sábado, abril 15, 2006

 

El Cairo, Egipto, 8 de marzo de 2006

Hoy me toca ir a mí sola. Julián ha cambiado de planes y decide quedarse a dormir hasta tarde en el hotel. Como ya llevo sabido el precio del taxi por lo de anoche, no tengo problemas para obtenerlo del del hotel rápidamente. Pero en realidad el taxi va compartido con dos japoneses que casi no hablan inglés y que sólo iban hasta el metro más cercano. Lo cual es una timada porque el intermediario ha fijado con ellos el mismo precio por el que a mí que me lleva al centro. Entre el taxista, que se llama Donia, y yo, les explicamos lo que les ofrece el taxista: llevarlos hasta el barrio copto, que es adonde van, esperarlos y traerlos de vuelta al hotel por un precio final de 45 LE, lo cual me parece bastante más justo que el trato inicial. Pero costó, porque vienen avisados contra los timos. En el precio también ayudó que saliésemos un poco más tarde que el turista normal que intenta aprovechar el tiempo al máximo.

Total, que me dejan a la puerta del museo egipcio, ahora que sabe que ese es mi destino final y no Midan Tahrir (Midan significa plaza), y comienzo a aprovechar las ventajas del carnet de la universidad. A fin de cuentas, es cierto que sigo estudiando, je, je.

Subo, suelto más pelas para ver las momias de varios faraones: una de las cuales se conserva perfectamente, tal cual debieron depositarla en su sarcófago; otra está envuelta en el sudario original, pero sin la máscara; y el resto está en diferentes estados de destrozo, dando varios grados de pena según los cuerpos, vendajes y sudarios estén más o menos colocados y más o menos enteros.

Viendo que la galería de Tutankhamón está llena de gente, hago un recorrido hasta allá con toda la tranquilidad del mundo. Recorro primero el lado izquierdo porque el derecho parece tener más gente, y veo prácticamente sola todos los sarcófagos, figuritas (los barcos son una maravilla, especialmente la pareja que está pescando y tienen una red extendida para capturarlos), pero en el caos de la entrada no logro encontrar la paleta de Narmer. ¿Estará en la exposición de Madrid?

En la zona de mobiliario veo a varias chicas pintando con sus pañuelos a la cabeza.

La zona de Tutankhamón sigue llena de gente. Los collares y pextorales y brazaletes impresionan por el detalle y finura del trabajo, en el que se distinguen perfectamente las plumas de los buitres.

Los santuarios de madera sobredorada aturden más al pensar en el espacio que debió quedar entre unas paredes y otras. Supongo que primero metieron el sarcófago sobre los suelos de todos y luego fueron ensamblándolos.

El museo está lleno de chicas dibujando distintas piezas expuestas. Deben de ser estudiantes de Bellas Artes.

La mochila empieza a pesar.

En el ala derecha de esta planta me ha llamado mucho la atención las momias de Al Fayún, todas con sus retratos al óleo, con un estilo y perfección que únicamente volvería a alcanzarse mil y pico años después.

Los papiros en aquella época debían recolectarse mayores que ahora, porque las tiras tienen de 2 a 2,5 cm de ancho. Y los libros expuestos abarcan varios estadíos distintos de escritura, incluyendo una muy esquemática en sus jeroglíficos, similares a los que vimos en la tumba de Tutmosis III en el Valle de los Reyes.

Al llegar a la zona de Tutankhamón de nuevo, me encuentro con el grupo en su visita. Estamos haciendo el recorrido en sentido contrario. Creo que el guía está algo incómodo al verme por allí.

El resto de esta ala contiene más triclinios, armas y estatuas de Tutankhamón.

Al bajar a la planta baja coincido con los de Albacete, que no van a ver las momias. Tras un rato de cháchara prosigo el recorrido por la zona acondicionada por las misiones americanas. Está fenomenalmente iluminada y los objetos lucen más.

