sábado, noviembre 06, 2004
Zaragoza, 30 y 31 de octubre de 2004
Hoy hemos madrugado de lo lindo para ir a Zaragoza, a la jura de bandera de mí cuñada. A pesar de todo, hemos tenido que esperar un rato a que terminase de arreglarse la otra persona que venía con nosotras en el coche.
El viaje en sí ha sido tranquilo, salvo al acercarnos a Zaragoza, que estaba un carril cortado, y luego al buscar ya el desvío para la Academia, pues una de las señales mas que indicar, despista.
Al entrar en el edificio, hemos hecho un poco el borrego. Es decir, hemos entrado por donde veíamos que entraba todo el mundo y ha resultado ser el extremo opuesto a nuestras tribunas. Total, que en vez de salir y dar la vuelta por fuera, la hemos dado por dentro, sorteando a gente. Lo mejor ha sido cuando una de las compañías que esperaba para salir se ha puesto a cantar el soldadito español. Yo creo que lo hicieron para sacarse los nervios de encima, pero mi cuñada dice que lo tenían ensayado. Si era así ¿porqué las compañías del otro lado no cantaban?
La jura en sí ha estado bien y no ha habido mucho que contar: un micrófono que entrecortaba la primera alocución del capellán, algún que otro soldado que no seguía la línea (que estaba marcada en el suelo con adoquines mas oscuros), mi cuñada con el cabestrillo y sin poder desfilar, y por último, uno de los soldados que tenían que disparar al final, que no ha cargado bien el arma y al final, al soltar la bala de la recámara después de que los demás ya hubiesen sacado el casquillo, sonó cling. Solo lo oímos los de la tribuna cercana.
Después de la jura, y antes de la comidilla que nos tenían preparada, a base de picoteo, un nuevo desfile. La primera compañía pasa delante nuestro sin cantar e inmediatamente después piden permiso para cantar al capitán, que tarda en responderles. Luego, cada compañía canta una canción distinta, unas mas salaces que otras ;)
Por la tarde, una siestecita y primera vuelta por la Plaza del Pilar. Entramos en la basílica, donde, a falta de pulso y por no poner el flash, las fotos que hago salen movidas y tengo que recurrir a mi hermano. Y de aquí vamos a la Seo a oir misa, dónde el cura muestra en todo su esplendor la rivalidad entre las dos iglesias en el sermón.
Mi hermano, mientras, desaparece en El Corte Inglés, y nos tiramos una hora esperándole gracias a un malentendido. Gracias a eso, damos ocho vueltas a la Seo (vale, quizás unas pocas menos...) Y vemos otras ocho novias en sesión fotográfica (y aquí si que no exagero). Así que para matar el tiempo, nos dedicamos a criticar las poses, repasar los vestidos, etc. Hay una pareja bastante hortera, a la que el fotógrafo les pide unas poses indescriptibles y como sacadas de la serie B. Otra de las parejas es muy simpática, y la fotógrafa se aprovecha para pedirles poses graciosas. Una tercera pareja es clásica total, y el resto pasan sin pena ni gloria por allá.
De todas formas, la mitad de los que estamos hoy por acá es familia a conocido de los militares de la Academia y hemos venido por la jura. Muchos de ellos están vestidos de uniforme, lo que me choca porque a los padres de mis amigas ha habido muchos años en los que les prohibían salir a la calle con ellos.
Por la noche, y después de cenar, al baile. El padre de mi cuñada nos insiste a su hija mayor y a mí en que busquemos a los oficiales de tres estrellas de seis puntas o una de ocho, ni mas ni menos, pues los demás son o demasiado jóvenes o demasiado viejos para nosotras :D De esos, no vimos ni uno. En cambio, vimos a puertoriqueños con estrellas por ser los mejores de su promoción, venezolanos, americanos vestidos de camareros (de la Armada de allá) y de West Point (el uniforme de la chica era cantoso como pocos, pues al amontonamiento de chorreras y dorados y el fajín morado suma una falda blanca), y una representación de casi todos los cuerpos españoles: tierra, aire, armada, guardia civil, complemento, médicos, ingenieros, etc.
Un amigo de Olga nos comentó que las maniobras de los americanos eran completamente diferentes de las de aquí, pues se llevaban camas de campaña, duchas, y ¡hasta un McDonald’s en un camión!
Por lo demás, no había quien se acercase a la barra a pedir bebidas, aunque a Eva y a mí nos las pidieron unos chicos muy simpáticos que estaban por allí. La novia o mujer de uno de los compañeros y yo nos pasamos todo el rato criticando lo que se nos pusiese a tiro, con especial hincapié en la muchacha que por la mañana se había presentado en la jura como recién salida de una discoteca (botas altas blancas y negras, y minifalda-cinturón ajustada).
Al día siguiente aprovechamos para dar otro paseo por Zaragoza, visitando lugares en los que habían vivido familiares de mi cuñada y el Tubo. Y ya al irnos, la Aljafería. Primero nos equivocamos de salida en una rotonda y luego resulta que solo había un lateral para aparcar en el que solo se podía parar. Total, que bajamos de los coches, nos acercamos al edifico, empezamos a dar una vuelta a la fortaleza, que parece preciosa, y al doblar la primera esquina ¡zas! el pastiche. Los últimos edificios que le han añadido quedan como un pegote, y los dos arquitectos que van con nosotros están aún mas horrorizados que nosotras.
