domingo, septiembre 17, 2006
Puerto de Navacerrada, 9 de septiembre de 2006
Hemos quedado en Casa Arias, en el puerto de Navacerrada, para hacer una ruta circular de unas tres horas porque varios de los que vamos, entre los que me incluyo, estamos un pelín desentrenado. Es decir, que en principio habremos vuelto a la hora de comer y no necesitaremos llevar agua porque hay dos fuentes en el camino. A pesar de ello, llevamos mas de medio litro de agua por persona :)
Como no, llegamos todos un poco retrasados, pero nos encontramos sin problemas. A fin de cuentas, la Casa Arias está en un sitio bien visible para todo el que sube desde Cerceda, como nosotros. Aún así, todavía hace algo de fresco a la sombra y la gran mayoría de nuestro recorrido transcurre a la sombra. La ruta prevista es la que va por el camino Schmidt hasta el puerto de la Fuenfría y vuelta, que describen en la web de Senderismo Madrid.
Total, que pasamos de largo la subida a Siete Picos para ir al comienzo del camino Schmidt, cerca de la pista del Escaparate, zona que está absolutamente irreconocible desde la última vez que subí hace años (muchos años) y nos metemos en el bosque siguiendo las marcas amarillas circulares. El perrillo en estos momentos va por detrás nuestro y apenas nos cruzamos con un par de personas y algunos corredores. La charla es muy animada ya desde este momento, y eso que algunos de nosotros no se conocían de antemano.
Pasamos de largo la pista de fondo y vamos recordando historias de pérdidas en la sierra, que todos menos el que mejor conocía el camino habíamos sufrido alguna que otra vez. En mi caso yendo de El Paular a la Morcuera. El paseo es muy agradable y lo único que hay que tener cuidado es de no tropezar con alguna de las raíces de pinos desnudas que hay, pero las cuestas no son pronunciadas en casi ningún momento.
En la pradera de Navalusilla, en Collado Ventoso, empieza a chispear y a tronar, pero aún así las vistas son espectaculares. Según bajamos hacia la fuente por el camino de la derecha, comienza a granizar y María y yo nos resbalamos, aunque sin consecuencias. Menos mal que dura poco y la tormenta se transforma en aguacero. Yo saco el cutre chubasquero de verano, sin siquiera capucha, pero es que los demás no llevan nada, por lo que acabamos bastante calados. El perro comienza a protestar y a buscar refugio debajo de las mochilas y el plástico del chubasquero. Obviamente, en la fuente no paramos, aunque hablamos un rato con una pareja refugiada bajo un árbol. Pero ya se sabe el refrán: quien se refugia bajo hoja, dos veces se moja.
Aquí tomamos la carretera de la República hacia la derecha, para subir al puerto de la Fuenfría y nos cruzamos con varios ciclistas resguardados en un saliente de la roca. Por el camino está el mirador de la reina, con vista directa sobre Cercedilla. En el puerto hay varios caminos posibles, hacia Cercedilla por la calzada romana, hacia el Montón de trigo y hacia La Granja y de vuelta a Navacerrada. Hay un grupito de Cruz Roja esperando a que amaine, pero hasta el momento son los mejor equipados de todos.
Tomamos el camino de vuelta y nos pasamos el desvío que conecta con la senda de los Cospes y el camino Schmidt por ir distraidos hablando. Cuando parece que ya llevamos demasiado camino bajado decidimos salir de pista para conectar con el camino Schmidt, que sabemos que va a mayor altura. Total, que cuando llegamos a un claro buscamos orientarnos para ver cuánto nos falta. La Bola del mundo se diferencia claramente con sus antenas de televisión coronando la cima, pero nuestra sorpresa es mayúscula cuando vemos que estamos separados de Siete Picos por un valle.
¡Horror! ¿Y ahora qué hacemos? En nuestro caso, descartamos tanto volver atrás como atravesar en línea recta y arriegarnos a que el arroyuelo no se pueda cruzar abajo. Es decir, que solo nos queda ir bordeando el cerro por el lado contrario al que vinimos hasta llegar al paso que une ambas montañas hasta llegar a otra praderita, con un círculo de piedras y unas flores de la familia de las crocosmias alfombrando el suelo. Seguimos sin ver pista alguna, por lo que enfilamos hacia el puerto de Navacerrada ascendiendo poco a poco para llegar al camino Schmidt.
Nos cruzamos con un grupito de personas comiendo, a los que le preguntamos hacia dónde está el camino. Nos indican hacia abajo, que sabemos que no puede ser, por lo que seguimos por donde vamos. Al final nos salimos de la nuestra y encontramos las marcas verdes, que supongo que indican los Cospes, que se alternan con las marcas amarillas del camino Schmidt. En esta zona de Siete Picos hay mucha madera en el bosque, que no se porqué han dejado en la ladera, porque con el verano tan seco que hay se incrementa el riesgo de incendios e infecciones.
En este tramo final ya se nota el cansancio acumulado en la pierna y paramos a comer un ratillo la fruta y chocolate con almendras que llevamos. Se nota quien está en forma y quien no, porque María empieza a ir más lenta y la perra se aleja del grupo delantero y se viene para atrás hasta comprobar que está todavía por allí. Si me interpongo en su camino, se mueve hasta que la ve antes de volver a adelantarse al otro grupo.
