lunes, julio 19, 2004
Ho Chi Minh City, Vietnam, 22 de junio de 2004
Hemos conseguido levantarnos con tiempo para desayunar y ponernos como el kiko. Y ha sido nuestro primer contacto con la fruta local: unas bolas que parecen madroños gordos y se llaman lichis las probamos por la noche en casa de Pablo; otra parecida, pero con pelos largos en el hotel, se llama ramabután; otra blanca con pintitas marrones, estilo straciatella, que estaba bastante buena y se llama fruta del dragón.
Y acabo de recordar que anoche, cuando salimos a que Angela llamase y viese Pham Ngu Lao, vimos una lagartijilla amarilla muy graciosa. La lagartijilla resultó ser un gecko.
Continuando con el martes, nos fuimos dando un paseo hacia el centro. Como no, la primera parada fue en el mercado Bentham para comprarnos unos gorros y poder protegernos del sol. La verdad es que los vendedores solo te agobiaban si te parabas a mirar. No hubo regateo.
Después continuamos hacia la ópera, un edificio moderno y restaurado. De ahí fuimos a la catedral de Notre Dame y la oficina de correos. Notre Dame estaba cerrada, pero la oficina de correos no. Se nos pegó un conductor de ciclotaxi y tardamos bastante en darle esquinazo. La oficina de correos estaba presidida por un retrato gigantesco de Ho Chi Minh.
Continuamos paseando, supuestamente en dirección al museo de historia. Nos desorientamos y decidimos acercarnos a una pagoda dibujada en el mapa, que resultó ser ¡una iglesia! En el camino fue gracioso porque una familia de tres en ciclomotor se nos quedó mirando fijamente en un stop. Luego paramos a comprar algo de fruto (nos timaron) y agua mineral.
En el museo de historia fue todavía mas gracioso, porque se acercaron a Angela un grupo de vietnamitas a tocarle las trencitas. Creo que para muchos acá es la primera vez que ven a un negro.
También vimos un trozo de la representación de las marionetas de agua. El que las dirigía está dentro de la piscina, cubierto por un impermeable, así que debe acabar cocido en su salsa con todas las de la ley.
Nos asomamos también al zoo, pero ya no quisimos pagar. Mas tarde Olga nos dijo que hicimos bien porque los animales dan pena.
Al volver hacia el hotel paramos en otro centro comercial, atiborrado de motos pero con poca gente a la vista y Angela compró mas ropita de bebé. Lo que me trae a la cabeza que entre las cosas que miramos para los primos de Angela estaban unos escorpiones y serpientes metidas en tarros, que además no creo que sea legal sacar del país.
Luego, fuimos al palacio de la reunificación. Para los estándares occidentales es un poco austero, y creo que para los orientales también. La sala de presentación de credenciales, sin embargo, es preciosa. La decoración es un poco estilo años 60-70 :)
A medio camino de la sala de baile de la terraza descubro que he perdido el abanico que pintó Tomeu y que tanto éxito tuvo en el mercado: pensaron que era un souvenir.
Como a las 5:00 pm paramos a cenar y llamamos a Pablo y Olga para saber si ya habían llegado. Comienza el malentendido.
Vamos al hotel, recogemos el equipaje y tomamos un taxi. El taxista me empieza a escamar y al final nos bajamos porque parece que se ha perdido y no quiere reconocerlo. Tenemos que tomar un segundo taxi, y mientras Olga no hace mas que enciar un mensaje tras otro para saber porque no hemos llegado. Una señora de una tienda se ofrece a llevarme en su moto. La gente aquí es superamable.
En casa de Pablo nos enseñamos mutuamente las fotos y volvemos a cenar.
Empezamos a planificar el resto del viaje por Vietnam con ayuda de Olga.
Día 23
Y acabo de recordar que anoche, cuando salimos a que Angela llamase y viese Pham Ngu Lao, vimos una lagartijilla amarilla muy graciosa. La lagartijilla resultó ser un gecko.
Continuando con el martes, nos fuimos dando un paseo hacia el centro. Como no, la primera parada fue en el mercado Bentham para comprarnos unos gorros y poder protegernos del sol. La verdad es que los vendedores solo te agobiaban si te parabas a mirar. No hubo regateo.
Después continuamos hacia la ópera, un edificio moderno y restaurado. De ahí fuimos a la catedral de Notre Dame y la oficina de correos. Notre Dame estaba cerrada, pero la oficina de correos no. Se nos pegó un conductor de ciclotaxi y tardamos bastante en darle esquinazo. La oficina de correos estaba presidida por un retrato gigantesco de Ho Chi Minh.
Continuamos paseando, supuestamente en dirección al museo de historia. Nos desorientamos y decidimos acercarnos a una pagoda dibujada en el mapa, que resultó ser ¡una iglesia! En el camino fue gracioso porque una familia de tres en ciclomotor se nos quedó mirando fijamente en un stop. Luego paramos a comprar algo de fruto (nos timaron) y agua mineral.
En el museo de historia fue todavía mas gracioso, porque se acercaron a Angela un grupo de vietnamitas a tocarle las trencitas. Creo que para muchos acá es la primera vez que ven a un negro.
También vimos un trozo de la representación de las marionetas de agua. El que las dirigía está dentro de la piscina, cubierto por un impermeable, así que debe acabar cocido en su salsa con todas las de la ley.
Nos asomamos también al zoo, pero ya no quisimos pagar. Mas tarde Olga nos dijo que hicimos bien porque los animales dan pena.
Al volver hacia el hotel paramos en otro centro comercial, atiborrado de motos pero con poca gente a la vista y Angela compró mas ropita de bebé. Lo que me trae a la cabeza que entre las cosas que miramos para los primos de Angela estaban unos escorpiones y serpientes metidas en tarros, que además no creo que sea legal sacar del país.
Luego, fuimos al palacio de la reunificación. Para los estándares occidentales es un poco austero, y creo que para los orientales también. La sala de presentación de credenciales, sin embargo, es preciosa. La decoración es un poco estilo años 60-70 :)
A medio camino de la sala de baile de la terraza descubro que he perdido el abanico que pintó Tomeu y que tanto éxito tuvo en el mercado: pensaron que era un souvenir.
Como a las 5:00 pm paramos a cenar y llamamos a Pablo y Olga para saber si ya habían llegado. Comienza el malentendido.
Vamos al hotel, recogemos el equipaje y tomamos un taxi. El taxista me empieza a escamar y al final nos bajamos porque parece que se ha perdido y no quiere reconocerlo. Tenemos que tomar un segundo taxi, y mientras Olga no hace mas que enciar un mensaje tras otro para saber porque no hemos llegado. Una señora de una tienda se ofrece a llevarme en su moto. La gente aquí es superamable.
En casa de Pablo nos enseñamos mutuamente las fotos y volvemos a cenar.
Empezamos a planificar el resto del viaje por Vietnam con ayuda de Olga.
Día 23
Etiquetas: Vietnam y Camboya
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