Hay una tríada preciosa en algo que parece basalto y mas objetos del Valle de los Reyes.

En la siguiente sala hay estelas funerarias de todos los tipos y colores, de las que al menos dos vienen con tres escrituras, como la de Rosetta, pero mejor conservadas y más grandes. Y aquí no las tienen destacadas. Comienzan a pararme niños y niñas curiosos, algunos sabiendo inglés, otros chapurreando las tres frases típicas (How are you?, What's your name?, Where are you from?, a las que a veces se suma el Do you like Egypt?), y otros que sólo saben árabe y apenas podemos comunicarnos. Incluso algunas niñas vencen su timidez para pedirte que te hagas una foto con ellas (con el móvil). Los niños jamás tienen ese problema e incluso alguno de los que apenas habla inglés te pide el email y/o el móvil. Esto y las fotos con nosotros supongo que serán como un trofeo de caza, pero con la de turistas que tienen, no termino de entender tanta curiosidad.

Al ir a coger el metro me desoriento y un señor muy majo me acompaña, se pasa del sitio al que iba, baja conmigo a la estación y me explica dónde comprar el billete, en que dirección ir y lo que cuesta.

Espero en la zona de mujeres. Cuando alguna se encuentra con conocidas, se dan cuatro besos.

En Mar Girgis me acoplo a dos alemanas, lo que resulta ser un error porque van muy lentas. En el barrio copto se ven mujeres sin pañuelo junto a monjas que sólo muestran los ojos, es decir, que van a los dos extremos, con las musulmanas en medio.

Para no romper la tónica dominante, también aquí hay algo cerrado: el museo copto. Así que nos lo saltamos y comenzamos por la iglesia colgante. Hay gente rezando, pero nos dicen que no importa, que pasemos y veamos. Salvo por las capillitas estas que le tienen a los santos y en las que recogen donativos y encienden velas, me resultaría todo mucho más extraño que en una mezquita, donde al menos sé localizar el mihrab.

En vez de persignarse ante los santos, tocan el cristal protector y luego se besan los dedos, o mas bien al revés. Y la cruz al persignarse no la hacen tan amplia como nosotros, sino que tras tocarse la frente, el resto queda hecho en una breve zona del pecho.

La iglesia de San Jorge o Agios Giorgios, parece una réplica en pequeñito de Santa Sofía. Aparte de varios elementos de autoflagelación , incluidas unas sandalias con clavo a lo fakir, en una capillita de abajo, hay montones y montones de cuadros de San Jorge con el dragón, San Atanasio y otro santo de nombre griego. Aunque escrito es más bien una mezcla de griego con cirílico (vaya, Cirilo es el tercer santo).

Después nos perdemos en el cementerio ortodoxo, en el que conviven el griego y el árabe apaciblemente junto a panteones abandonados y tumbas recientes. El ambiente en toda esta zona, iglesias incluidas, es sumamente tranquilo y recogido, bien distinto del bullicio del resto del Cairo.

Las otras iglesias están bajando unas escaleras y pasando por debajo del muro del convento de San Giorgios. La de San Sergio está también recogida, pero llegamos al empezar la misa, con los mojes cantando ocultos tras una tela. Y por allí seguimos los turistas. En Santa Bárbara tienen reliquias de la santa y la misa está más avanzada. Me sienta fatal que me exijan “donativo” cuando en otros sitios he ido dejando lo que me parecía en las capillitas y nadie me ha pedido nada. En fin :(

El del taxi vuelve a regatear para llevarme a la ciudadela, que si el tráfico, que si no se qué. Y que casualidad, aquí también hay una especie de encargado que vela por el negocio y atiende a razones. Total: 10 LE.