Para terminar de calentarnos, pues ya nos hemos secado, nada mejor que un chocolatito caliente en la cafetería.
Como no, llegamos todos un poco retrasados, pero nos encontramos sin problemas. A fin de cuentas, la Casa Arias está en un sitio bien visible para todo el que sube desde Cerceda, como nosotros. Aún así, todavía hace algo de fresco a la sombra y la gran mayoría de nuestro recorrido transcurre a la sombra. La ruta prevista es la que va por el camino Schmidt hasta el puerto de la Fuenfría y vuelta, que describen en la web de Senderismo Madrid.
Total, que pasamos de largo la subida a Siete Picos para ir al comienzo del camino Schmidt, cerca de la pista del Escaparate, zona que está absolutamente irreconocible desde la última vez que subí hace años (muchos años) y nos metemos en el bosque siguiendo las marcas amarillas circulares. El perrillo en estos momentos va por detrás nuestro y apenas nos cruzamos con un par de personas y algunos corredores. La charla es muy animada ya desde este momento, y eso que algunos de nosotros no se conocían de antemano.
Pasamos de largo la pista de fondo y vamos recordando historias de pérdidas en la sierra, que todos menos el que mejor conocía el camino habíamos sufrido alguna que otra vez. En mi caso yendo de El Paular a la Morcuera. El paseo es muy agradable y lo único que hay que tener cuidado es de no tropezar con alguna de las raíces de pinos desnudas que hay, pero las cuestas no son pronunciadas en casi ningún momento.
En la pradera de Navalusilla, en Collado Ventoso, empieza a chispear y a tronar, pero aún así las vistas son espectaculares. Según bajamos hacia la fuente por el camino de la derecha, comienza a granizar y María y yo nos resbalamos, aunque sin consecuencias. Menos mal que dura poco y la tormenta se transforma en aguacero. Yo saco el cutre chubasquero de verano, sin siquiera capucha, pero es que los demás no llevan nada, por lo que acabamos bastante calados. El perro comienza a protestar y a buscar refugio debajo de las mochilas y el plástico del chubasquero. Obviamente, en la fuente no paramos, aunque hablamos un rato con una pareja refugiada bajo un árbol. Pero ya se sabe el refrán: quien se refugia bajo hoja, dos veces se moja.
Aquí tomamos la carretera de la República hacia la derecha, para subir al puerto de la Fuenfría y nos cruzamos con varios ciclistas resguardados en un saliente de la roca. Por el camino está el mirador de la reina, con vista directa sobre Cercedilla. En el puerto hay varios caminos posibles, hacia Cercedilla por la calzada romana, hacia el Montón de trigo y hacia La Granja y de vuelta a Navacerrada. Hay un grupito de Cruz Roja esperando a que amaine, pero hasta el momento son los mejor equipados de todos.
Tomamos el camino de vuelta y nos pasamos el desvío que conecta con la senda de los Cospes y el camino Schmidt por ir distraidos hablando. Cuando parece que ya llevamos demasiado camino bajado decidimos salir de pista para conectar con el camino Schmidt, que sabemos que va a mayor altura. Total, que cuando llegamos a un claro buscamos orientarnos para ver cuánto nos falta. La Bola del mundo se diferencia claramente con sus antenas de televisión coronando la cima, pero nuestra sorpresa es mayúscula cuando vemos que estamos separados de Siete Picos por un valle.
¡Horror! ¿Y ahora qué hacemos? En nuestro caso, descartamos tanto volver atrás como atravesar en línea recta y arriegarnos a que el arroyuelo no se pueda cruzar abajo. Es decir, que solo nos queda ir bordeando el cerro por el lado contrario al que vinimos hasta llegar al paso que une ambas montañas hasta llegar a otra praderita, con un círculo de piedras y unas flores de la familia de las crocosmias alfombrando el suelo. Seguimos sin ver pista alguna, por lo que enfilamos hacia el puerto de Navacerrada ascendiendo poco a poco para llegar al camino Schmidt.
Nos cruzamos con un grupito de personas comiendo, a los que le preguntamos hacia dónde está el camino. Nos indican hacia abajo, que sabemos que no puede ser, por lo que seguimos por donde vamos. Al final nos salimos de la nuestra y encontramos las marcas verdes, que supongo que indican los Cospes, que se alternan con las marcas amarillas del camino Schmidt. En esta zona de Siete Picos hay mucha madera en el bosque, que no se porqué han dejado en la ladera, porque con el verano tan seco que hay se incrementa el riesgo de incendios e infecciones.En este tramo final ya se nota el cansancio acumulado en la pierna y paramos a comer un ratillo la fruta y chocolate con almendras que llevamos. Se nota quien está en forma y quien no, porque María empieza a ir más lenta y la perra se aleja del grupo delantero y se viene para atrás hasta comprobar que está todavía por allí. Si me interpongo en su camino, se mueve hasta que la ve antes de volver a adelantarse al otro grupo.
Para terminar de calentarnos, pues ya nos hemos secado, nada mejor que un chocolatito caliente en la cafetería.
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