sábado, noviembre 06, 2004
Siem Reap, Camboya, 1 de julio de 2004
Algunas de las frases en vietnamita que nos ha enseñado el recepcionista esta mañana son las siguientes (los acentos son aproximados):
Por cierto, lo de las pantallas de plasma en las salas de espera es algo que deberían copiar en Europa. Hasta han permitido a Angela seguir la Eurocopa...
A la llegada al aeropuerto hablamos con dos americanas para compartir taxi hasta el pueblo, y aceptan. El taxista no pone problemas a la hora de intentar llevarnos al sitio que nos recomendó la irlandesa, y después llevar a las americanas a otro hotel distinto del que quieren y tienen pensado, porque dice que lo cerraron hace dos años.
Total, que cuando creemos que nos ha llevado al nuestro, nos encontramos en otro completamente diferente, y ciertamente, no una casa de huéspedes.
Tras una breve discusión, conseguimos que nos lleve a dónde queremos, que resulta ser un sitio bastante agradable. Las americanas deciden quedarse también y el taxista nos propone que le contratemos para la visita a las ruinas. Negociamos y llegamos a un acuerdo, y para Angkor que nos vamos tras dejar el equipaje en la habitación.
Me toca pagar en euros, con un cambio horrible, porque no llevo suficiente dinero en dólares y prefiero que Angela pague mi parte del taxi con lo que la presté.
La primera parada es Angkor Wat. Cruzamos por el eje principal después de haber tenido nuestro primer contacto con los niños que te intentan asediar para que les compres postales. En Vietnam creo que en diez días no vimos tantos como aquí en dos minutos.
El foso de Angkor es enorme, y por lo que nos dice Sovan (pronúnciese Soguán), hace tres meses estaba vacío.
Entre los dos recintos del templo, y en un lateral, se ven multiples puestecillos con comida, bebida y artesanía, gorras y carretes. Es decir, todo lo que un turista puede necesitar o querer, bien a mano.
Aquí también se puede, y debe, regatear.
Llegamos hasta el corazón del complejo y subimos por unas escaleras empinadísimas hasta el templo de arriba. A pesar de todo, se considera que es un edificio de una sola planta, pues la estructura es piramidal y no hay salas en los bajos. La vista desde arriba es impresionante, y se dominan varios kilómetros al quedar por encima del nivel de los árboles.
Lo que me llama la atención en este templo es la profusa decoración de bajorrelieves, que parece cubrir cada centímetro disponible de paredes, pilares y muros del templo. Este rasgo es común a todos los templos del complejo que no son piramidales. Parece ser que originalmente la mayoría estaba recubierto de pan de oro o pintado. Y en los impresionantes murales de Angkor Wat se echa de menos que los restauradores no se hayan molestado en devolver la pintura a los bajorrelieves. En su momento de máximo esplendor debía dejar sin respiración ni palabras a los que llegaban a visitar los templos por primera vez.
Lo que me lleva a que los templos todavía están en uso, aunque los budistas han hecho modificaciones y han tapiado muchos muros, dejando a los budas en amplios nichos. Estos budas llevan un tejido anaranjado por encima, tienen un caldero de esos a los que poner varas de incienso y algo que haga las veces de mesita para las ofrendas de fruta y dinero. Los atiende un monje, o un santón vestido de blanco. En uno de los pasillos, y junto a un buda enorme, hay una cantidad importante de estatuillas y trozos de estatuas o frisos, algunos de ellos con tallas de apsaras.
De Angkor Wat pasamos a Angkor Thom y empiezo a notar la boca pastosa. Es curioso como me está afectando el calor, y eso que aparentemente no hace mucho mas calor ni humedad que en Vietnam. El agua no aplaca la sensación.
Angkor Thom está bastante mas deteriorado que Angkor Wat, o quizás es solo que no lo han restaurado tan a fondo como el otro. Éste era el complejo principal y el mas grande de todos. Hay una miriada de torrecillas, que a mí no me parecen estupas, con caras talladas en las cuatro direcciones principales de la brújula. Creo que estas caras se llaman devyatas y las hay de dos tipos, o con una mitad de cada. No soy capaz de ver las diferencias, pero impresiona la escala.
