domingo, marzo 25, 2007
Saint Tropez, Montecarlo y Éze
Hoy toca panzada de kilómetros, puesto que la idea es llegar a Montecarlo y volver, bordeando la costa con tranquilidad y parando en algunos pueblos, dejando Niza para la vuelta.
Así que bajo un cielo nublado, ligeramente ventoso, pero con una temperatura agradable, hago la primera parada en Saint Tropez, uno de esos pueblitos que tienen fama por ser residencia veraniega de famosos como Brigitte Bardot. En el puerto se ven unos yates bastante aparatosos y grandes, de esos que pasan mas tiempo muertos de risa atracados que navegando y que la mayoría de sus propietarios usan para epatar a las amistades y fardar.
Las terrazas de las cafeterías del puerto viejo están rodeadas por plásticos en un frente continuo que las hace indiferenciables unas de otras salvo que te metas por el pasillo que las une con los locales fijos. El cafelito entra de maravilla tras el paseo hasta la Torre del Portalet, donde, además de haber algún cañón, hay un ancla que me recuerda a la que tenía mi abuelo en su jardín.
Después de casi perderme al atravesar Saint Raphaël, llegué a la parte de la carretera que serpentea entre la costa y la vía del tren, con unas vistas impresionantes del mar que rompe varias decenas de metros mas abajo. Así me decía Jorge que pasase de las autopistas.
A la altura de Cannes, que, a pesar de ser sede del festival de cine, no me interesa, hay un desvío a Grasse, la ciudad de los perfumes. Tenía curiosidad por ver los campos de lavanda, pero me dijeron que no quedaba ni rastro y con la experiencia perfumera del año pasado en Egipto, que les fabrican unas cuantas esencias, pues mejor seguir directo a Niza.
Niza, la gran decepción del viaje. La carretera entra bordeando la Promenade des Anglais, que no se diferencia gran cosa de la mayoría de paseos marítimos hasta pasados unos cuantos kilómetros. Me parece que ya es el muelle de los Estados Unidos donde aparecen los edificios de hotelitos con encanto y poco después la parte del muelle antiguo, muy parecido a otros muelles de esta misma costa, rectangular y con los edificios bajos pintados de distintos colores pastel, y con la feria montada.
Supongo que es por aquí cerca por donde quedaré esta tarde con Teemu, pero claro, una cosa son los planes y otra lo que sale y es que, a pesar de haber quedado con él en que nos veíamos el sábado, de haberle dejado un mensaje en el contestador del móvil el viernes, cuando por fin le localizo el mismo sábado desde Montecarlo, resulta que no puede quedar por la tarde porque él y Mathilde van al cine y sólo pueden quedar a las siete, que ya es muy tarde para mí. Ni que fuese clarividente, porque al regresar no sé ni cómo llegué a la autopista después de haberme perdido...
En fin, que siguiendo viaje ví un pueblecito encaramado en una roca, Éze, con una pinta estupenda, que en principio no tenía tiempo de ver. En Montecarlo primero te sorprenden los rascacielos, que tienen el estilo que les falta a los franceses, después te imaginas a los fórmula 1 por las calles reviradas y alucinas y, al llegar a la zona del casino ves una concentración de coches de lujo solo equiparable a Londres. En cambio, las tiendas de lujo son multinacionales con presencia en la mayoría de grandes ciudades. Yo, como soy un poco de pueblo, me recordó a Serrano, qué se le va a hacer :p
Por culpa de un despiste, en vez de zapatos llevaba deportivas, por lo que ni intenté entrar en el casino, pero a cambio me dí un paseo por detrás, en la zona ajardinada que da al mar, con vista directa a los veleros que regresaban con los spis desplegados. Me encantan las vistas y me encanta ver que la gente tiene los barcos para utilizarlos y no para exponerlos. Es un ambiente que se ve más aquí que en la costa mediterránea española que conozco.
La parte del castillo de los Grimaldi es curiosa. Las callejas con sus casas se ven medievales y bien cuidadas, con un castillo que parece un tanto pastiche, con la estatua del fraile un poco hacia un lado, sus cañones defensivos con las balas prestas a sus uso, un ayuntamiento con una escalera notable y el museo oceanográfico famoso por haber provocado sin querer la invasión de la Caulerpa taxifolia del Mediterráneo que está acabando con las praderas de Posidonia. El puerto de la Condamine se ve precioso desde aquí.
Y ya de regreso, como no voy a ver a Teemu, acabo en Éze, el pueblo encaramado a la roca como si de un nido de águilas se tratase. Sólo se puede subir a la parte antigua andando, y entrar en sus estrechas callejas es perderte en la Edad Media, con sus casas de piedra y los pocos turistas que a estas horas deambulan por allí. En la zona de la iglesia y el cementerio, te das cuenta de la debacle que debieron suponer las dos Guerras Mundiales en este pueblo, la mayoría de ellos de nombre italiano. El hotel tenía la terraza en voladizo sobre el vacío disfruté de una puesta de sol espectacular.
Así que bajo un cielo nublado, ligeramente ventoso, pero con una temperatura agradable, hago la primera parada en Saint Tropez, uno de esos pueblitos que tienen fama por ser residencia veraniega de famosos como Brigitte Bardot. En el puerto se ven unos yates bastante aparatosos y grandes, de esos que pasan mas tiempo muertos de risa atracados que navegando y que la mayoría de sus propietarios usan para epatar a las amistades y fardar.
Las terrazas de las cafeterías del puerto viejo están rodeadas por plásticos en un frente continuo que las hace indiferenciables unas de otras salvo que te metas por el pasillo que las une con los locales fijos. El cafelito entra de maravilla tras el paseo hasta la Torre del Portalet, donde, además de haber algún cañón, hay un ancla que me recuerda a la que tenía mi abuelo en su jardín.
