domingo, octubre 31, 2004

 

Tam Coc, Vietnam, 30 de junio de 2004

Otra vez toca madrugar para ir de excursión. Esta vez es a un sitio que se llama Tam Coc y que dicen se parece un poco a Halong.

Por el camino vemos muchas personas plantando arroz. En esta carretera parece que están un poco mas de acuerdo a la hora de plantar. También hay gente preparando el terreno, pero apenas se ven búfalos de agua. Supongo que ese es el motivo de que no todos guarden la paja y la quemen. Una pena.

El sitio al que vamos resulta ser una trampa para turistas. Los templos de la montaña impresionan por el sitio en el que están construidos y las vistas que tienen. El patio comunal está patas arriba con obras de reconstrucción. Dentro de uno de los edificios tienen unos futones, que son los primeros que vemos en Vietnam. Por lo que sabemos, la mayoría de la gente tiene la tienda en el frontal de la casa y duerme y cocina en la parte trasera, utilizando hamacas y lavando los cacharros en la calle.

Durante la comida, una irlandesa nos dio el nombre de un hotelito en Angkor Wat pegado a uno de 5*. Intentaremos pasar allí la noche y contratar a su guía.

Después de comer, como a las 12:30, nos subimos en la barquita, que recuerda a las del río Cam. La mayoría de estas barcas es llevada por mujeres, aunque se ven algunas parejas. Cían, ya sea con las manos o con los pies, y si van dos, la segunda persona utiliza la pértiga.

El desfiladero del río es impresionante, pero con la chicharrera que cae, se hace larguísimo. Yo llevo puesto el jersey de verano para protegerme del sol.

A mitad de viaje vemos la primera trampa. Las mujeres abren las cajas y sacan mantelerías, cuadritos y camisetas bordadas que tratan de venderte. La segunda trampa es la de los fotógrafos. Y al llegar al final del trayecto y justo antes de volver, los vendedores te acosan para que compres bebida y comida, por lo menos a las remeras. Aceptamos para que en pronto la vuelta y giramos en medio del atasco en la cueva del río.

A pesar de esto, al terminar todavía tienen el morro de pedirte una propina, y a esto no accedemos. Les decimos que la bebida era la propina.

Es una pena como se cargan la experiencia. Si alguien no pone coto a esto, la gente va a acabar por echarse atrás. Es lo mismo que ha sucedido en algunas partes de España.

Por el camino vemos una cosa rosa en algunas plantas, que parece un gusano, y le preguntamos a nuestro compañero vietnamita que qué es. Son huevos de algún bicho, pero su inglés, o sus conocimientos, no alcanzan a decirnos cual.

El otro encuentro fascinante, al menos para mí, fue con las libélulas. Ví al menos de tres clases, todas completamente diferentes:
  • Una grande, con manchas negras y amarillas. Parecía bastante gorda.
  • Una mediana roja y regordeta.
  • Una larga y delgadita, azul.

Esperamos un rato a que vuelva todo el mundo y emprendemos camino de regreso.

Otras cosas que vemos en los arrozales son unos pozos que parecen estructuras de tipis, con una cuerda y piedras en medio. También hay gente que está limpiando de algas y lentejas flotantes el terreno inundado, y para ello utilizan un cesto a modo de cedazo.

En Hanoi vuelven a dejarnos lejos del hotel y aprovechamos para acercarnos a ver la catedral. Está cerrada y además, por fuera, es una mole gris. Son mucho mas bonitas algunas de las iglesias que hemos visto en pueblos rurales.

Parece que lo único que no vamos a ver en Hanoi es el templo de la literatura y el museo de etnología.

Toca madrugar, pero están poniendo El señor de los anillos 1, así que me temo que mañana va a haber que echar una siestecita en el avión.

Día 1

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