sábado, marzo 25, 2006
Edfú, Esna y Luxor, Egipto, 5 de marzo de 2006
Hoy nos han vuelto a levantar prontísimo, pero al menos hemos recuperado algo de sueño. Acto seguido hemos subido al autobús para ir al templo de Edfú, griego como el Kom Ombo, pero únicamente con bajorrelieves.
Aunque lo hemos tenido que recorrer de nuevo a salto de mata, al final nos han dejado tiempo libre para hacer fotos y compras.
Entre las fotos más interesantes, se pueden destacar las de las viguerías tras el acceso al templo, que todavía conservan tonos azules y ocres en algunos puntos, un mosquito y el mismo búho que utilizan algunas farmacias en sus bolsas, otro relieve de un parto y una Isis amamantando a Horus, que nos mostró un local tras pagarle.
También nos demoramos un rato viendo restos de cerámica en una zanja y devolviendo a su sitio un trozo de sillar caído que permitía apreciar el tono amarillo albero original de la arenisca.
Y después, paseo en autobús hasta Esna. Paseo que me ha encantado porque nos ha permitido atisbar un pedazo de vida rural, al atravesar pueblos y sembrados.
Tractores se ven poquísimos, de hecho sólo hemos visto uno. En cambio norias, se ven unas pocas, aunque casi todos los pozos funcionan a motor. Y muchas casas cuentan con antenas de satélite. Sin embargo, casi todo el mundo viste de forma tradicional y se mueve en burros.
Uno de los contrastes más fuertes que pueden verse se da aquí, y con solo mirar a un lado y otro de la carretera. A la izquierda , verde brillante de los campos de trigo, sésamo y alfalfa; y a la derecha, el ocre del desierto. En una de las zonas con colinas entreveradas de caliza, la roca se muestra agujereada a base de tumbas, Estas tumbas son antiguas, ya que las modernos musulmanas son montículos de tierra en el suelo con un cartelito clavado, que en las tumbas viejas ha desaparecido.
En otros tramos, en cambio, se ve la fuerza del agua en los materiales que ha arrastrado cárcava abajo, dejando únicamente los bloques mayores.
Cerca de la esclusa se ven pescadores en barcas de remo, y en Esna, en la que apenas paran turistas, se ven puestos de casi todo, desde el especiero con sus sacos de brillantes colores, al carnicero con sus cuartos de canal en la calle, con cola incluida, para que se vea bien su procedencia. Aunque hay quien pensó que era la cola de un ave :D
El paso de la esclusa ha sido muy lento, de hecho el barco ha dado un giro de 360º para perder tiempo antes de posicionarse, ya que sólo pueden pasar dos barcos de cada vez.
Hemos visto a varias mujeres lavando los cacharros en el Nilo, pero lo que nos tiene intrigadísimos es el motivo de apalear aparentemente el agua en un arrozal de una islilla.
Hay una fábrica de azúcar escupiendo un montón de hollín al aire. El quemador de bagazo no debe de estar funcionando bien...
También hemos visto como secan paja en los tejados de las casas, al punto que parecen de paja; y algo que creemos que es un horno de ladrillos, pero que puede ser cualquier otra cosa.
La tarde noche ha sido ajetreada: según llegamos nos fuimos a ver el templo de Luxor, con su obelisco y sus estatuas de faraón. Fue gracioso, porque al final, en el tiempo que dan para hacer fotos por tu cuenta, vimos tanto unas miniesfinges como una estatua romana, como otra imagen de fecundidad, ésta última en la forma de dios con un enorme pene en erección.
Lo negativo es que desde el templo se ven las luces del McDonald's. Hay que joderse :(
Las últimas fotos las hicimos ya de noche y con el templo y las mezquitas iluminadas, y los muecines llamando a la oración.
Esto último es curioso, porque después de haberlos oído tres o cuatro veces comienzas a darte cuenta de que primero empieza uno y luego le siguen los demás, y que en las ciudades y pueblos grandes funcionan con altavoces, mientras que en los pueblos pequeños se oye lo que den de sí las voces de los muecines cantantes. Muecines que se dedican a competir entre sí en volumen alcanzado.
De aquí, y como ya no podíamos ir a Karnak por estar cerrado, nos llevaron a una fábrica de papiros, trampa para turistas. Con eso de que la calidad estaba asegurada por el gobierno y que los cuadros los habían pintado alumnos de bellas artes, te doblan el precio respecto de otras tiendas. Claro que en eso incluyen la comisión del 50% que se llevan los guías de los grupos que paran por allí.
Y una vez han despojado al turista ávido de papiros del dinero que trae, y de liarlo con descuentos y regalos, le invitan a beber algo (en realidad, antes de venderte).
Tras la cena, una del grupo pregunta en la tienda del barco el precio de unas tazas de cerámica, y cuando se lo dicen casi le da un pasmo. ¡Le habían cobrado 32€ de más!
