viernes, agosto 13, 2004

 

Hue, Vietnam, 24 de junio de 2004

Hemos hecho despertarse al pobre chófer a las 3:00 para recogernos.

El vuelo sale puntual. Todavía no hemos encontrado a nadie para compartir el viaje en bote.

Al salir del aeropuerto cogemos el autobús que nos dijo Olga y nos lleva directo al hotel, donde nos encontramos con un pequeño problema: la llave de la habitación no funciona. Cuando arreglamos todo salimos al Sinh Café para tomar el barco y sorprendentemente tenemos guía de habla inglesa. Gracias a él me entero de que el billete que encontramos el otro día en la calle es papel moneda y se utiliza en los funerales en vez del verdadero.

Cogemos la barca, en la que vive una familia de 8 miembros, y vamos río arriba hacia una de las pagodas budistas mas conocidas de Vietnam.

Ahí es dónde nos enteramos de algunas costumbres curiosas: la influencia china hace que haya tres puertas de acceso: la central para el cielo, la de la derecha para el presente y la de la izquierda para el futuro; la pagoda tenía los símbolos de longevidad, bienestar (loto) y el nirvana (una esvástica, ¡no confundir con la cruz gamada nazi!)

Después pasamos adentro, para ver el famoso coche con el que fue a inmolarse un sacerdote para que dejasen de despreciar al budismo. Según el guía, como estas tumbas son pobres, es casi seguro que los sacerdotes estén allí enterrados.

Luego continuamos río arriba y por el camino pararon los barqueros para comprar pescado. El guía llegó a un trato con ellos para que nos diesen de comer, incluido lo mío sin salsas (y me miraban incrédulos, como si fuese marciana :).

La segunda parada fue el templo de Hòn Chén, un templo pequeñito en el que descubrimos qué eran las misteriosas cajas parecidas a panales que había en la ciudad por todas partes: altares para los antepasados caídos en la guerra y sin restos enterrados. Luego subimos al templo propiamente dicho, en el que Thong, el guía, nos expicó el ritual: se encienden tres varillas de incienso, si se es mujer se hacen 9 reverencias (7 si se es hombre) y se sacude un bote con palos numerados hasta que cae uno. Éste entonces se lleva al guardián, que te da el papel con el futuro que te espera. Angela probó y por falta de práctica se le cayeron todos de golpe, con gran desesperación de la señora que esperaba su turno. Aquí fue donde he empezado a ver mujeres en ao đai sin ser uniformes de trabajo.

La siguiente parada fue a una tumba, para completar el trio de ejemplos arquitectónicos: el templo de Minh Mang.

Según se entra, hay un lago maravilloso lleno de lotos a punto de florecer. Las otras cuatro partes del templo son el patio, la tumba, el templo y el sepulcro. Y estaban todas por orden y entre las distintas partes había que subir y bajar escaleras y atravesar por puentes sobre el lago. Ahora sabemos que hay como 100 cadáveres y que no se sabe si alguno de ellos es el del emperador.

Otra de las cosas curiosas de las que nos enteramos fue de que el apellido va delante, luego el nombre medio y por último el nombre.

Y luego los anillos: el del dedo gordo es para la salud, el índice para la salud mental, el corazón para el dinero o trabajo, el anular el del desprendimiento de los sentimientos (es dónde lo llevan monjes y monjas) y el meñique el del progreso social o económico.

También nos contó que los vietnamitas, cada vez se casan más tarde y no antes de los 26 años. Y por lo que hemos cisto, cuidan muy bien de los niños y juegan con ellos.

Prosigamos con el paseo; en el camino de vuelta nos trajeron la comida, que consistía en un pescado lleno de espinas, arroz blanco (que no está tan pastoso como decían ni por asomo) yt vermicelli amarillos. Y tuvimos que comerlo con los palillos, así como los huevos fritos, con la única ayuda de una cuchara para partirlos.

La última parada la hicimos para visitar otra tumba, la de Tu Duc. Lo primero que nos chocó fue la falta de color, sobre todo comparándola con la anterior. Parece ser que al tener de nombre Khien, que significa humildad, quiso hacer honor a su nombre y decidió ue sus construcciones debían ser sobrias. Además, este emperador no tuvo hijos a pesar de todas sus concubinas, y los vietnamitas le recriminan haber dado motivo a los franceses para entrar en el país al haberse dedicado a perseguir y matar a misioneros y monjas católicos, y haberse convertido después en un gobernante de papel. Es por esto por lo que el lago en luna creciente de su tumba no tiene agua, porque aparte de dar vida significa el poder del país o algo similar.

Y cuando íbamos a volver, nos contó que no debíamos salir por el mismo sitio por el que habíamos entrado porque nos volveríamos locas y perderíamos el camino, y que eso es una creencia china.

Lo que yo creo que más le fastidió de esta parada fue que Angela y yo decidimos hacer los 2 Km del embacadero a la tumba a pie en las dos ocasiones.

Por la tarde salimos a tomar algo por ahí y a que Angela se hiciese las fotos para la visa. Después volvimos al hotel y nos acostamos pronto, aunque los vecinos chinos apenas nos dejaron dormir.


Día 25

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