La puerta por la que entramos tienen una fila a cada lado de estatuas que soportan la baranda o pasamanos, como si fuera una cuerda de la que estuviesen tirando.
Sigue a continuación un templo mas pequeño que en Angkor Wat y restos de diferentes construcciones y lagos. Uno de estos templos, actualmente en restauración, tiene un gran buda tumbado, que tampoco veo. Atravesando una puerta en un muro se llega a la primera pirámide que vemos en Angkor Wat, y que se da un aire a pirámide maya o azteca bastante curioso. La decoración de estas pirámides es bastante mas austera que la de los templos.
Salimos a unas escaleras que dan a la terraza de los elefantes, así llamada porque tiene bajorrelieves de elefantes y remates de frontales de elefantes, con las trompas exentas y a modo de pilar decorativo.
Enfrente hay unas torres en pie con tonos amarillos, que debían pertenecer a otro edificio distinto del complejo.
La última parada del día va a ser en el templo al que sube todo el mundo para la puesta de sol, pero como aún es pronto, paramos en otra pirámide, llamada Bantham Preak o similar. Esta, en vez de rojiza es ocre, pero como ya me he cansado de subir escaleras solo lo rodeo, y luego observamos como sube Angela. Hay que ir ahorrando fuerzas para la última subida, pues según Sovan se tarda unos veinticinco minutos en completarla.
La verdad es que, aunque posiblemente fuese el acceso principal al templo, solo quedan un par de escalones, y lo demás son rocas desperdigadas aquí y allá. Aunque es cierto que hay un camino mejor y mas suave en un lateral, pero solo lo utilizan los elefantes. Somos complicados.
Cuando ya estamos casi arriba, empieza a llover. Terminamos de subir, solo para descubrir que hemos llegado a una explanada previa al templo y empieza a llover mas fuerte, por lo que nos refugiamos debajo de un pozo de ofrendas cubierto en el que ya hay unas cuantas personas, y en el que todavía se nos unirán unas pocas personas mas.
Sigue arreciando y sigue habiendo personas que se aventuran a subir en medio de la lluvia torrencial.
En cuanto escampa un poquito comenzamos Angela y yo a bajar los peñascos, esquivando torrentes y agarrándonos a los árboles (momento en el que descubro que uno de ellos tiene espinas bastante considerables), y divisamos a las americanas dando media vuelta.
A nuestro alrededor sigue habiendo agua por todas partes y la tormenta se acerca cada vez mas. No me gusta el panorama, pero me alegro de estar a cubierto en los árboles y no en un toldillo en medio de la explanada bien destacado.
A medio camino encontramos a una familia al completo puesta a cubierto bajo los árboles, por lo que básicamente están completamente calados. Noto como el agua comienza a calarme a mí también desde el cuello y el frontal del impermeable.
Nos refugiamos en el coche y decidimos las cuatro volver al pueblo, pues la lluvia no tiene visos de parar antes del anochecer. Al llegar despedimos al conductor hasta mañana.
Todavía caen unas cuantas gotas de agua cuando salimos a cenar. Angela quiere ver el pueblo, pero todas las calles parecen iguales: hotel, restaurante y vuelta a empezar, con tiendas y cibercafés intercalados de vez en cuando.
En la cena probamos un plato típico de allí que consiste en arroz con coco y habas (alubias negras) envueltas en una hoja y cocinados hasta que el arroz forma una pasta indiferenciada. Se me hace seco y no consigo terminarlo.
Cuando estamos casi terminando de cenar, aparecen unas profesoras irlandesas que van a visitar Asia en los tres meses de vacaciones que tienen.
Me acribillan los insectos, por lo que me voy a la habitación. Los geckos acá son diferentes de los de Vietnam: mas oscuros y con la cabeza mas afilada.