En la ciudadela empiezo a pasarlo mal. El polvo me irrita los ojos y hay ratos que además de llorar, voy con ellos cerrados. Cuando paro para buscar un nuevo pañuelo con que limpiarme, llega un policía para preguntarme que si me lleva al baño. :)

En la ciudadela hay tres mezquitas, y a la hora que yo voy la mayoría de los turistas son locales, y algunos están sentados en el suelo leyendo y charlando tranquilamente.

La mezquita de Mohammed Alí, o de Alabastro, es grande y opulenta, mientras que la de al lado, de el Nasser Mohammed es mas antigua y cuenta con un artesonado maravilloso. Pero la tercera, al fondo de la ciudadela, es aún mejor. Más pequeña, pero con unos adornos que la hacen única.

En la ciudadela hay además dos museos, que no visito, más un edificio de carruajes del siglo pasado, mas el palacio de Gazira, que es una mala copia de los parisinos.

Pretendiendo seguir el itinerario de mi hermano casi me pierdo, y al final decido coger un taxi hacia Jan el Jalili. En esta zona el taxista no habla inglés y acordamos el precio con él enseñándome el billete que tenía que darle: 10 LE. La verdad es que tiene lógica que nos cobren el doble a los turistas (pero no el cuádruple), porque saben que no van a parar en el camino para recoger a nadie más.

De paso, como tiene las cuatro puertas abiertas, aprovecho para echar un vistazo a la mezquita de Hussein y lo que veo no me anima a entrar. Las mujeres tienen reservada una puerta para ellas en el lado opuesto al grueso del zoco.

Lo primero es lo primero, y me voy a buscar a Jordi para cambiar la Nefertiti por otra cosa, que acaba siendo un anj, o llave de la vida, de oro con esmalte azul. Esta es la más bonita de las que tienen, pues suelen ser muy sosas y desproporcionadas.

Tengo suerte y el primero al que pregunto chapurrea español y me acompaña hasta su tienda, aunque tenemos que preguntar un par de veces hasta llegar. Hay que subir unas escaleras y atravesar varios chamarileros. El local está lleno de españoles.

Y de aquí a buscas las mantelerías. Como tengo la cabeza a cuadros, acabo comprando la grande blanca en vez de pintada, y como la redonda está sucia de polvo, le pido al tío el nombre por si no se limpia y tiene que venir Pablo a cambiarla.

Pablo me llama y mientras le espero visito Al Azar y alrededores. Los alrededores es zona de librerías, por lo que no hay ningún turista. En la mezquita tengo que ponerme el pañuelo además de quitarme los zapatos y se me incorpora el guía sin comerlo ni beberlo. Me enseña la zona de la madrasa, el patio, la sala de oración, la antigua sinagoga (imagináos mi cara de sorpresa, una sinagoga adosada a una de las principales mezquitas) y finalmente el minarete hasta casi arriba. Hay trozos en los que la oscuridad es completa y eso que todavía hay luz fuera. No se los de la noche como habrán subido, porque linterna no utilizan. A la salida le doy 10 LE y toro de los guías me dice que más, que le doy por no discutir.

Espero a Pablo cerca de un control policial de los muchos que hay en las zonas y hoteles turísticos, y nos vamos al café de los espejos, que es el que vienen en todas las guías por su ambiente y por ser aquel en el que pasaba las tardes Naguib Mahfuz. Tenemos que cambiarnos de sitio por un grupo enorme de españoles.

Pablo ha quedado a cenar y me voy con él y sus amigos. Tienen el local con las luces bastante bajas y es uno de los de moda en Zamalek. Pasamos un rato muy agradable, comemos bastante bien, el zumo de naranja es natural, pero mis ojos me están matando y nos levantamos a las 10. Como las despedidas son a la española, salimos de allí mucho mas tarde. Y como no llevo el cacharro de las lentillas en la mochila, acabo con una de ellas en la mano.

Caigo a dormir como un plomo, acunada por la música clásica que se oye de abajo de las piscina, o del restaurante.

Día 9

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Saludos, Gilbert,
 
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