Pero en realidad, el motivo de la visita a la tienda no son las compras, sino el obtener información sobre algún café no típico de turistas, sino de locales. Para facilitarnos las cosas, el dependiente nos escribe el nombre en un papel y nos orienta sobre el precio de un taxi o calesa hasta allí.
Y aquí comienza otro de los puntos álgidos del viaje, pues el calesero se empeña en llevarnos al mercado egipcio antes de llevarnos al café. Además, como vamos seis en la misma calesa, hay uno que queda sentado muy cerca de donde da el látigo por atrás y pasa la mitad del tiempo protegiéndose del mismo con las manos. Y como el calesero ha dejado las riendas libres para hablar con nosotros, termina llevándolas Dioni en su lugar. Hay un par de momentos en que no podemos más de la risa que nos entra, porque acompaña la mitad de las frases de una risita seca y corta (el calesero, no Dioni) provocada por el chocolate.
Pasamos por delante del café y continuamos hacia el mercado egipcio, mercado que a las once y media seguía en pleno esplendor. Los puestos de frutos mas cercanos a la placita con los cafés estaban bastante limpios, pero fue comenzar a alejarnos de allí e ir viendo cada vez más suciedad. Y esta vez no todo el mundo te pedía dinero al hacer fotos.
Al final, inevitablemente, acabamos en la tienda en la que el calesero se llevaba comisión, aunque de 5€ comprásemos o no en vez del 50%. Y de nuevo, cayeron Julián y compañía. Cayeron porque realmente eran mucho más baratos los papiros y perfumes que en las tiendas oficiales a que nos llevaron, sino también porque había algunos que eran preciosos y las tiras de su materia prima eran del ancho adecuado (1-2cm).
La plata que miré era cara, así que decidí no comprar nada. Al final intentaron marcar un precio que no era a Julián cuando fue a pagar con la tarjeta, se enfadó e intentamos irnos. Nos preguntaron el motivo, discutieron, se preocuparon por si decíamos algo en el barco, y al subir a la calesa le ofrecieron el cacharro por el precio que habían fijado antes de todo el jaleo.
El otro problema del día fue el robo de la cartera con dinero, documentos y tarjeta de Omar, el costarricense que viene con nosotros. En la denuncia les ayudó Mineawy, el guía, porque fue escrita en árabe, y además les prestó el móvil para poder anular la tarjeta una vez que encontraron el número al que debían llamar. Pero con todo el papeleo se perdieron el paseo por el pueblo.
Día 6
Aunque lo hemos tenido que recorrer de nuevo a salto de mata, al final nos han dejado tiempo libre para hacer fotos y compras.
Entre las fotos más interesantes, se pueden destacar las de las viguerías tras el acceso al templo, que todavía conservan tonos azules y ocres en algunos puntos, un mosquito y el mismo búho que utilizan algunas farmacias en sus bolsas, otro relieve de un parto y una Isis amamantando a Horus, que nos mostró un local tras pagarle.
También nos demoramos un rato viendo restos de cerámica en una zanja y devolviendo a su sitio un trozo de sillar caído que permitía apreciar el tono amarillo albero original de la arenisca.
Y después, paseo en autobús hasta Esna. Paseo que me ha encantado porque nos ha permitido atisbar un pedazo de vida rural, al atravesar pueblos y sembrados.
Tractores se ven poquísimos, de hecho sólo hemos visto uno. En cambio norias, se ven unas pocas, aunque casi todos los pozos funcionan a motor. Y muchas casas cuentan con antenas de satélite. Sin embargo, casi todo el mundo viste de forma tradicional y se mueve en burros.
Uno de los contrastes más fuertes que pueden verse se da aquí, y con solo mirar a un lado y otro de la carretera. A la izquierda , verde brillante de los campos de trigo, sésamo y alfalfa; y a la derecha, el ocre del desierto. En una de las zonas con colinas entreveradas de caliza, la roca se muestra agujereada a base de tumbas, Estas tumbas son antiguas, ya que las modernos musulmanas son montículos de tierra en el suelo con un cartelito clavado, que en las tumbas viejas ha desaparecido.
En otros tramos, en cambio, se ve la fuerza del agua en los materiales que ha arrastrado cárcava abajo, dejando únicamente los bloques mayores.
Cerca de la esclusa se ven pescadores en barcas de remo, y en Esna, en la que apenas paran turistas, se ven puestos de casi todo, desde el especiero con sus sacos de brillantes colores, al carnicero con sus cuartos de canal en la calle, con cola incluida, para que se vea bien su procedencia. Aunque hay quien pensó que era la cola de un ave :D
El paso de la esclusa ha sido muy lento, de hecho el barco ha dado un giro de 360º para perder tiempo antes de posicionarse, ya que sólo pueden pasar dos barcos de cada vez.
