Seo (vale, quizás unas pocas menos...) Y vemos otras ocho novias en sesión fotográfica (y aquí si que no exagero). Así que para matar el tiempo, nos dedicamos a criticar las poses, repasar los vestidos, etc. Hay una pareja bastante hortera, a la que el fotógrafo les pide unas poses indescriptibles y como sacadas de la serie B. Otra de las parejas es muy simpática, y la fotógrafa se aprovecha para pedirles poses graciosas. Una tercera pareja es clásica total, y el resto pasan sin pena ni gloria por allá.
De todas formas, la mitad de los que estamos hoy por acá es familia a conocido de los militares de la Academia y hemos venido por la jura. Muchos de ellos están vestidos de uniforme, lo que me choca porque a los padres de mis amigas ha habido muchos años en los que les prohibían salir a la calle con ellos.
Por la noche, y después de cenar, al baile. El padre de mi cuñada nos insiste a su hija mayor y a mí en que busquemos a los oficiales de tres estrellas de seis puntas o una de ocho, ni mas ni menos, pues los demás son o demasiado jóvenes o demasiado viejos para nosotras :D De esos, no vimos ni uno. En cambio, vimos a puertoriqueños con estrellas por ser los mejores de su promoción, venezolanos, americanos vestidos de camareros (de la Armada de allá) y de West Point (el uniforme de la chica era cantoso como pocos, pues al amontonamiento de chorreras y dorados y el fajín morado suma una falda blanca), y una representación de casi todos los cuerpos españoles: tierra, aire, armada, guardia civil, complemento, médicos, ingenieros, etc.
Un amigo de Olga nos comentó que las maniobras de los americanos eran completamente diferentes de las de aquí, pues se llevaban camas de campaña, duchas, y ¡hasta un McDonald’s en un camión!
Por lo demás, no había quien se acercase a la barra a pedir bebidas, aunque a Eva y a mí nos las pidieron unos chicos muy simpáticos que estaban por allí. La novia o mujer de uno de los compañeros y yo nos pasamos todo el rato criticando lo que se nos pusiese a tiro, con especial hincapié en la muchacha que por la mañana se había presentado en la jura como recién salida de una discoteca (botas altas blancas y negras, y minifalda-cinturón ajustada).
Al día siguiente aprovechamos para dar otro paseo por Zaragoza, visitando lugares en los que habían vivido familiares de mi cuñada y el Tubo. Y ya al irnos, la Aljafería. Primero nos equivocamos de salida en una rotonda y luego resulta que solo había un lateral para aparcar en el que solo se podía parar. Total, que bajamos de los coches, nos acercamos al edifico, empezamos a dar una vuelta a la fortaleza, que parece preciosa, y al doblar la primera esquina ¡zas! el pastiche. Los últimos edificios que le han añadido quedan como un pegote, y los dos arquitectos que van con nosotros están aún mas horrorizados que nosotras.
A la vuelta se nos pone a llover a ratos, para que vayamos haciéndonos a la idea de lo que nos espera.
[Nota]: El enlace lleva a la galería fotográfica correspondiente.
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