A la vuelta se nos pone a llover a ratos, para que vayamos haciéndonos a la idea de lo que nos espera.
[Nota]: El enlace lleva a la galería fotográfica correspondiente.
El viaje en sí ha sido tranquilo, salvo al acercarnos a Zaragoza, que estaba un carril cortado, y luego al buscar ya el desvío para la Academia, pues una de las señales mas que indicar, despista.
Al entrar en el edificio, hemos hecho un poco el borrego. Es decir, hemos entrado por donde veíamos que entraba todo el mundo y ha resultado ser el extremo opuesto a nuestras tribunas. Total, que en vez de salir y dar la vuelta por fuera, la hemos dado por dentro, sorteando a gente. Lo mejor ha sido cuando una de las compañías que esperaba para salir se ha puesto a cantar el soldadito español. Yo creo que lo hicieron para sacarse los nervios de encima, pero mi cuñada dice que lo tenían ensayado. Si era así ¿porqué las compañías del otro lado no cantaban?
La jura en sí ha estado bien y no ha habido mucho que contar: un micrófono que entrecortaba la primera alocución del capellán, algún que otro soldado que no seguía la línea (que estaba marcada en el suelo con adoquines mas oscuros), mi cuñada con el cabestrillo y sin poder desfilar, y por último, uno de los soldados que tenían que disparar al final, que no ha cargado bien el arma y al final, al soltar la bala de la recámara después de que los demás ya hubiesen sacado el casquillo, sonó cling. Solo lo oímos los de la tribuna cercana.
Después de la jura, y antes de la comidilla que nos tenían preparada, a base de picoteo, un nuevo desfile. La primera compañía pasa delante nuestro sin cantar e inmediatamente después piden permiso para cantar al capitán, que tarda en responderles. Luego, cada compañía canta una canción distinta, unas mas salaces que otras ;)
Por la tarde, una siestecita y primera vuelta por la Plaza del Pilar. Entramos en la basílica, donde, a falta de pulso y por no poner el flash, las fotos que hago salen movidas y tengo que recurrir a mi hermano. Y de aquí vamos a la Seo a oir misa, dónde el cura muestra en todo su esplendor la rivalidad entre las dos iglesias en el sermón.
Mi hermano, mientras, desaparece en El Corte Inglés, y nos tiramos una hora esperándole gracias a un malentendido. Gracias a eso, damos ocho vueltas a la Seo (vale, quizás unas pocas menos...) Y vemos otras ocho novias en sesión fotográfica (y aquí si que no exagero). Así que para matar el tiempo, nos dedicamos a criticar las poses, repasar los vestidos, etc. Hay una pareja bastante hortera, a la que el fotógrafo les pide unas poses indescriptibles y como sacadas de la serie B. Otra de las parejas es muy simpática, y la fotógrafa se aprovecha para pedirles poses graciosas. Una tercera pareja es clásica total, y el resto pasan sin pena ni gloria por allá.
De todas formas, la mitad de los que estamos hoy por acá es familia a conocido de los militares de la Academia y hemos venido por la jura. Muchos de ellos están vestidos de uniforme, lo que me choca porque a los padres de mis amigas ha habido muchos años en los que les prohibían salir a la calle con ellos.
Por la noche, y después de cenar, al baile. El padre de mi cuñada nos insiste a su hija mayor y a mí en que busquemos a los oficiales de tres estrellas de seis puntas o una de ocho, ni mas ni menos, pues los demás son o demasiado jóvenes o demasiado viejos para nosotras :D De esos, no vimos ni uno. En cambio, vimos a puertoriqueños con estrellas por ser los mejores de su promoción, venezolanos, americanos vestidos de camareros (de la Armada de allá) y de West Point (el uniforme de la chica era cantoso como pocos, pues al amontonamiento de chorreras y dorados y el fajín morado suma una falda blanca), y una representación de casi todos los cuerpos españoles: tierra, aire, armada, guardia civil, complemento, médicos, ingenieros, etc.
Un amigo de Olga nos comentó que las maniobras de los americanos eran completamente diferentes de las de aquí, pues se llevaban camas de campaña, duchas, y ¡hasta un McDonald’s en un camión!
Por lo demás, no había quien se acercase a la barra a pedir bebidas, aunque a Eva y a mí nos las pidieron unos chicos muy simpáticos que estaban por allí. La novia o mujer de uno de los compañeros y yo nos pasamos todo el rato criticando lo que se nos pusiese a tiro, con especial hincapié en la muchacha que por la mañana se había presentado en la jura como recién salida de una discoteca (botas altas blancas y negras, y minifalda-cinturón ajustada).
Al día siguiente aprovechamos para dar otro paseo por Zaragoza, visitando lugares en los que habían vivido familiares de mi cuñada y el Tubo. Y ya al irnos, la Aljafería. Primero nos equivocamos de salida en una rotonda y luego resulta que solo había un lateral para aparcar en el que solo se podía parar. Total, que bajamos de los coches, nos acercamos al edifico, empezamos a dar una vuelta a la fortaleza, que parece preciosa, y al doblar la primera esquina ¡zas! el pastiche. Los últimos edificios que le han añadido quedan como un pegote, y los dos arquitectos que van con nosotros están aún mas horrorizados que nosotras.
A la vuelta se nos pone a llover a ratos, para que vayamos haciéndonos a la idea de lo que nos espera.
[Nota]: El enlace lleva a la galería fotográfica correspondiente.
Etiquetas: España
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