Después de casi perderme al atravesar Saint Raphaël, llegué a la parte de la carretera que serpentea entre la costa y la vía del tren, con unas vistas impresionantes del mar que rompe varias decenas de metros mas abajo. Así me decía Jorge que pasase de las autopistas.
A la altura de Cannes, que, a pesar de ser sede del festival de cine, no me interesa, hay un desvío a Grasse, la ciudad de los perfumes. Tenía curiosidad por ver los campos de lavanda, pero me dijeron que no quedaba ni rastro y con la experiencia perfumera del año pasado en Egipto, que les fabrican unas cuantas esencias, pues mejor seguir directo a Niza.
Niza, la gran decepción del viaje. La carretera entra bordeando la Promenade des Anglais, que no se diferencia gran cosa de la mayoría de paseos marítimos hasta pasados unos cuantos kilómetros. Me parece que ya es el muelle de los Estados Unidos donde aparecen los edificios de hotelitos con encanto y poco después la parte del muelle antiguo, muy parecido a otros muelles de esta misma costa, rectangular y con los edificios bajos pintados de distintos colores pastel, y con la feria montada.
Supongo que es por aquí cerca por donde quedaré esta tarde con Teemu, pero claro, una cosa son los planes y otra lo que sale y es que, a pesar de haber quedado con él en que nos veíamos el sábado, de haberle dejado un mensaje en el contestador del móvil el viernes, cuando por fin le localizo el mismo sábado desde Montecarlo, resulta que no puede quedar por la tarde porque él y Mathilde van al cine y sólo pueden quedar a las siete, que ya es muy tarde para mí. Ni que fuese clarividente, porque al regresar no sé ni cómo llegué a la autopista después de haberme perdido...
En fin, que siguiendo viaje ví un pueblecito encaramado en una roca, Éze, con una pinta estupenda, que en principio no tenía tiempo de ver. En Montecarlo primero te sorprenden los rascacielos, que tienen el estilo que les falta a los franceses, después te imaginas a los fórmula 1 por las calles reviradas y alucinas y, al llegar a la zona del casino ves una concentración de coches de lujo solo equiparable a Londres. En cambio, las tiendas de lujo son multinacionales con presencia en la mayoría de grandes ciudades. Yo, como soy un poco de pueblo, me recordó a Serrano, qué se le va a hacer :p
Por culpa de un despiste, en vez de zapatos llevaba deportivas, por lo que ni intenté entrar en el casino, pero a cambio me dí un paseo por detrás, en la zona ajardinada que da al mar, con vista directa a los veleros que regresaban con los spis desplegados. Me encantan las vistas y me encanta ver que la gente tiene los barcos para utilizarlos y no para exponerlos. Es un ambiente que se ve más aquí que en la costa mediterránea española que conozco.
La parte del castillo de los Grimaldi es curiosa. Las callejas con sus casas se ven medievales y bien cuidadas, con un castillo que parece un tanto pastiche, con la estatua del fraile un poco hacia un lado, sus cañones defensivos con las balas prestas a sus uso, un ayuntamiento con una escalera notable y el museo oceanográfico famoso por haber provocado sin querer la invasión de la Caulerpa taxifolia del Mediterráneo que está acabando con las praderas de Posidonia. El puerto de la Condamine se ve precioso desde aquí.
Y ya de regreso, como no voy a ver a Teemu, acabo en Éze, el pueblo encaramado a la roca como si de un nido de águilas se tratase. Sólo se puede subir a la parte antigua andando, y entrar en sus estrechas callejas es perderte en la Edad Media, con sus casas de piedra y los pocos turistas que a estas horas deambulan por allí. En la zona de la iglesia y el cementerio, te das cuenta de la debacle que debieron suponer las dos Guerras Mundiales en este pueblo, la mayoría de ellos de nombre italiano. El hotel tenía la terraza en voladizo sobre el vacío disfruté de una puesta de sol espectacular.
Etiquetas: Francia
Destinos
- Vietnam
- Angkor Wat, Camboya
- Egipto
- Zaragoza
- Museo Lázaro Galdiano, Madrid
- La Pedriza, Madrid
- Puerto de Navacerrada, Madrid
- Laguna de Peñalara, Madrid
- Traineras en Cantabria
- Santa María la Real, Nájera
- Paseo por Sevilla
- Regata de grandes veleros, Cádiz
- Mapa del sitio
Enlaces
- Ofertas de viajes y vuelos
- Sinh Cafe
- Vietnam Tourism
- Fotos de Vietnam
- Cambodia Tourism
- Fotos de Camboya
- Egipto.com
- Egiptología
- Egiptomanía
- Fotos de Egipto
- Fotos de Zaragoza
- De viajes
- Con la mochila al hombro (blog)
- Tienda del Diario de viajes
- Pixaco (Revelado digital desde 0,09 €)
El diario en papel
Mensajes anteriores
- Cassis y La Ciotat, Francia
- Laguna de Peñalara
- Puerto de Navacerrada, 9 de septiembre de 2006
- Gran regata de barcos escuela, Cádiz, 27 de julio ...
- Recapitulación y datos prácticos sobre Egipto
- Regreso a España, 10 de marzo de 2006
- Saqqara y Dahshur, Egipto, 9 de marzo de 2006
- El Cairo, Egipto, 8 de marzo de 2006
- Giza, Egipto, 7 de enero de 2006
- Luxor y orilla occidental, Egipto, 6 de marzo de 2006
Publicidad