Hemos visto a varias mujeres lavando los cacharros en el Nilo, pero lo que nos tiene intrigadísimos es el motivo de apalear aparentemente el agua en un arrozal de una islilla.
Hay una fábrica de azúcar escupiendo un montón de hollín al aire. El quemador de bagazo no debe de estar funcionando bien...
También hemos visto como secan paja en los tejados de las casas, al punto que parecen de paja; y algo que creemos que es un horno de ladrillos, pero que puede ser cualquier otra cosa.
La tarde noche ha sido ajetreada: según llegamos nos fuimos a ver el templo de Luxor, con su obelisco y sus estatuas de faraón. Fue gracioso, porque al final, en el tiempo que dan para hacer fotos por tu cuenta, vimos tanto unas miniesfinges como una estatua romana, como otra imagen de fecundidad, ésta última en la forma de dios con un enorme pene en erección.
Lo negativo es que desde el templo se ven las luces del McDonald's. Hay que joderse :(
Las últimas fotos las hicimos ya de noche y con el templo y las mezquitas iluminadas, y los muecines llamando a la oración.
Esto último es curioso, porque después de haberlos oído tres o cuatro veces comienzas a darte cuenta de que primero empieza uno y luego le siguen los demás, y que en las ciudades y pueblos grandes funcionan con altavoces, mientras que en los pueblos pequeños se oye lo que den de sí las voces de los muecines cantantes. Muecines que se dedican a competir entre sí en volumen alcanzado.
De aquí, y como ya no podíamos ir a Karnak por estar cerrado, nos llevaron a una fábrica de papiros, trampa para turistas. Con eso de que la calidad estaba asegurada por el gobierno y que los cuadros los habían pintado alumnos de bellas artes, te doblan el precio respecto de otras tiendas. Claro que en eso incluyen la comisión del 50% que se llevan los guías de los grupos que paran por allí.
Y una vez han despojado al turista ávido de papiros del dinero que trae, y de liarlo con descuentos y regalos, le invitan a beber algo (en realidad, antes de venderte).
Tras la cena, una del grupo pregunta en la tienda del barco el precio de unas tazas de cerámica, y cuando se lo dicen casi le da un pasmo. ¡Le habían cobrado 32€ de más!
Pero en realidad, el motivo de la visita a la tienda no son las compras, sino el obtener información sobre algún café no típico de turistas, sino de locales. Para facilitarnos las cosas, el dependiente nos escribe el nombre en un papel y nos orienta sobre el precio de un taxi o calesa hasta allí.
Y aquí comienza otro de los puntos álgidos del viaje, pues el calesero se empeña en llevarnos al mercado egipcio antes de llevarnos al café. Además, como vamos seis en la misma calesa, hay uno que queda sentado muy cerca de donde da el látigo por atrás y pasa la mitad del tiempo protegiéndose del mismo con las manos. Y como el calesero ha dejado las riendas libres para hablar con nosotros, termina llevándolas Dioni en su lugar. Hay un par de momentos en que no podemos más de la risa que nos entra, porque acompaña la mitad de las frases de una risita seca y corta (el calesero, no Dioni) provocada por el chocolate.
Pasamos por delante del café y continuamos hacia el mercado egipcio, mercado que a las once y media seguía en pleno esplendor. Los puestos de frutos mas cercanos a la placita con los cafés estaban bastante limpios, pero fue comenzar a alejarnos de allí e ir viendo cada vez más suciedad. Y esta vez no todo el mundo te pedía dinero al hacer fotos.
Al final, inevitablemente, acabamos en la tienda en la que el calesero se llevaba comisión, aunque de 5€ comprásemos o no en vez del 50%. Y de nuevo, cayeron Julián y compañía. Cayeron porque realmente eran mucho más baratos los papiros y perfumes que en las tiendas oficiales a que nos llevaron, sino también porque había algunos que eran preciosos y las tiras de su materia prima eran del ancho adecuado (1-2cm).
La plata que miré era cara, así que decidí no comprar nada. Al final intentaron marcar un precio que no era a Julián cuando fue a pagar con la tarjeta, se enfadó e intentamos irnos. Nos preguntaron el motivo, discutieron, se preocuparon por si decíamos algo en el barco, y al subir a la calesa le ofrecieron el cacharro por el precio que habían fijado antes de todo el jaleo.
El otro problema del día fue el robo de la cartera con dinero, documentos y tarjeta de Omar, el costarricense que viene con nosotros. En la denuncia les ayudó Mineawy, el guía, porque fue escrita en árabe, y además les prestó el móvil para poder anular la tarjeta una vez que encontraron el número al que debían llamar. Pero con todo el papeleo se perdieron el paseo por el pueblo.
Día 6
Etiquetas: Egipto
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