Día 2
- Hola, buenos días: xin chào
- Soy Lucía: tôi là Lucía
- Me llamo Lucía: tên cúa tôi là Lucía
- Por favor: xin mổi
- Gracias: cảm ón
- Muchas gracias: cảm ón rât nhiều
- Lo siento: xin lỗi (también es perdone)
- Adiós: tam biêt
- Hasta luego: hen găp lai
Por cierto, lo de las pantallas de plasma en las salas de espera es algo que deberían copiar en Europa. Hasta han permitido a Angela seguir la Eurocopa...
A la llegada al aeropuerto hablamos con dos americanas para compartir taxi hasta el pueblo, y aceptan. El taxista no pone problemas a la hora de intentar llevarnos al sitio que nos recomendó la irlandesa, y después llevar a las americanas a otro hotel distinto del que quieren y tienen pensado, porque dice que lo cerraron hace dos años.
Total, que cuando creemos que nos ha llevado al nuestro, nos encontramos en otro completamente diferente, y ciertamente, no una casa de huéspedes.
Tras una breve discusión, conseguimos que nos lleve a dónde queremos, que resulta ser un sitio bastante agradable. Las americanas deciden quedarse también y el taxista nos propone que le contratemos para la visita a las ruinas. Negociamos y llegamos a un acuerdo, y para Angkor que nos vamos tras dejar el equipaje en la habitación.
Me toca pagar en euros, con un cambio horrible, porque no llevo suficiente dinero en dólares y prefiero que Angela pague mi parte del taxi con lo que la presté.
La primera parada es Angkor Wat. Cruzamos por el eje principal después de haber tenido nuestro primer contacto con los niños que te intentan asediar para que les compres postales. En Vietnam creo que en diez días no vimos tantos como aquí en dos minutos.
El foso de Angkor es enorme, y por lo que nos dice Sovan (pronúnciese Soguán), hace tres meses estaba vacío.
Entre los dos recintos del templo, y en un lateral, se ven multiples puestecillos con comida, bebida y artesanía, gorras y carretes. Es decir, todo lo que un turista puede necesitar o querer, bien a mano.
Aquí también se puede, y debe, regatear.
Llegamos hasta el corazón del complejo y subimos por unas escaleras empinadísimas hasta el templo de arriba. A pesar de todo, se considera que es un edificio de una sola planta, pues la estructura es piramidal y no hay salas en los bajos. La vista desde arriba es impresionante, y se dominan varios kilómetros al quedar por encima del nivel de los árboles.
Lo que me llama la atención en este templo es la profusa decoración de bajorrelieves, que parece cubrir cada centímetro disponible de paredes, pilares y muros del templo. Este rasgo es común a todos los templos del complejo que no son piramidales. Parece ser que originalmente la mayoría estaba recubierto de pan de oro o pintado. Y en los impresionantes murales de Angkor Wat se echa de menos que los restauradores no se hayan molestado en devolver la pintura a los bajorrelieves. En su momento de máximo esplendor debía dejar sin respiración ni palabras a los que llegaban a visitar los templos por primera vez.
Lo que me lleva a que los templos todavía están en uso, aunque los budistas han hecho modificaciones y han tapiado muchos muros, dejando a los budas en amplios nichos. Estos budas llevan un tejido anaranjado por encima, tienen un caldero de esos a los que poner varas de incienso y algo que haga las veces de mesita para las ofrendas de fruta y dinero. Los atiende un monje, o un santón vestido de blanco. En uno de los pasillos, y junto a un buda enorme, hay una cantidad importante de estatuillas y trozos de estatuas o frisos, algunos de ellos con tallas de apsaras.
De Angkor Wat pasamos a Angkor Thom y empiezo a notar la boca pastosa. Es curioso como me está afectando el calor, y eso que aparentemente no hace mucho mas calor ni humedad que en Vietnam. El agua no aplaca la sensación.
Angkor Thom está bastante mas deteriorado que Angkor Wat, o quizás es solo que no lo han restaurado tan a fondo como el otro. Éste era el complejo principal y el mas grande de todos. Hay una miriada de torrecillas, que a mí no me parecen estupas, con caras talladas en las cuatro direcciones principales de la brújula. Creo que estas caras se llaman devyatas y las hay de dos tipos, o con una mitad de cada. No soy capaz de ver las diferencias, pero impresiona la escala.
