sábado, octubre 02, 2004

 

Bahía de Halong, Vietnam, 29 de junio de 2004

Hoy, nada mas desayunar, cogemos el autobús que nos llevará al barco de vuelta a Haiphong.

Nos cambian de guía por tercera vez. Y mientras vamos a la sombra nos ofrece lichis (los redonditos sin pelos) porque quiere practicar su inglés con nosotras :). Resulta que está estudiando comercio en la universidad y trabaja como guía en verano porque se divierte y saca dinero para pagarse las clases.

A medio camino paramos para darnos un chapuzón en el mar. Por suertet, paramos un poco separados de los otros barcos y en donde el agua está bien limpia, para variar.

Nos tiramos al agua y la primera sensación es la de “¡qué caliente!” De hecho, demasiado caliente para que refresque mucho una vez sales del agua.

La segunda vez me tiro de cabeza y casi pierdo el bikini. Tendré que tomar precauciones en la piscina.

Angela tarda mas en entrar, y al oirme hablar con ella, el amigo de la bióloga me dice que hablo español muy bien ;) Resulta que son de Tejas y que su madre es mejicana. Me suena raro oirle con un perfecto acento español y siendo tan americano. En el barco seguimos hablando mientras nos secamos y cuando quiero darme cuenta me he quemado las piernas.

Hay otro inglés viajero que nos cuenta cosas de sus viajes, sobre todo el de China, en el que llevaba un libro escrito hará unos 20 años y con el que iba comparando lo que había visto el escritor con lo que él veía.

Comemos nada mas llegar a Haiphong y me harto de chopitos. En nuestra mesa hay una pareja de americanas, madre e hija, y la hija es profesora de inglés en Tailandia. Les preguntamos por hoteles en Angkor Wat, pero no nos son de mucha ayuda. Durante el regreso a Hanoi, la madre repasa el tailandés que sabe para poder decirles algo a los estudiantes de su hija. Parece ser que el tailandés también es tonal y que les parece mentira que haya lenguas que no lo sean.

Al llegar a Hanoi nos dejan a 5 minutos del lago y aprovechamos para visitar los templos de Hoan Kiem. No es que sea feo, pero comparados con los de Hue y Hoi An es bastante soso.

No tenemos el plano, así que tenemos que preguntar para llegar al teatro de las marionetas de agua, aunque no íbamos demasiado descaminadas. Decidimos asistir a la primera sesión, no vaya a ser que volvamos al hotel y nos apalanquemos.

El show es íntegramente en vietnamita, aunque da igual porque las marionetas son geniales y nos reímos un montón de todas formas. Hay varios números distintos que incluyen a un leopardito que se resbala de un árbol, unos unicornios que parecen dragones, unos fénix que parecen pavos reales y que tras el cortejo ponen un huevo y tienen un pollito, un cortejo principesco y las hadas, que aquí no hacen plof, plof como en Saigón, pero siguen haciéndome mucha gracia.

Al terminar, Angela compra unas pequeñitas para la familia y volvemos andando al hotel. Llego con dolor de cabeza, me duelen las piernas y no tengo hambre, así que Angela baja sola a cenar y a la vuelta me trae un helado.

Por cierto, durante la vuelta en barco se nos acercó una vendedora de marisco, y además de los cangrejos estilo nécora, tenía un cruce de langosta con gamba langostino, y de color salmón clarito.

Día 30

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