La puerta por la que entramos tienen una fila a cada lado de estatuas que soportan la baranda o pasamanos, como si fuera una cuerda de la que estuviesen tirando.
Sigue a continuación un templo mas pequeño que en Angkor Wat y restos de diferentes construcciones y lagos. Uno de estos templos, actualmente en restauración, tiene un gran buda tumbado, que tampoco veo. Atravesando una puerta en un muro se llega a la primera pirámide que vemos en Angkor Wat, y que se da un aire a pirámide maya o azteca bastante curioso. La decoración de estas pirámides es bastante mas austera que la de los templos.
Salimos a unas escaleras que dan a la terraza de los elefantes, así llamada porque tiene bajorrelieves de elefantes y remates de frontales de elefantes, con las trompas exentas y a modo de pilar decorativo.
Enfrente hay unas torres en pie con tonos amarillos, que debían pertenecer a otro edificio distinto del complejo.
La última parada del día va a ser en el templo al que sube todo el mundo para la puesta de sol, pero como aún es pronto, paramos en otra pirámide, llamada Bantham Preak o similar. Esta, en vez de rojiza es ocre, pero como ya me he cansado de subir escaleras solo lo rodeo, y luego observamos como sube Angela. Hay que ir ahorrando fuerzas para la última subida, pues según Sovan se tarda unos veinticinco minutos en completarla.
La verdad es que, aunque posiblemente fuese el acceso principal al templo, solo quedan un par de escalones, y lo demás son rocas desperdigadas aquí y allá. Aunque es cierto que hay un camino mejor y mas suave en un lateral, pero solo lo utilizan los elefantes. Somos complicados.
Cuando ya estamos casi arriba, empieza a llover. Terminamos de subir, solo para descubrir que hemos llegado a una explanada previa al templo y empieza a llover mas fuerte, por lo que nos refugiamos debajo de un pozo de ofrendas cubierto en el que ya hay unas cuantas personas, y en el que todavía se nos unirán unas pocas personas mas.
Sigue arreciando y sigue habiendo personas que se aventuran a subir en medio de la lluvia torrencial.
En cuanto escampa un poquito comenzamos Angela y yo a bajar los peñascos, esquivando torrentes y agarrándonos a los árboles (momento en el que descubro que uno de ellos tiene espinas bastante considerables), y divisamos a las americanas dando media vuelta.
A nuestro alrededor sigue habiendo agua por todas partes y la tormenta se acerca cada vez mas. No me gusta el panorama, pero me alegro de estar a cubierto en los árboles y no en un toldillo en medio de la explanada bien destacado.
A medio camino encontramos a una familia al completo puesta a cubierto bajo los árboles, por lo que básicamente están completamente calados. Noto como el agua comienza a calarme a mí también desde el cuello y el frontal del impermeable.
Nos refugiamos en el coche y decidimos las cuatro volver al pueblo, pues la lluvia no tiene visos de parar antes del anochecer. Al llegar despedimos al conductor hasta mañana.
Todavía caen unas cuantas gotas de agua cuando salimos a cenar. Angela quiere ver el pueblo, pero todas las calles parecen iguales: hotel, restaurante y vuelta a empezar, con tiendas y cibercafés intercalados de vez en cuando.
En la cena probamos un plato típico de allí que consiste en arroz con coco y habas (alubias negras) envueltas en una hoja y cocinados hasta que el arroz forma una pasta indiferenciada. Se me hace seco y no consigo terminarlo.
Cuando estamos casi terminando de cenar, aparecen unas profesoras irlandesas que van a visitar Asia en los tres meses de vacaciones que tienen.
Me acribillan los insectos, por lo que me voy a la habitación. Los geckos acá son diferentes de los de Vietnam: mas oscuros y con la cabeza mas afilada.
Día 2
Etiquetas: Vietnam y Camboya
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